Nosotros
José Joaquín Rodríguez Lara
En general se considera que las mujeres son más habladoras que los hombres. Disfrutan hablando entre ellas. El hecho de haber pasado muchos siglos, si no retenidas, al menos sí confinadas en el interior de las viviendas, en el serrallo, en la cocina, en los costureros..., les ha hecho encontrar en la conversación una espita para salir de su aislamiento. Ya no están aisladas, pero practican la conversación con ahínco, como si fuera un deporte. Hasta en la calle. Es más usual ver grupos femeninos hablando durante horas, incluso en pie, que de hombres. Hacen bien. Se lo merecen. Se lo han ganado a pulso.
Debido a que la voz de la mujer fue recluida durante mucho tiempo, alejada de las practicas sociales del hombre, ha hecho que el lenguaje, el diccionario, formalmente sea muy poco, casi nada, inclusivo y que baste cambiar la terminación de algunas palabras -o por a- para convertir un elogio hacia el varón en un insulto a la mujer. Verbigracia: hombre público y mujer pública.
La Real Academia se esfuerza en solucionar el problema, pero más parsimoniosa, lenta al fin, que la Academia de España únicamente hay una institución en el mundo: el Vaticano. Así que las cosas de palacio van despacio y las del casoplón de Podemos, demasiado rápidas. Buscar el atajo de la e -niñes- o de la arroba -ciudadan@s- me parece ridículo y tan condenado al fracaso como cuando el general Franco, que no era de Podemos, pero podía mucho más que todo el podemismo actual junto, ordenó que al coñac se le llamase jeriñac. Se murió sin conseguirlo.
Tengo la impresión de que quienes pretenden redactar un diccionario completamente inclusivo tienen mucho menos interés en aprender que en conseguir que les aprueben sus ocurrencias. La Academia afirma que al decir niños nos referimos también a las niñas. Yo creo que no. Pero en modo alguno abogo por el uso de niñes, de niñ@s ni demás ridículas invenciones. En el diccionario de toda la vida hay expresiones como chiquillería, criaturas, población infantil y otras que incluyen a las niñas y a los niños sin ridiculizar ni a unas ni a otros. Y lo mismo pasa con ciudadanos y ciudadanas. El diccionario nos ofrece soluciones muy sencillas: ciudadanía, población... Me asombra y me irrita que teniendo la solución en la mano se ahonde en el problema.