lunes, 10 de diciembre de 2018


La Constitución, contra el Gobierno de Pedro Sánchez


José Joaquín Rodríguez Lara


Cuando se habla de reformar la Constitución Española de 1978 casi nadie se refiere a la conveniencia de introducir cambios en el sistema electoral y, más concretamente, en la circunscripción electoral.


“La circunscripción electoral es la provincia”, establece el artículo 68.2 de la Carta Magna refiriéndose a las elecciones generales. Y de ese artículo provienen buena parte de los males que afectan a España.


Si en vez de la provincia, la circunscripción electoral fuese el país entero, como ocurre en las elecciones para el Parlamento Europeo, resultaría muy difícil, por no decir imposible, que los partidos minoritarios regionalistas (Coalición Canaria), nacionalistas comedidos (PNV) e independentistas radicales (catalanes varios) pudiesen chantajear a quienes se obstinan en gobernar sin haber obtenido la mayoría absoluta, como es el caso de Pedro Sánchez.


Con circunscripción única, para conseguir diputados, esos partidos regionalistas, nacionalistas e independentistas estarían obligados a reunir tal número de votos en el conjunto de España que difícilmente lograrían, por sí mismos, sin coaligarse con otras fuerzas políticas, tener representación en el Congreso de los Diputados, que es donde se reparte el bacalao político en este país. Y desde luego, en modo alguno conseguirían tener tantos escaños como los que ocupan desde las primeras elecciones generales.


La circunscripción electoral única obligaría a los partidos socialmente ‘periféricos’ a interesarse por las aspiraciones del conjunto de España, no sólo por las de su autonomía; pero sobre todo, evitaría tener que comprarles y a precios desorbitados, una legislatura tras otra, el derecho a gobernar, a aprobar los presupuestos y a sacar adelante cualquier otra iniciativa parlamentaria que, incluso estando de acuerdo con ella o interesándoles, les parezca susceptible de ser ordeñada hasta dejar completamente seca la ubre del Estado.


Puede parecer que con una circunscripción única, no habría quien defendiese en el Congreso los intereses del electorado de cada provincia. Pero, ¿acaso los defienden ahora los diputados provincianos? Sus señorías piden el voto a cada elector de su circunscripción y, una vez que salen elegidas, si te he visto no me acuerdo. Con el sistema electoral actual, cada provincia elige a sus representantes pero ninguna o muy pocas llegan a estar verdaderamente representadas. Como no hay circunscripción unipersonal y no se elige a una sola persona en cada circunscripción, los parlamentarios actúan a las órdenes del partido que les puso en la papeleta y le dan la espalda a los votantes que, poniendo la papeleta en la urna,  pusieron a su señorías en los escaños, así que, con una circunscripción única, las provincias no perderían nada en casa y podrían dejar de perder mucho en Madrid.


En estos días se está viendo un ejemplo más del enorme daño que le causa la circunscripción electoral provincial al conjunto del país. Entre las últimas atrocidades que se le achacan a Pedro Sánchez, increíble presidente del Gobierno, está su disposición a reconocer a Cataluña como nación, siempre que los diputados independentistas catalanes, que con ese y otros fines inconfesables le llevaron en andas a La Moncloa, le faciliten ahora la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado.


Es este un negocio, un trueque entre trileros, de difícil cumplimiento. Y Pedro Sánchez lo sabe. Así que no se explica muy bien cómo pretende el político que nos preside, y que sigue aspirando a poder gobernarnos, soslayar las dificultades constitucionales existentes para convertir a Cataluña en nación y salirse con la suya aprobando unos Presupuestos que le darían oxígeno para llegar hasta el final del túnel de la legislatura.


A no ser que Pedro Sánchez haya aprendido tanto, pero tanto tanto tanto, durante la jugarreta que parecen habernos hecho -a él y a todos los españoles- en la trama/trampa Brexit/Gibraltar que se haya convencido de que una cosa es la que se dice y hasta la que se firma, y otra muy distinta la que se hace.


Y si hay que hacer nación a Cataluña, pues se la hace y aquí Presupuestos y después gloria. O elecciones, si no hay más remedio.



(Octogésimo cuarto artículo publicado en extremadura7dias.com,
el 10 de diciembre del año 2018.)

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