domingo, 8 de febrero de 2026

 Pérdidas irremplazables


José Joaquín Rodríguez Lara

https://elpostigodelara.blogspot.com/


Se ha venido abajo una tapia en el huerto. Una viejísima tapia de tierra apisonada a golpes. Cuando yo era niño ayude a hacer tapias. En la casa de un vecino al que apodaban el Chifle. En mi pueblo. Barcarrota. Así que sé muy bien como se hacen. Es muy sencillo, aunque bastante pesado. Se humedece la tierra y se va colocando en unos moldes de madera. Cada capa de tierra se apisona con fuerza, con un pisón especial, de madera, para que la tierra forme un cuerpo sólido.

    Las tapias se construyen a trechos. Con trozos de tapial que se levantan adosados unos a otros. Así forman un muro muy resistente. El peor enemigo de la tapia es el agua. La humedad. Si la tapia se moja en exceso, la tierra apisonada pierde cohesión y la tapia se viene al suelo por su propio peso. Esto es lo que ha ocurrido en el huerto. Yo podría reconstruirla. Levantarla y dejarla igual que la construyeron hace un par de siglos. Incluso emplearía la misma tierra, amontonada ahora en el suelo, justo a los pies de donde se mantuvo, altiva y airosa, durante tantos años. 

    Podría, pero no puedo. Me faltan los tableros del molde. Y los travesaños que los atraviesan y los conectan manteniéndolos separados. En paralelo. Ni siquiera tengo el pisón. Tendremos que encargar la construcción de un muro de otro tipo. Con materiales modernos. Aunque procuraré que parezca lo más rústico posible.

    La tapia del huerto no ha sido la única víctima de las borrascas. El vendaval ha descuajado las dos mejores encinas de Los Cañuelos. Las he visto desde la carretera. Arrancadas por la pata. Tendidas sobre la hierba como dos soldados caídos en el campo de batalla. Ignoro si habrá más víctimas. Todavía no he podido subir al cerro para hacer recuento.

    Además, los arroyos se han desbocado y se han llevado por delante los caminos. No se puede transitar por ellos. Dicen que no se han registrado daños personales. En el cuerpo seguramente no. En el ánimo sí. Cualquier encina es para mí un ser querido. Y su muerte, una pérdida irreparable. Estar convencido de que, con los años, otra encina la reemplazará no me consuela. Porque también sé que cuando esa nueva encina comience a dar frutos, yo ya no estaré allí para verla.

lunes, 2 de febrero de 2026

Enemigo al que no se ve venir

José Joaquín Rodríguez Lara

Cuando la dehesa arde, las raíces permanecen y las encinas, lo mismo que los alcornoques, vuelven a brotar.
    Cuando el huracán arrasa, los árboles, muchos de ellos con centenares de años, se quedan volcados, con las raíces al aire, sin tierra para seguir viviendo.
    El incendio es malo para la dehesa, pero el vendaval es tanto o más dañino.
    Y no caben cortafuegos ni previsoras brigadas de salvamento.
    A las llamas se las ve venir. El viento solamente se siente cuando pasa sobre ti.

viernes, 30 de enero de 2026

 NO LO DUDE


José Joaquín Rodríguez Lara
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Llueve a mares
pero el verano
muge, escarba
y calienta ya
en los corrales.


miércoles, 28 de enero de 2026

 Memoria de ti


José Joaquín Rodríguez Lara

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Escucho en la radio que piden testimonios de la audiencia sobre lo más extraño, lo más sorprendente, lo más inquietante, lo más... que quienes escuchan la petición se han encontrado en los bolsillos. En sus bolsillos. La propuesta es una estrategia, como tantas otras, para hacer que quienes escuchan el programa se sientan partícipes de su contenido. Pero el asunto me atrae. No por el programa. Sí por los bolsillos.

    Me atrae tanto la propuesta que, aunque no llamé a la emisora, porque no tenía el teléfono y, además, estaba conduciendo por la carretera mientras arreciaba la borrasca, decidí dedicarle una entrada por escrito en este blog. Esta entrada.

    ¿Qué es lo más que he encontrado yo en mis bolsillos? ¿Un pitillo? He fumado tan poco, ni siquiera una cajetilla completa, que no creo. ¿Una moneda? No recuerdo haber encontrado jamás dinero en mis bolsillos? Haberlo encontrado significaría que le había perdido la pista, y no es el caso. En mis bolsillos puedo haber encontrado la cuerda de un repión, un agujero directamente comunicado con la entrepierna, el capuchón de un bolígrafo, un bolígrafo sin capuchón, un par de bolindres, incluso una canica cristaleja...

    Poca cosa como puede verse. Nada extraño ni inquietante ni sorprendente. Me hubiese gustado encontrar tu aroma en mis bolsillos. Meter la mano y sacar un puñado de ti. De tu olor. Sin fragancias ni perfumes ajenos. O encontrar en el fondo de mi faldriquera una carta. Una carta con tu dirección y mi remite. Ambos textos escritos a mano. Con inquietud. Como la propia misiva. Una carta ya cerrada y con el sello pegado en su rostro de carta lista para enviar. Una carta llena de palabras que solamente te pudiera decir en una carta escrita y franqueada para no depositarse jamás en los brazos de Correos. Para que  quedase en mis manos. En mi bolsillo. Para que no llegase nunca nunca nunca a las tuyas. A la luz de tus ojos. Una carta destinada a tenerte siempre conmigo. Tú, tal como eres, escrita es un pulcro papel de carta. Con renglones pautados. Dentro de un sobre blanquísimo.

    Los bolsillos son la memoria de las prendas con las que no vestimos. En la penumbra de los bolsillos se nos almacenan los recuerdos. Esos que van siempre con nosotros, como una sombra de lo que alguna vez fuimos. Me hubiese gustado tanto encontrar memoria de ti en mis bolsillos que no dejo de buscarte. 

jueves, 22 de enero de 2026


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- No se puede triunfar sin tener adversarios.

- Y no se consigue grandeza
si los adversarios son pequeños.


viernes, 2 de enero de 2026

EL CABALLO DEL ALBA

José Joaquín Rodríguez Lara
https://elpostigodelara.blogspot.com/

¿Y si la nieve me engaña
que no es nieve, que son flores,
que es un sudario de escarcha,
los cabellos de una abuela
que volvió para ser lana
y cobijar con sus dedos
el techo de las cabañas,
de los campos desprovistos
de capotes y de mantas?
Por los senderos del viento
galopa una yegua blanca
y el jinete que la embrida
es el camino del alba.
Madrugada de los versos
prendidos de mi ventana.
Carámbanos de cuchillos,
gemas de la alborada.

domingo, 21 de diciembre de 2025

 Manifiesto regionalista extremeño

José Joaquín Rodríguez Lara

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Una vez más el extremeñismo ha sido el gran derrotado en las elecciones autonómicas extremeñas. El extremeñismo político. El que se presenta a las elecciones. No ha obtenido ni un solo escaño y ha conseguido poquísimos votos.

    Es lógico. Se veía venir. Los votos no se ganan durante las campañas electorales. Se consiguen entre el final de una campaña electoral y el comienzo de la siguiente.

    Extremadura es profundamente regionalista. Desde luego, mucho más extremeñista que españolista. Aunque no presuma de serlo. Si no vota a los partidos regionalista es porque no los conoce, o no los entiende, o porque no se identifica con ellos. Este es uno de los problemas: el regionalismo extremeño ha sido siempre un batiburrillo. No es un partido. Son muchos. Tienen muchas más siglas, más líderes y más personalismos que ideologías. Si es que tienen alguna. Porque en Extremadura el regionalismo es y ha sido siempre mucho más emoción que acción. Más sentimiento que movimiento.

    Para que el extremeñismo político alcance cuotas de poder en Extremadura es necesario que el regionalismo se decante, que se depure, que sea una sola voz. No coyuntural y producto de un coalición electoral. Una sola voz liberada de escorias y lista para actuar.

    Y esa voz no debe brotar, como de la nada, simplemente porque hay elecciones. Es más, las elecciones no deberían ser el objetivo. Tan solo se trata de un paso más en una caminata por la historia. El objetivo debe ser la gente. El bienestar y el progreso de la gente.

    El regionalismo político extremeño debe plantearse qué es lo que actualmente le interesa al conjunto de Extremadura. Afortunadamente, está muy claro. No es una lengua general diferente, propia y exclusiva, ni la independencia,  ni tampoco el reconocimiento de instituciones singulares. Se trata del progreso socioeconómico de la región. Un progreso que se basa en la creación de riqueza. En que los jóvenes no tengan que emigrar para ganarse la vida. 

    Si para ello es necesario mantener una central nuclear como la de Almaraz, hay que luchar para mantenerla. Aunque hace 50 años, la lucha para cerrarla constituyera una herramienta poderosa para unir a la población extremeña. Y hay que mejorar las comunicaciones, por carretera, por ferrocarril, por avión... La construcción, sin retrasos, de una autovía entre Badajoz y Cáceres debe ser un objetivo primordial. La creación del corredor ferroviario de alta o, al menos, moderada velocidad, entre Lisboa y Madrid pasando por Extremadura, es una necesidad urgente. La puesta en marcha de servicios ferroviarios de cercanías entre las principales localidades extremeñas, es algo irrenunciable. Contar con instituciones educativas que miren tanto a la tierra propia como al espacio exterior es primordial. Y si para conseguirlo hay que ceder en otras reivindicaciones o apoyar proyectos ajenos o demandar ayuda en el fin del mundo, habrá que hacerlo.

    El extremeñismo político debe asumir su situación. No es nada. Parte de cero. No debe perderse en discrepancias ni en luchas ideológicas. El extremeñismo no es de izquierda ni de derechas; de Cáceres ni de Badajoz; ni es cristiano ni tampoco ateo o musulmán. La inclusión de Guadalupe, el corazón cristiano de esta tierra, en las diócesis extremeñas es una meta irrenunciable, porque facilitaría la cohesión regional, pero no es un objetivo marcado por la urgencia. A la lentitud vaticana se la debe convencer con la constancia. 

    El regionalismo debe estar por encima de las rivalidades. Es necesario soslayar cualquier obstáculo interno o externo que impida avanzar. Todo lo que sea bueno para el progreso de la población extremeña y que no hipoteque inevitablemente, o dañe de forma irreversible, el futuro de Extremadura, es válido para el extremeñismo si lo fortalece.

    El regionalismo político no debe dilapidar sus todavía muy escasas fuerzas luchando contra los partidos y las organizaciones políticas no regionalistas que cuenten con el apoyo de la población extremeña. En primer lugar porque esa población tiene derecho a apoyar a quien considere más oportuno. En segundo término, porque si apoya a fuerzas que no son extremeñistas se debe a que las que sí lo son no saben convencerla de que le irá mejor si apoya al regionalismo. Y en tercer lugar, porque el extremeñismo no es independentista, es español y le interesa que a España le vaya bien para que también le vaya bien a Extremadura. Lo que no puede consentir el extremeñismo político ni quienes se sientan extremeñistas es que el bienestar y el avance de España se base en maltratar y perjudicar a Extremadura. Esa debe ser la línea roja. Quien la cruce debe saber que le haremos frente con todas nuestras armas.

    Contra cualquier cosa que divida a la región, que la lastre, que la empobrezca, que la deteriore, que la reduzca a ser un granero de energía, de materias primas, de manso asentimiento o de mano de obra es contra lo que debe luchar el extremeñismo político.

    Y para nada vale intentarlo hacer durante una campaña electoral. Es necesario hacerlo todos los días. Con todos los temas. Sin estridencias pero sin descanso. El extremeñismo político no debe ser un chaparrón que cesa con tanta rapidez como se puso en marcha. Y que ahora descarga aquí y más tarde lo hace allá. El regionalismo tiene que ser una niebla que lo llene todo, que todo lo empape y que no sea parte del paisaje, sino el paisaje mismo.

    Solo así, algún día, Extremadura tendrá voz y voto en España. Y hasta me atrevo a decir que en Europa.