sábado, 14 de mayo de 2011


Virgen emigrante

José Joaquín Rodríguez Lara


NO hubo jamás entidad ni sociedad ni corporación ni institución ni tampoco religión que iguale al cristianismo, a la Iglesia Católica, en capacidad de adaptación al terreno. Es esta una prudente y portentosa virtud eclesial cuyo origen se remonta a los primeros cristianos. Quizás la aprendieron del Imperio Romano, que extendió sus legiones y su lengua por casi todo el mundo conocido y tomó de cada lugar lo que le interesaba, ya fuesen dioses, metales, frutos o esclavos. O tal vez la adoptaron para sobrevivir a las persecuciones. Lo cierto es que, en sus 2.000 años de historia, el cristianismo siempre ha sabido adaptarse al medio, favoreciendo con ello su pervivencia.

Ya la palabra Dios es un término ajeno, pues es el genitivo de Zeus, el dios del sol, de la luz, que llega al cristianismo a través del latín Deus. La cruz, símbolo cristiano por excelencia, es un elemento de tortura y de ejecución usado por los romanos. La forma rectangular de las primeras iglesias tiene su origen en las basílicas romanas, que no eran templos, sino edificios civiles en los que coexistían el ejercicio de la justicia y el del mercadeo. Más o menos como ocurre a veces en algunos mercados de España.

En su exitoso proceso de expansión, la Iglesia cristianizó todas aquellas fechas (solsticio de invierno-24/25 de diciembre: Navidad; solsticio de verano-24 de junio: San Juan), lugares (cuevas, montes, monumentos megalíticos) y hasta deidades (dioses protectores de las poblaciones, lares viales, rebautizados como 'san Julián') que recibían culto de los paganos, de los aldeanos.

La capacidad de adaptación no ha disminuido con los siglos, pero hay enclaves y circunstancias en las que no siempre se aplica. Así, el monasterio de Guadalupe y los demás templos de 31 pueblos extremeños aún dependen de la archidiócesis de Toledo, contraviniendo postulados conciliares, acuerdos interestatales, razones y hasta súplicas. Por algún motivo de extraordinario peso, la Iglesia no adapta la delimitación de sus diócesis a la realidad social, política, administrativa y emocional de Extremadura y la casa de la patrona de los extremeños sigue dependiendo de Toledo, lo mismo que las iglesias de esas 31 localidades. Nada importa que de un pueblo extremeño -Belvís de Monroy-, salieran 'los doce apóstoles' que tanto protagonismo tuvieron en la evangelización de América; o que, entre otras muchas santas y santos, de esta tierra fuesen la mártir Santa Eulalia y San Pedro de Alcántara; para nada sirve que el mayor sabio extremeño, Benito Arias Montano, de Fregenal de la Sierra, dirigiera la edición de la Biblia Políglota, ni que otros dos religiosos extremeños, Casiodoro de Reina, de Montemolín, y Cipriano de Valera, de Fregenal de la Sierra, hicieran y revisaran la primera Biblia en castellano, con tal acierto que aún la utilizan protestantes de todo el mundo. Ninguna importancia tiene que, durante siglos y hasta hace bien poco, la Virgen de Guadalupe haya sido el único referente verdaderamente regional para la mayoría de los extremeños. O nada de esto tiene valor para la jerarquía católica, desde Toledo hasta Roma, o es que alguna vez, como región, como pueblo o como personas individuales, cometimos una falta tan grave, un pecado tan imperdonable, que las muchas penitencias que la historia nos ha impuesto -subdesarrollo, marginación, incomunicación, emigración, etc.-, aún no bastan para hacernos merecedores de llamar 'nuestro' al santuario de 'nuestra' patrona.

Adaptar los límites diocesanos al sentir de la feligresía extremeña no debilitaría a la Iglesia ni costaría nada. No habría que construir templos, ni comprar imágenes, ni abrir seminarios. Sería puro papeleo. Pero es un trámite que no está al alcance de quienes tanto lo anhelan. Hay que tener paciencia. Y mientras llega el milagro, quien tenga voz, que hable, quien tenga fe, que rece y quien pueda peregrinar, que vaya hoy, 14 de mayo del año 2011, hasta el monasterio, para dejar constancia de que Extremadura no quiere que la Virgen de Guadalupe siga siendo una emigrante en su propia tierra.


sábado, 7 de mayo de 2011


Quéjese a la UEFA

José Joaquín Rodríguez Lara


LA que ha montado el CIS, el Centro de Intoxicaciones Psicológicas, con su encuesta. ¿A quién se le ocurre abrir la campaña electoral asegurando que «cautivo y desarmado» el rodillo socialista, la tropa de Rajoy gana hasta en Extremadura; Zapatero está acabado?

¡Qué poca consideración, qué falta de misericordia, qué salvajada! Cosas así no se le desean ni a tu peor enemigo. Llevan los pobres peperos tres días bañándose en tila y ni por esas les bajan las palpitaciones. A más de uno habrá que ponerle un camión cisterna lleno de tranquimazín, o de lo que sea, para que pueda ir de pueblo en pueblo sin que se le agote el gotero en mitad de un mitin. «¡Qué ganamos, qué ganamos, que el PP gana en Extremadura!». Nada, no hay forma de sujetarlos. Están que se salen del pellejo, más anchos que gato en matanza.

¿Pero qué ha pasado en esta bendita tierra desde que se retiró Ibarra? Y, sobre todo, ¿dónde está Alfonso Guerra? ¿No depende el Centro de Intoxicaciones Psicológicas ese directamente de la Presidencia del Gobierno? ¿No lo controlaba Zapatero? ¿Por qué se permite, entonces, que 'cocine' las encuestas Sonsoles, su mujer, si todos sabemos que está a disgusto en La Moncloa? ¡Qué falta de reflejos, Pepelui! En política no se puede tener tanto talante. Este hombre, desde que dijo que se iba, es que parece que está 'talmente' ido.

«'Aquí, mis siete cachorros, / aquí, mi perra trujillana, / aquí mi perro el de los fierros', / aquí, mi Blanco y mi Rubalcaba, / si desmentís esa encuesta / 'tendréis la cena doblada' / y si no la desmentís, / ni me iré ni habrá primarias».

Eso, encima, pregonándolo, que así está el país desde que, «por lo alto de los cerros», asomó el jopo la encuesta «parda». Es un sinvivir España, un sinvivir. Los unos porque pierden y los otros, porque ganan.
Y mire usted que simplemente se trata de una encuesta, que viene a ser como una previsión meteorológica y nada menos que para el 22 de mayo, que será un día de primavera como otro cualquiera: «Tiene pinta de llover y lo probable es que no llueva. Dependerá mucho del tiempo que haga ese día. O tres días antes». No hay más.

Pero mucho peor es lo del PP, que no solo se considera ya vencedor en las urnas, sino que hasta se ve triunfante en la investidura presidencial. Y eso no va a ser así, José Antonio Monago Primero de Extremadura. Hasta ahí podíamos llegar. Una cosa es ganar las elecciones y otra muy distinta gobernar. La Presidencia de la Junta, para quien la trabaja. Esto no es como los Estados Unidos, donde basta con ganar las elecciones presidenciales para ser presidente de América. Aquí no, aquí tenemos a Izquierda Unida, que es un partido residual -bueno-, casi inexistente -a lo mejor-, pero que ahí está, quitando y dando presidencias y alcaldías con una alegría que corta el hipo.

Y todo legal. Aquí no necesitamos verdadera separación de poderes. Eso en USA. ¿Le parece injusto que un partido minoritario actúe como árbitro y dé y quite victorias? Pues quéjese usted a la UEFA, como ha hecho el presidente del Real Madrid después de haber sido embestido por los árbitros, primero, y por el Barcelona, después.

sábado, 26 de marzo de 2011


Ancho y estrecho

José Joaquín Rodríguez Lara


ESPAÑA no es un estado de derecho. Es mucho más. España es el paraíso de las leyes. Tenemos muchas y muy buenas y en muy buen estado. Casi flamantes. Muchas aún conservan la placenta, el envoltorio original con el que salieron del BOE. Están sin estrenar.

Hace años, cuando parir era un hecho biológico y no un acto quirúrgico programado, como ahora, la madre, sin reponerse aún de los dolores, se apresuraba a preguntar si la criatura que acababa de traer al mundo estaba completita, si tenía todos los artículos en su sitio. Por aquel entonces, alumbrar un fenómeno era una desgracia, casi una vergüenza. Ya no. Ahora los fenómenos juegan al fútbol en el Barcelona o en el Real Madrid y se echan novias de pasarela.

Ya ve usted, todo cambia y todo sigue igual, pues a las leyes de ahora -como le ocurrió al Gila recién nacido-, les pasa lo mismo que a las madres aquellas. Tan pronto como termina el parto van y preguntan:

- ¿Para qué país me han parido?
- Para Arabia Saudita, señora Ley.
- Vaya por Dios; digo, por Alá. Lejos.
- Si quiere, podemos asignarle una plaza de ley federal en Estados Unidos.
- No, no, no se moleste señor comadrón, que ser ley en USA cansa mucho. Hasta trabajan en la televisión. 

Y digo yo, ¿no habría en España un empleíto -fijo, a ser posible-, para una ley de consenso como soy yo?

- Ni fijo, ni eventual. En España ya no me queda nada. España está llena de leyes.

Y es normal que lo esté, con el Senado, el Congreso, los 17 parlamentos regionales y los más de 8.000 ayuntamientos -esos monstruos policéfalos que son a la vez y en la misma pieza gobierno, oposición, cámara de bandos múltiples, oficina de colocación, agencia urbanística, órgano promotor de saraos, ponedor de multas y otros etcéteras-, España tiene leyes para dar y para exportar. Que se cumplan es otra cosa. A nuestros políticos lo que les gusta es hacerlas, pues muchos son abogados sin más oficio ni beneficio. Les gusta tanto que no solo las hacen, sino que también las deshacen, con el pretexto de alicatarlas hasta el techo.

El parlamento regional extremeño le abrió el jueves una puerta de emergencia a la Ley del Suelo y Ordenación Territorial de Extremadura (la Lesotex, que le dicen), para que se pueda construir en los terrenos que más le gusten a cada promotor, aunque estén protegidos por sus valores medioambientales. Los norteamericanos, que pecan de inocentones, le llamarían a esta reforma 'La Enmienda de la Urbanización de Lujo Marina Isla de Valdecañas', contra cuya existencia ha fallado el Tribunal Superior de Justicia de Extremadura, pero aquí no vamos a caer en esos infantilismos y demagogias; aquí la llamaremos 'Enmienda para el Desarrollo Sostenible de los Paraísos Medioambientales y de los Pueblos con Alcalde de mi Partido'. ¿A que suena mucho mejor?

El alicatado de la Lesotex se aprobó por unanimidad de los asentados. El diputado Tomás Martín Tamayo, del PP, se levantó antes de votar y se fue. Tamayo es un diputado en vías de extinción, pues tiene conciencia y la respeta. Rara avis. La mayoría de sus colegas o no tienen o la maltratan. No asistió al pleno el diputado-alcalde-colombicultor-de-Badajoz, así que tampoco votó, pero ahí está su 'cubo', en la alcazaba pacense, proclamando que la leyes están para reírse. Y las sentencias, también.

¿Para qué necesitarán tantas leyes, si siempre recurren a la misma? A la del embudo.

sábado, 5 de marzo de 2011

La vaca ya está vista

José Joaquín Rodríguez Lara

SE dice que, a veces, los árboles no dejan ver el bosque. Y es verdad. Un ejemplo claro lo tenemos estos días en las reacciones suscitadas por la reducción a 110 kilómetros por hora de la velocidad máxima permitida en las autovías y en las autopistas.

La polémica por la medida es tan fuerte que desvía la atención de otros aspectos más importantes que la propia reducción. Quizás por eso, hasta el mismo ministro del Interior, portavoz del Ejecutivo y vicepresidente primero del Gobierno, se mete en el charco del debate sobre si a más velocidad se tiene menos sueño, y a menos velocidad habrá más multas. ZP descubre la piedra filosofal, nombrando portavoz y presidente in pectore a Rubalcaba, para luego disparar contra Fernando Alonso.

Y entre dimes y diretes se habla poco o nada de que 'la medida 110' es una decisión típica del Gabinete Zapatero. Es una iniciativa inesperada, que huele a improvisación, que causa mucho rechazo social, que parece de dudosa eficacia y que, como no podía ser menos, es coyuntural y transitoria. Hasta julio, por lo menos. Reúne todas las características que marcan las dos legislaturas con gobierno de ZP: ahora te doy 400 euros y luego te los quito; ahora digo que voy a cambiar el orden de los apellidos y luego no lo hago; ahora saco el cheque bebé y más tarde lo retiro; dije que no habría pérdida de derechos sociales y poco después hice la reforma laboral y, en fin, pasado mañana reduciré la velocidad máxima permitida a 110 kilómetros por hora, pero ya anuncio que lo hago con el propósito de volverla a subir, si quiero, cuando se acabe lo de Libia.

Hay muchas formas de gobernar y Zapatero ha elegido el coitus interruptus. Gobierna a arreones. Unas veces gazapea y otras se dispara. Es la forma más costosa que hay de conducir un país. Cualquier conductor sabe que se gasta mucho más carburante con acelerones y frenazos que manteniendo una velocidad estable y adecuada al estado de la vía, sea a 120, a 110, a 90 o a 80 kilómetros por hora. Podría decirse que ZP gobierna por paquetes de medidas, por fascículos. Pero ni siquiera eso. Gobierna con pegatinas de quita y pon.

Desde el Ejecutivo se argumenta que debemos ahorrar carburantes. Y es verdad. Pero el ahorro no es ni una ocurrencia ni una urgencia, es una actitud, ante la vida, un planteamiento a corto, medio y largo plazo. El ahorro de hoy para mañana, no solo no es ahorro, sino que se parece peligrosamente al racionamiento. Sea de carburante, de pan o de lo que sea.

Un país que no produce petróleo y que dedica buena parte de su capital a comprarlo, no solo está obligado a ahorrar carburante, de marzo a julio, es que debe hacer todo cuanto pueda por consumir el menos combustible posible durante todos los días de todos los años. Y como gran parte de ese consumo se centra en los automóviles privados, cualquier gobernante con visión de futuro ya llevaría años potenciando el transporte colectivo, especialmente el ferroviario que puede funcionar con la energía eléctrica que España genera con sus propios medios. Si viajar en tren fuese más cómodo, más rápido y más barato que hacerlo en coche, muchas personas ni siquiera tendrían vehículo propio. Si los automóviles híbridos -no digamos ya los eléctricos- pudieran recargarse en los aparcamientos, la gente empezaría a verlos como una alternativa.

Y, hablando de alternativas, como, en las plazas de tienta, se suele decir del ganado que flojea en el caballo, esta vaca ya está vista.


sábado, 26 de febrero de 2011


Palabras de sangre

José Joaquín Rodríguez Lara


HAN pasado varios días, muchas horas y miles de noticias -una eternidad en periodismo-, pero no logro quitarme de la cabeza a una niña que sale de la cama, sobresaltada tal vez por el ruido o por la rutina, entra en la cocina de su vivienda para desayunar, antes de irse al colegio, y se encuentra a su madre bañada en sangre.

Me impresiona la muerte de esta mujer, víctima de la violencia machista. Me preocupa que, en lo que va de año, -hasta el miércoles pasado- hayan perdido la vida trece mujeres, nueve más que en el 2010 por estas fechas, a causa del terrorismo doméstico. Me indigna que no seamos capaces de encontrarle una solución a esta horrible sangría. Pero, sobre todo, me espanta, me aterra la inocente frialdad de esa niñita de cinco años que, tras ver el cuerpo ensangrentado de su madre, se fue sola al colegio, para buscar amparo y anunciar la tragedia: «Mi madre está muerta. La ha matado mi padre».

Es terrible, resulta atroz escribir y leer estas palabras. Ningún profesor con dos dedos de frente las pondría en el encerado para analizarlas sintácticamente. Entonces, ¿cómo puede estar preparada una criatura de tan solo cinco años para pronunciar esas nueve palabras de luto, esos nueve golpes de sangre? ¿Cómo ha podido un angelito de cinco años comprender lo ocurrido, asumir la situación y decidirse a contarlo de forma tan 'normal', como si no le extrañase? ¿Con qué sopa de actos violentos -reales, de ficción, gratuitos, de pago, lejanos y dolorosamente familiares- amamantamos a esta niña y a tantos niños como ella?

Montse, española, de 44 años, vivía en Reus (Tarragona), y tal vez tuvo fuerzas para llamar a su hija y explicarle lo que le habían hecho, para que la cría pidiese socorro. O no. Es posible que la niña, alertada por los ruidos, se levantase de la cama y viera con sus propios ojos el homicidio. Pero tal vez no vio nada. Hasta cabe la posibilidad de que se lo contase el compañero de la fallecida, un suramericano de 34 años, al que inmediatamente se comenzó a buscar, como sospechoso del crimen; o tal vez a la niña se lo dijo su medio hermana, de 15 años, fruto de otra relación de Montse e, incluso, pudo enviarla al colegio otra persona. Me da igual. Son circunstancias importantes para la investigación policial y la actuación de la maquinaria judicial, pero ninguna de ellas mitiga la conmoción de saber que una niña de solo cinco años interioriza la muerte a cuchilladas de su madre hasta el punto de anunciarla tan claramente: «Mi madre está muerta. La ha matado mi padre».

¿Qué nos está pasando? ¿Cómo es posible que no encontremos una solución para una epidemia más nauseabunda que la misma peste bubónica? Tenemos leyes, que castigan específicamente la violencia doméstica, y prevención policial, que trata de evitarla, y repulsa social, que la condena, pero el problema sigue creciendo. El compañero sentimental de Montse fue condenado en el 2006 por maltratarla, y otra vez en el 2010 por incumplir una orden de alejamiento, pero se habían reconciliado y vivían juntos. Fuera o no fuera él, la locura los ha separado para siempre. ¿Qué se rompe dentro del corazón, o en el cerebro o en la vesícula biliar, para que las mismas manos que se prodigaron en caricias abran boquetes de muerte en la frágil piel de la vida?

sábado, 19 de febrero de 2011

El doblao

José Joaquín Rodríguez Lara


Está visto que la Biblioteca de Barcarrota tiene querencia al misterio, a las desapariciones y a los doblaos, por más que la Real Academia Española no reconozca la palabra doblao, dicha así, como bacalao y Bilbao. Acepta la voz doblado, a la que considera un andalucismo que significa desván. La docta casa debería incluir en el diccionario la palabra doblao, aunque fuese como extremeñismo. Si el hecho de que, en buena parte de Extremadura, se llame doblao al doblao no fuera motivo suficiente para ello, la Academia podría tener en cuenta que en un doblao extremeño fue escondida y estuvo emparedada -al menos 435 años- la Biblioteca de Barcarrota, un auténtico tesoro bibliográfico, y que en un doblao fue hallada a golpes de picocha en un alumbramiento que estremeció al mundo de la cultura.

La desaparición y el mágico hallazgo de una de las piezas de esa biblioteca -la nómina, a la que hay quien llama 'momia', tal vez por la pertinaz querencia que tiene el amuleto a perderse bajo el polvo del olvido-, parecen integrar otro capítulo de su singular peregrinaje de doblao en doblao.

Evidentemente, la Consejería de Cultura no es un doblao, ni un doblado ni tampoco un desván, aunque después de lo ocurrido con el amuleto de Fernão Brandão tampoco se le puede negar cierto parecido. Uno de los muchos usos que se le da al doblao es servir de trastero. Lo que no se necesita en la casa, pero tampoco se quiere tirar, se sube al doblao. Allí se acumula con otras muchas cosas diluyéndose su existencia entre el polvo y la desmemoria. En el doblao nada se pierde, todo lo más, desaparece de la vista, pero no es menos cierto que, muchas veces, nada se encuentra, por más que se busque. «Debe de estar por ahí, en el doblao». La gestión privada de lo que hay en un doblao no suele brillar precisamente por la profesionalidad y por la precisión.

Todo lo contrario ocurre habitualmente en el sector público. La Administración sabe lo que ganas, lo que pierdes, a qué hora te acuestas y a qué dedicas el tiempo libre. Sabiendo tanto, cómo no va a saber lo que tiene entre manos. Pero la profesionalidad de la maquinaria administrativa no puede evitar que se produzcan accidentes. Si se dieron instrucciones precisas por escrito ordenando que el amuleto de la Biblioteca de Barcarrota se depositase en la Biblioteca de Extremadura, su extravío pudo ser accidental. Lo que no tiene pinta de accidente es que se busque durante años un objeto tan singular como la nómina de Brandão y no se encuentre hasta que su desaparición salta a la portada de HOY, apareciendo entonces como por arte de magia.

Aunque la pieza desaparecida siempre haya estado en la consejería de Cultura, aunque no haya corrido peligro en ningún momento, aunque aceptemos pulpo como animal de compañía, lo cierto y verdad es que a la nómina se le perdió la pista durante años. De lo contrario, ¿por qué la buscaba la Consejería y estaba dispuesta a llevar el caso a los tribunales si no aparecía?

Si perder algo valioso siempre es preocupante, tenerlo y creer que no se tiene debe preocupar más incluso, pues induce a sospechar que tal vez también haya desaparecido algún otro bien, igualmente importante, que aún se cree tener.

Si no hay un inventario de lo que se tiene o no se comprueba periódicamente que se tiene todo lo que refleja el inventario o no se confirma cada cierto tiempo la autenticidad de las piezas inventariadas, no se necesita una Administración. Basta con tener un doblao.

sábado, 29 de enero de 2011


Políglotas en globo

José Joaquín Rodríguez Lara


SOLO era un run-run, un cuchicheo de políticos metidos a estadistas y de analistas haciendo de políticos, pero ha bastado con que los senadores den a entender que necesitan traducción simultánea, porque no se entienden entre ellos hablando en el único idioma que todos conocen, para que el respetable admita que no entiende para qué necesitan sus señorías traductores, ni el porqué se necesitan senadores ni, sobre todo, para qué sirve el Senado. Hace tres días se hablaba en los círculos políticos sobre la conveniencia de reformar la Cámara Alta para que sea una verdadera 'cámara territorial'. Desde que sus señorías gastan pinganillo, en otros círculos mucho más amplios, ya no se habla de reformarlo, sino de cerrarlo. Nunca antes la Cámara Alta había caído tan bajo en la consideración ciudadana. El Senado no sirve para nada, se afirma sin haberse preguntado ni siquiera para qué sirve.

¿Hay algo, de lo que actualmente hace el Senado, que no lo haga también el Congreso de los Diputados; o que no pueda hacerlo tan bien? Lo hay. Al menos hay una cosa que hace uno y, por ahora, no hace el otro: contratar traductores del español al español. Porque, hoy por hoy, tan español es el idioma gallego, como lo son el vasco, el catalán y el castellano.

Los senadores han querido realzar la importancia de las lenguas periféricas incorporándolas a los debates, pero han elegido la forma más ridícula que podría habérseles ocurrido y el peor momento para ponerla en marcha. Cuando la crisis arrecia, cuando el paro alcanza cifras que eran inimaginables hace solo un par de años, cuando a muchos contribuyentes se les está dando a entender que ni añadiendo los nueve meses que estuvieron en el útero materno reunirán años suficientes de trabajo y formación para jubilarse con la pensión máxima, los senadores deciden gastar el dinero de todos en algo que no resulta imprescindible, que es un lujo, por no decir una memez.

Evidentemente, todas las lenguas y las hablas de este país merecen no solo respeto, sino ayuda para conservarlas y extenderlas, pues son un patrimonio cultural vivo. Y de todos. Al Senado, como institución española, le corresponde la obligación de participar en esa conservación, pero en lugar de soplarle a sus señorías el significado de lo que están oyendo y no entienden, se podría gastar todo el dinero que cueste la traducción en clases de castellano, catalán, vasco y gallego. Con el tiempo que los senadores pasan en Madrid, muchos acabarían siendo políglotas. Así les resultaría más fácil encontrar empleo. Cuando la crisis termine.

Este país lleva tiempo viviendo en globo, en «pompas de jabón», que dejó escrito -lo de las pompas- don Antonio Machado para que Serrat, sin necesidad de pinganillo, lo cantase. A este país lo hemos visto «pintarse / de sol y grana, volar / bajo el cielo azul, temblar» y nadie con dos dedos de frente querría verlo «quebrarse». Ni «súbitamente», ni poco a poco. Durante la Transición, metimos en el equipaje todo lo que nos parecía indispensable para el viaje hacia la democracia y la autonomía y ahora que el globo -herido por la crisis- pierde aire, algunas de esas realidades empiezan a pesarnos como si solo fuesen lastre.

El Senado acaba de aprobar, casi por unanimidad, una ampliación del Estatuto de Autonomía de Extremadura que incluye una figura que hasta ahora no teníamos: el defensor del pueblo extremeño. El Personero del Común se le llama. Tendrá el despacho en Plasencia. Y ayer mismo, Guillermo Fernández Vara, presidente de la Junta, con buen criterio, exponía en la SER la necesidad de corregir el sistema autonómico pues «se nos ha ido la mano» al «multiplicar todo por 17». «Si hay 17 defensores del pueblo», se pregunta el presidente extremeño, según la SER, «a quién defiende el defensor del pueblo de España».
Está claro, al Personero del Común.