sábado, 16 de mayo de 2026

 - La familia es un rompecabezas de círculos concéntricos
 que empiezan donde comienza el cariño 
y terminan donde empieza la indiferencia.


viernes, 8 de mayo de 2026

 - No es difícil que haya inteligencia
donde falta sentido del humor.
Es imposible.


viernes, 1 de mayo de 2026

 El día que nos perdimos en las Hurdes

 

José Joaquín Rodríguez Lara


Perder el móvil en las Hurdes es un alivio. Casi podría decirse que es una bendición. Como bañarse empelote en las aguas del río Hurdano, cauce aórtico del corazón altocacereño, hijo del arroyo Malvellido, tributario del río Alagón, que contribuye a engordar la panza satisfecha del Gabriel y Galán, un poeta con nombre de embalse, que entra en el Tajo, y esto ya son palabras mayores, y que por el Tajo sale al Atlántico, al mundo de los océanos, sopa de la Historia. Benditos sean todos ellos. No son aguas corrientes las de este río jurdano. No lo son, aunque fluyan. Más me parecen a mí sábanas de seda, Pepe. Sin pespuntes ni costuras. Seda virginal, inconsútil.

    - Solamente una vez me arropé con semejante cendal y no me dormí, gracias sean dadas a los cerros que velaron mi inclusión en las aguas de este río, evitando así que me ahogara y me perdiese, no ya en las Hurdes, sino para siempre.

   Contemplar el paso del río Hurdano a ojo desnudo es la gran ventaja que tiene la telefonía móvil. La que se puede perder y, de hecho, se pierde. Cosa que es imposible con la telefonía estante. Para perder el teléfono fijo hay que perderse antes. No saber donde estás. Desconocer el camino de vuelta a casa... En definitiva, esfumarse sin dejar humo ni ceniza detrás. Desaparecer corriendo el riesgo de que te encuentren y se desentiendan de ti por tu ausencia de valor venal. Perder el móvil, en cambio, es todo lo contrario. Es encontrarse. Solo, sin la maraña alfanumérica de tus contextos, pero encontrarse a uno mismo, despojado de conexiones inalámbricas. De repente descubres, con auténtica sorpresa, que puedes vivir sin celular. Que sabes dónde estás tú, no tu móvil, pero sí tú, y barruntas que no has olvidado el camino de regreso a tu cama. Aunque no sepas dónde se quedó tu teléfono ambulante al que, por ser un objeto valioso, alguien le dará posada.

    - Tuvo que ser en aquella gasolinera en la que nos bajamos y tú entraste en el bar, a orinar.

    - Entré a mear y a preguntar por el camino hacia Casares de las Hurdes a partir de aquella gasolinera, Pepe. Y tú también measte.

    - Sí, yo también... ¿Pero qué hice con el teléfono? ¿Dónde dejé el móvil? Tuvo que ser en el aseo de ese sitio. Pero si yo... Yo creo que ni siquiera meé.

    - Sí, sí lo hiciste. ¿Para qué ibas a entrar en el aseo de una gasolinera si no? En la otra no, pero en esa sí tiraste de la bragueta. Convencido estoy de ello, aunque no te viese hacerlo.

    - ¿Y dónde estaba aquella gasolinera?

    - ¡A mí qué me preguntas! Si llevamos toda la mañana, más de cuatro horas, buscándola y aquí seguimos. Más perdidos que la Legión en Hornachos. No hay circuito de Fórmula 1 en el mundo que tenga más y mejores curvas que esta parte de las Hurdes. ¿No te parece? Ni el de Mónaco tiene tantas y tan cerradas. Alonso, ven para acá si te atreves, gallito del los volantes. ¡Enhebra este rosario de curvas jurdanas, campeón! Por cierto, Rosario se llama la primera mujer que matrimonió con Fernando Alonso, creo recordar. Raquel del Rosario más certeramente. Es una cantante canaria. Muy guapa.

    - Si no me hablas más alto no te oigo. He perdido todos los contactos...

    - Ya. Te has quedado sin la guía telefónica de tu vida. Una tragedia. Lo sé. Tú sabes mucho de eso, Pepe. Recuerda que eres teatrero. Todo un profesional de las tablas.

    - ...pero me lo estoy pasando muy bien. ¡Estoy disfrutando! Este paisaje, este aire... Cada vez que te paras aprovecho para bajar del coche y respirar. ¡Mira qué aire, mira!

    Pie en tierra, José Manuel Villafaina inspira y respira como si acabase de emerger de un pozo sin fondo. Del pozo de mi coche. Pero aquí no está su móvil. Seguro que no lo ha perdido aquí, dentro del vehículo. Lo he revisado todo muy bien. A fondo. Bajo los asientos, en las guanteras, en las ranuras en las que se pierde todo y ni me caben las manos cuando intento recuperar lo que se han tragado, hasta detrás de las pestañas de los parasoles he mirado. Pero nada. Aquí no está el teléfono móvil que ha perdido Pepe Villafaina, que se ha venido conmigo a las Hurdes desde Badajoz. Salté de la cama a las cinco de la mañana del sábado 25 y a las seis iniciamos el viaje. Es mucho más del mediodía del domingo 26 y aquí estamos, buscando un móvil en el corazón del misterio jurdano.

    - ¡Tan temprano vamos a salir! –me dijo Pepe.

   - Prefiero estar allí a primera hora –le expliqué. No conozco la rabiza de la carretera, el cordelillo final del látigo, y no me gustaría perderme los actos por haber llegado tarde.

    Nuestro destino era Casares de las Hurdes donde, para la mañana del sábado, Tani Martín y sus edecanes habían organizado un homenaje a Diego Bardón, torero pánico, corredor de maratones de espalda, actor, morantista, enemigo acérrimo de la mediocridad, enamorado de las Hurdes, un genio irrepetible. ¡Irrepetible! La vida nos lo dio y la vida nos lo quitó y, entre uno y otro momento, Diego dio de sí todo lo que tenía. ¡Todo! A ser generoso no le ganó nunca nadie.

    A pesar de que había dormido poco, Pepe no echó una cabezadita en el coche. Le aconsejé que lo hiciese, pero declinó mi confiada autorización. Durante todo el viaje no dejamos de hablar sobre Diego, sobre el homenaje, sobre el libro que acaba de publicar en el que vivisecciona sin anestesia al Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y a sus personajes con mando en plaza, sobre actrices y actores, sobre las Hurdes que José Manuel Villafaina dice conocer bien por haber trabajado en la zona realizando actividades de arte dramático, y sobre todo lo que se nos ocurría, viniese a cuento o no viniese.

    Habíamos desayunado magníficamente en un área de servicio junto a la autovía A-66, en la provincia de Cáceres, y volvimos a la carretera y a la conversación distendida. Cuando recuperamos la noción del espacio nos dimos cuenta de que estábamos perdidos. Nos confundimos de carretera. Nos habíamos pasado y nos encontrábamos muy lejos de la ruta que tendríamos que haber seguido. A más de 75 kilómetros al norte de Béjar, en la provincia de Salamanca. Salimos de la autovía e, inmediatamente, intentamos volver a ella para recorrerla en sentido contrario. No fue sencillo. Vamos, nos resultó bien difícil. Quien no sabe tiene casi las mismas dificultades para desempeñarse en la vida que quien no ve. Y nosotros ni sabíamos ni tampoco veíamos señales de tráfico que nos indicaran la ruta correcta. No las veíamos porque no las hay. Las carreteras españolas están muy mal señalizadas. Muy mal. A la administración parece interesarle muchísimo más recaudar a través de las multas que ayudar para que no sea necesario sancionar a quienes conducen. En las autovías y en otras carreteras principales de esta España farandulera se informa con mucha más eficacia sobre el nombre de los cauces fluviales y sobre las joyas patrimoniales -Arroyo de la Cabrera, Arroyo del Judío, castillo de las...-, que sobre la dirección correcta para llegar a las poblaciones. Faltan muchas indicaciones imprescindibles y abundan los letreros superfluos. Y no resulta extraño que busques y rebusques infructuosamente en una rotonda la salida correcta para Cáceres, por ejemplo, y cuando no la ves y echas mano de la intuición eligiendo la que te parece más probable, cien metros más allá, en un punto que en modo alguno puede verse desde la ruleta que sortea las direcciones, te encuentras la señal que con tanta ansiedad buscabas: 'Cáceres'. ¿No pueden poner el letrero donde lo necesitas, en vez de donde ya no te hace falta porque, sin ver ni saber, has acertado? Pueden hacerlo, pero no quieren. La primera misión de la autoridad, de cualquier autorizante, es fastidiar a quienes pagamos su sueldo. Esa es la auténtica base de su felicidad. ¡Cuánta razón tenía Diego!

    - ¡Pero si es muy sencillo!

    - Ya. Para quien sabe. Pero para quien no sabe y está agobiado por el extravío de los caminos, no lo es. En la normativa que regula el tráfico no conviene darle cobijo a la duda. Todo debe estar muy muy muy clarito, pues hay que tomar decisiones sobre la marcha y, en ocasiones, a no poca velocidad.

    Después de muchas vueltas, tan mareados como indignados, parece que tomamos la ruta correcta. No para encontrar el móvil de Villafaina, que seguía sin aparecer, pero sí, al menos, para regresar a Badajoz. A pesar de ello, nos comían los demonios de la ira. A los dos. Si en vez de a Pepe hubiese llevado yo sentado a mi lado, como navegador tomtom, al director general del ramo, lo habría abandonado en la siguiente gasolinera, lo mismo que a un Pere sin microchip ni collar. Que en este caso sería un Pere pachón. Por lo de Navarro. 

    - No recuerdo que hayamos pasado por aquí.

    Mientras deshacíamos los pasos mal dados nos ocurrió algo muy raro. Misterioso. Según todo los indicios, acabábamos de circular por esa carretera y, al recorrerla en sentido contrario, en dirección a Béjar, todo nos resultaba nuevo. Ni Pepe ni yo recordábamos haber pasado por allí unos minutos antes. Solamente unos minutos antes. Es como si algo o alguien nos hubiese teletransportado entre el área cacereña de servicio en la que desayunamos y el punto de Salamanca en el que Villafaina se dio cuenta de que nos habíamos perdido. En un centenar de kilómetros. Nada más y nada menos.

    - ¿Estará jugado Diego con nosotros? ¿Nos estará gastando una broma? -se preguntaba José Manuel mientras destejíamos el asfalto de la autovía.

    Pudiera ser. Era fin de semana. Unos días de fiesta aptos para el jolgorio. O era eso o habíamos sufrido un claro episodio de sonambulismo. ¿Se puede sufrir sonambulismo estando despierto, durante las horas de sol?

    - Lo que a mí más me extraña es que estoy harto de llamar a tu número y nadie me responde. Pero el teléfono sigue encendido. Todavía funciona. Da llamada. ¡Mira como suena, Pepe, mira como suena!

    - Ya, ya. No contesto a tus llamadas ni a tus mensajes porque no tengo el teléfono. Lo he perdido.

    - Más de veinte avisos habré dejado en tu contestador desde que notaste la pérdida del móvil y nadie responde, Pepe. ¡Nadie! Tú, porque no lo tienes y quien lo tenga, porque no sabe o no quiere hacerlo.

    Durante nuestra una y mil vueltas a la noria de la carreteras jurdanas recibí una llamada. Paré junto a una fuente de cuneta para atenderla. El número no estaba en la agenda de mi móvil. ¿Quién podría ser? ¿Habría encontrado el teléfono de José Manuel Villafaina? Era una mujer y no llamaba para decirnos que había aparecido el móvil perdido. Marisol, del hotel restaurante Montesol en el que se había alojado Pepe durante nuestra estancia en Casares de las Hurdes, preguntaba si acaso, por un error, el huésped no se habría llevado las llaves de la habitación en la que pernoctó y parece que, también, las del establecimiento. 

    - En la chaqueta. En la chaqueta las tenía. Aquí están. Las he encontrado. Cuando bajé de la habitación no había nadie, estaban las puertas cerradas y tuve que usar las llaves para salir. Las guardé en la chaqueta y me olvidé...

    Con una amabilidad digna de encomio, Marisol propuso que dejáramos las llaves en algún bar o gasolinera de la zona para que alguien las recogiera y las llevase al hotel Montesol. A Pepe le pareció más correcto enviarlas directamente por correo. Así lo hizo durante la mañana siguiente a nuestro regreso a Badajoz.

    - Por aquí sí. Por aquí ya hemos pasado.

   - Por aquí y por ahí y hasta por allí. No te fastidia. Hemos pasado por todas las carreteras hurdanas y seguimos sin encontrar la gasolinera en la que, según sospechas, olvidaste tu teléfono móvil.

   - En un sitio que se llama El Avión, pudo ser, según puso en pie Tani con los datos que le dimos.

    - El Avión, El Avión... Si tuviésemos el teléfono del Avión llamaríamos para preguntar si los del Avión tienen tu teléfono y así dejaríamos de dar vueltas y más vueltas detrás del dichoso Avión. Que ya podría ir dejando un chorro de humo, como todos los aviones serios. ¡Avión, humea para orientarnos y llevarnos hasta ti, leñe. Humea!

    - Pues busca en tu teléfono el teléfono del Avión y llama, Joaquín. ¡Llama!

    - ¡Qué busque en mi móvil el teléfono del Avión! De eso nada. Ni mijita, Pepe. Mi teléfono está para hacer llamadas y para recibirlas. Todo lo más, para leer los guasás y ver la hora. Pero de ver enlaces y entrar en Internet, nada. Pero nada de nada. Me niego a inundarlo con aplicaciones raras. Por eso no se me pierde, como el tuyo.

    - Yo ya he estado aquí.

    - Y yo. Lo menos he pasado por aquí tres veces durante la mañana de este domingo.

    - No me entiendes, Joaquín. Me refiero a que estuve aquí hace años, con las campañas de teatro. Era muy bonito. Íbamos a los colegios, hacíamos animación y luego la gente acudía a las representaciones. En las plazas o en las casas de cultura. Incluso venían de otros pueblos. Los alcaldes se quedaban contentos. Hicimos muy buen trabajo. ¡Nos felicitaban!

    En las Hurdes Altas el paisaje oscila entre el laberinto de sierras y pinares y las partituras, perfectamente escritas del olivar, con pentagramas por los que las notas musicales de los olivos ascienden hasta el cielo y estallan en tonos verdialbinos. El contraste entre las masas abigarradas de los pinos y la ordenada geometría de los olivares resulta muy curioso. Junto a ellos, aquí y allá, crecen como salpicados por las manos campesinas cerezos y otras plantas útiles. La población jurdana sufre de horror vacui. Tiene aversión al vacío. En un paisaje tan inhóspito, se siente obligada a cultivar cualquier rincón, hasta el más mínimo trozo de tierra, que lo admita. Y si no lo admite, a transformarlo demoliendo barreras para convertirlo en terreno de labor.

    - Mira, mira qué bonito, Joaquín. ¡Qué olivar tan bonito! ¡Qué bien cuidado!

    - Los liños llegan hasta arriba, hasta el filo de las sierras. Cuando se plantaron estos olivares había mucha hambre y ahora, décadas y hasta siglos después, si no hay tanta necesidad en las Hurdes, al menos todavía quedan ganas de trabajar. Y a pie. Con bestias. Porque en esas laderas, en esas barreras, no creo yo que puedan andar los tractores sin correr el riesgo de volcar y causar una desgracia. Es increíble. Parece un ejército de olivos perfectamente uniformados de verde y en riguroso orden de formación mirando al cielo del horizonte.

    - Me lo pasé muy bien trabajando en estos pueblos hurdanos.

    Villafaina vuelve una y otra vez, sin descanso, continuamente, a lo que ha sido su trayectoria profesional. Especialmente en Extremadura y en América. A veces habla de sus parejas sentimentales. Cuando le pregunto por ellas. Curiosamente, todas han sido y son mujeres de ascendencia foránea. Filipina, venezolana, hawaiana... Y creo que olvido a alguna. Pepe no tiene animadversión hacia las españolas, pero prefiere compartir su destino sentimental con quienes no lo son.

    - En las plazas, en las casas de cultura... Nos alojábamos en establecimientos de la zona y estábamos una semana o más días, enseñando o actuando en los pueblos. Fundamentalmente a los niños. Nos recibían muy bien. Sólo una vez tuvimos problemas con un alcalde cuya mujer tenía un grupo de teatro. Me fui y le dejé libre el escenario de la contienda.

    - Tengo la impresión de que este paisaje hurdano está hecho para el espectáculo, José Manuel. Entre las alquerías de Huetre y Casa Rubia, donde nació Tani, en la orilla derecha del río Hurdano hay unos bancales que, al contemplarlos desde los alojamientos rurales del 'Bienve', parecen auténticos escenarios teatrales, auditorios gigantescos construidos en mitad de la naturaleza. Las piedras que sostienen esas terrazas de cultivo cuentan la historia de las Hurdes, de sus gentes, de sus carencias seculares. Hay que haber pasado muchas fatiguitas para castigarse las carnes aterrazando los montes con la ilusión de poder cultivar otro olivo, un cerezo más, tal vez un imprescindible cesto de papas... Se dice que Dios hizo el mundo en seis días y que fueron los holandeses quienes hicieron Holanda. Dicho dicho es injusto. Se olvida de las Hurdes, a la que los hurdanos han hecho y siguen haciendo en silencio. Sin alharacas. Aterrazando las laderas. Levantando paredes de piedra. Acarreando serones de tierra fértil. Conduciendo de bancal en bancal la lágrimas de las sierras para regar hasta los cultivos más diminutos... Te imaginas traer a este escenario de aristas, chorreras y meandros una gran orquesta. ¿Te lo imaginas? La Filarmónica de Berlín o la de Viena. Ya puestos. Con un director o directora de renombre internacional, para ofrecerle al mundo un concierto desde la primavera de las Hurdes, desde el alma de Extremadura. Si es que a Extremadura todavía le queda un cacho de alma que no haya tenido que emigrar para buscarse la vida. Desde aquí mismo, desde esta curva del laberinto hurdano invoco y convoco al mundo del dinero. Pero no a los bancos, que nadan en calderilla, a los ricos de verdad, de España y de todo el mundo, a Elon Musk, a Jeff Bezos, a Zuckerberg, a los jeques árabes, a Amancio Ortega, a su hija Sandra..., para que vengan a las Hurdes Altas, contemplen el escenario y decidan si merece la pena o no la merece regalarle a la Humanidad un concierto desde las Hurdes cada primavera. Agrippa, yerno del emperador Octavio Augusto, le regaló a Augusta Emerita y al mundo, lógicamente, un Teatro Romano que resume en su escenario y en las columnas de su frente escénico, lo mejor de la cultura clásica. Los bancales y las sierras de las Hurdes son la escena y el frente escénico del mítico teatro hurdano, del laberinto de las leyendas. ¿Acaso Elon Musk y Bezos y Zuckerberg y los emires y Amancio Ortega y su hija Sandra tienen menos sensibilidad artística y menos redaños y menos dinero que Marcus Vipsanius Agrippa, el yerno de Augusto?

    Seguir dando vueltas por las curvas del laberinto hurdano carece de sentido, así que decidimos parar y comer en Pinofranqueado. Villafaina conoce la zona. Aprovecho para pedir que me localicen el número telefónico del restaurante El Avión. Envío los correspondientes guasás, pero nadie contesta. O no lo encuentran o sospechan que es otra broma de Diego Bardón.

    - Yo me quedaba ahí. En ese hotel. Bajando la cuesta, a la vuelta, hay un restaurante. También he comido en él.

    Sin pérdida ni dilación, Villafaina me lleva hasta el establecimiento. El Castúo se llama. Tiene una bonita terraza protegida con árboles, plátanos ornamentales, y sombrillas. Casi todas las mesas están ocupadas o reservadas. Nos ofrecen la posibilidad de comer en el interior del local. No me apetece. A Pepe, tampoco. Con lo soleado y agradable que está el día, comer bajo techo en vez de a la vista y a poquísimos metros del río Hurdano nos parece un despilfarro. Por fin nos ofrecen una mesa para dos. Pequeña. Aislada. Entre el sol y la sombra de la tarde. En la carta hay un apartado dedicado a platos típicos extremeños. En ellos me centro. Mi elección es rápida y sin dudas. Cuando las señales están claras y a la vista, hay poco espacio para la confusión, señor director general de las señales de Tráfico.

    - De primero quiero zorongollo.

    Indago si el zorongollo se prepara en las Hurdes como en Badajoz. Descubro que, básicamente, es lo mismo. Se trata de una ensalada de pimiento morrón, asado, liberado de la piel y de las pepitas y cortado en tiras. Se le añade abundante cebolla cruda, picada en juliana, y se aliña con aceite, vinagre y sal. Eso es todo. Se le pueden añadir más ingredientes. Ajo, aceitunas, huevo cocido, tomate asado y pelado, cebolla asada... En este caso no es así. Ni falta que le hace. El zorongollo de El Castúo está realmente bueno.

    - De segundo me apetece tomar cabrito.

    En las Hurdes todavía se puede comprar cabrito de calidad en las carnicerías. Incluso hay una variedad de cabra hurdana, parecida a los especímenes de la Agrupación de la Meseta. Se trabaja para que la cabra jurdana sea una verdadera raza y oficialmente esté reconocida como tal. Es más pequeña y muy diferente a las dos razas caprinas extremeñas perfectamente consolidadas: la retinta, seleccionada en la zona conocida como Los Cuatro Lugares -Hinojal, Monroy, Santiago del Campo y Talaván- y la raza verata, generalmente de capa negra con manchas blancas en el hocico y en las punta de las orejas, propia de la comarca de la Vera. Ambas razas son de doble propósito. Se crían por su leche y por su carne, si bien la verata es más lechera y, seguramente por este motivo, mucho más abundante. Desdeño la paletilla de chivino jurdano y pido unas chuletas. Están buenísimas y muy tiernas, como le corresponde a un cabrito lechal. Tan buenas están estas chuletas que ni siquiera le pido perdón al chivino por comerme sus costillas. Hace años, para satisfacer mi vocación de enrea empedernido, tuve algunas cabras, tanto retintas como veratas, además de ovejas. Cada vez que se disponía a parir un animal le suplicaba al destino que la cría fuera hembra.

    - Si naces hembra te quedarás aquí, en Los Cañuelos, con tu madre, pero si naces macho tendré que sacrificarte. Y no me gustaría hacerlo.

    Más de uno y más de treinta recentales sacrifiqué con mis propias manos. No estoy orgulloso de haberlo hecho, pero aquellos chivinos y aquellos corderos estaban destinados a vivir muy pocas semanas y los matase yo o los regalase vivos, su final estaba escrito. Si lo hacía yo al menos permanecían con sus madres, amamantándose, hasta el último y fatídico instante.

    De postre pedí pera tatín pero, aunque estaba en la carta, no había y nada de lo que me ofrecieron como bocado sustituto me podía quitar el mal sabor de boca de aquella postrera decepción gastronómica. Villafaina, que no come carne, pidió una ensalada. Le sirvieron una espectacular, con salmón y todo lo imaginable en una ensalada. De segundo tomó pulpo a feira. El pulpo viene al mundo como si no tuviese madre ni sexo, así que no debe de causar problemas de conciencia a la hora de cocerlo.

    - Aquí hay muchas patatas y poco pulpo.

    Se quejó Pepe nada más ver el plato. Creo que tenía razón. Pero también estoy convencido de que el pulpo a la gallega hay que comerlo en Galicia y no en la patria de los chivinos jurdanos. El pulpo de El Castúo era marroquí, según nos dijo el camarero. Y las patatas distaban mucho de ser los típicos cachelos gallegos. Sin duda no fue el mejor plato de nuestro menú. Pero José Manuel remendó el desaguisado con una apetitosa cazuelita de tarta al whisky. Una copa de tinto para él y un refresco de cola para mí -pues era yo quien conducía, señor Pere Navarro- complementaron el refrigerio.

    Todavía no habíamos terminado de comer cuando el día pasó del agradable sol a un gran chaparrón de tormenta primaveral. Hasta granizos tuvimos, como la tarde anterior, en Casares de las Hurdes, cuando comíamos en el restaurante del Montesol, en homenaje a Diego Bardón. En el restaurante de Pinofranqueado, el resto de los comensales se refugió en una zona cubierta, en la propia terraza. Pepe y yo, que ya estábamos terminando de comer, optamos por tomar asiento bajo la sombrilla más cercana. Allí estuvimos, rodeado por una cascada de chorros que caían del toldo, hasta que la tormenta arreció y tuvimos que buscar un techo más firme. Muchas de las personas que estaban comiendo o habían comido en los salones del restaurante salieron de ellos y se concentraron en la parte techada de la terraza. Pero no para disfrutar de la preciosa vista del río Hurdano, que discurre a sus pies. Lo hicieron para ver llover. Nosotros también estuvimos contemplando los goterones de lluvia, que caían a plomo, blanquecinos y aovados, sobre el cemento, la tierra y las aguas del Jurdano. Después de bastantes minutos de espera, subimos hasta el lugar en el que habíamos aparcado el coche para darnos cuenta de que nos habíamos perdido en las Hurdes, habíamos perdido un móvil y, además, acabábamos de perder las llaves de mi vehículo.

    - En este bolsillo no están. En este otro no las he guardado.

    - Búscalas en los bolsillos traseros del pantalón.

    - Tampoco. Se me han debido de caer mientras comíamos.

    Quien no tiene cabeza debe tener piernas. Pepe se cobijó en un portal, para eludir la furia del chaparrón. Yo hice un nuevo paseo hasta el restaurante. Bajo la lluvia, que no amainaba, y sin paraguas. Siempre hay que llevar al menos un paraguas en el maletero de tu vehículo, aunque sea verano. Yo llevo dos. Pero si has extraviado las llaves, ¿para qué te sirve el paraguas de emergencia? Las llaves se me habían caído del bolsillo y estaban en el suelo. Entre el asiento y el cerramiento. Como suele ocurrir cuando te sientas, sea en los coches, en el cine o en un sofá. Finalmente pudimos volver a la carretera. Quería llegar a Villanueva de la Sierra, a pocos kilómetros de Pinofranqueado, y abrazar a mi amigo y colega, mi hermano más bien, Raúl Rubio. No sé cómo lo hicimos, pero no volvimos ni a perder nada ni a perdernos nosotros. Parece que Diego se había cansado de embromarnos. 

    Mas no habían terminado las anécdotas de nuestro viaje a la Hurdes. Nada más llegar a mi casa, en Badajoz, me acomodé frente al ordenador para buscar el número telefónico del restaurante El Avión y llamar preguntando por el móvil de Pepe. Me hallaba realizando esta tarea cuando me llamaron desde el mismo móvil de Villafaina. Salté en la butaca de oficina sobre la que me siento a escribir mis novelas y todo lo que se me viene a la cabeza. Por fin alguien había escuchado los numerosos mensajes que había ido dejando en el contestador de Villafaina y me llamaba para decirme que tenía el teléfono. Era un hombre. Por la voz me pareció de mayor edad que yo. Por las preguntas que me hacía, bastante desconfiado.

    - ¿Dónde ha encontrado usted el teléfono? le pregunté.

    - En mi casa.

    - ¡Cómo que lo ha encontrado en su casa! ¿En qué casa?

    - En mi casa de Badajoz.

    No pudo aguantar más. Dejó de fingir la voz, en lo que es un experto. Enseñar a modular la voz es una de sus funciones como profesor teatral. Finalmente se delató.

    - Joaquín, soy Villafaina. El móvil no lo perdí en las Hurdes. Me lo había dejado en mi casa. Aquí en Badajoz.

    - Pero si te llamé a las seis menos cinco para decirte que ya estaba en el punto de encuentro que habíamos convenido.

    - Sí. Hablamos por teléfono. Pero después de hablar lo olvidé en casa.

    - La madre que te parió, Pepe. Dos días dando vueltas por las Hurdes buscando tu teléfono y lo tenías en tu casa de Badajoz. La madre que te parió.

    Admito que solté una grosería y que su madre no tendría culpa de lo ocurrido aunque hubiese venido con nosotros al homenaje a Diego en Casares de las Hurdes, pero lo dije sin pensarlo y pienso ahora que era lo menos que procedía decir ante lo que nos había ocurrido.

    - La madre que te parió, José Manuel Villafaina. La madre que te parió. Reitero.

domingo, 26 de abril de 2026

Homenaje en las Hurdes a Diego Bardón

José Joaquín Rodríguez Lara


Bardón Salamanca, Diego, así, marcha atrás, se escribe el nombre de un genio en la lápida del cementerio municipal de Fuente del Maestre, en Badajoz. Diego, actor, torero pánico, periodista, organizador de insólitas corridas de toros con cante flamenco, de muestras pictóricas singulares, el apoderado que llevó la publicidad al traje de luces, así como la pintura de Botero a la cartelería taurina, y una persona excepcional, falleció el 11 de diciembre del año 2024, en Zafra. Su familiares más cercanos y sus amigos le han tributado un homenaje, el día 25 de abril, en Casares de las Hurdes. ¿Por qué en las Hurdes? Porque Diego, que se comportó siempre como el ciudadano del mundo que fue, tenía un cariño especial a esta mítica comarca extremeña y a sus gentes. Un amor correspondido por la población hurdana que le trató.

    Durante el homenaje, que ha tenido lugar en la plaza de Casares, en los soportales del ayuntamiento, organizado por el abogado y político Estanislao Martín y por su familia, se han expuesto imágenes, trabajos periodísticos y recuerdos, muchos recuerdos, así como anécdotas que brotaron del corazón y han florecido en los labios de las personas intervinientes. Con emoción palpable. Con las lágrimas barbeando las tablas de la memoria. Mujeres y hombres. Taurinos y alérgicos al arte de Cúchares. Políticos, políticas, periodistas, deportistas, gente del teatro, dieguistas confesos, personas llegadas desde Sevilla, desde Badajoz, desde Cáceres, desde diversas poblaciones hurdanas, desde Fuente del Maestre... Diego continúa vivo entre quienes le conocimos y disfrutamos de su amistad.

    Era un genio. Fue un artista y un deportista excepcional. Destacó por ser una persona muy generosa. Se comportó siempre como un rebelde. Luchó tanto contra los prejuicios como contra los tópicos. Se encerró, exilió e hizo huelgas para defender a Extremadura. Derribó los muros de la mediocridad... Los elogios han ido saliendo del recuerdo como cerezas de una banasta. En racimos. Unos tras otros. Todos ellos han dibujado en el cielo hurdano la silueta inolvidable de Diego Bardón Salamanca.

  Entre tantas palabras dulces, redondas, fragantes, restallantes, entrañables me quedo con una expresión que se repitió una y otra vez el sábado 25 de abril en la plaza de Casares de las Hurdes. Diego ha sido un ser irrepetible...  ¡Irrepetible!

    Y lo hago a sabiendas de que es una palabra pesimista que, seguramente, el mismo Diego rechaza. Porque creer que la genialidad, la generosidad, el arte hecho hidalguía no pueden repetirse es tanto como negarnos a nosotros mismos la posibilidad de volver a disfrutar de Diego. Del nuevo Diego. De un Diego que tal vez esté ya labrando su trayectoria humana y artística contra el viento de los convencionalismos y de la obviedad en cualquier lugar del mundo.

    Todas las anécdotas que se expusieron en Casares de las Hurdes retratan a Diego Bardón con una fidelidad admirable. Mas deseo resaltar una que no se compartió desde el atril y el micrófono. Antonio Bardón, hermano de Diego, fue invitado por Estanislao Martín, mantenedor del homenaje, a tomar la palabra. Antonio, administrador de la empresa familiar agraria en la que Diego era socio, declinó la invitación que le hacía Tani, alegando que estaba demasiado nervioso. Emocionado, más bien. Delegó el ofrecimiento en su sobrino Paco, que sí intervino. Una vez concluidos los discursos, Antonio contó a quienes estábamos a su lado algo genial.

    Compré un tractor, para la explotación agraria de la familia, y se lo conté a Diego -relató Antonio Bardón a quienes le rodeaban. ¿Sabéis que me respondió él cuando le dije que había destinado dinero de su empresa y de la mía a comprar un tractor? Pues me respondió: "Y de qué color es".

    ¿De qué color es? Ni cuánto nos ha costado, hermano; ni de qué marca es; ni cuántos caballos tiene; ni para qué necesitamos gastar dinero en un tractor nuevo Antonio... "¿De qué color es?"

    ¿Puede haber una expresión más definitoria de cómo era Diego? No la hay. Al menos yo, que me declaro dieguista, no conozco otra mejor. Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace, otro Ignacio Sánchez Mejías, dijo Federico García Lorca en su elegía a la muerte del torero, escritor y mecenas de la Generación del 27. Yo no puedo emular al gran Federico, ¡qué más quisiera uno!, pero aseguro y proclamo que Diego Bardón Salamanca es  irrepetible. ¡Irrepetible!


lunes, 13 de abril de 2026

BOCETO DE HIMNO
PARA EXTREMADURA

Cuando se buscaba una letra para el himno regional de Extremadura escribí estos versos. Nunca terminé la pieza. Ahora, casi cincuenta años después, me los encuentro entre mis papeles inconclusos y he decidirlo sacarlos del anonimato. No para presumir de ellos. No hay razón. Simplemente para que me perdonen por tantos años de mantenerlos
en el ostracismo.
Los versos no tienen culpa de mi incompetencia
como versificador de himnos.


El verde de las encinas
es un cielo de esperanza.
Verde de encinares verdes,
caminos que se levantan.

Verdes de encinares, verde,
manos que se levantan.

Las llamas en los rastrojos
anuncian nuevas besanas
y ponen en mi bandera
color de tierra quemada.

Y ponen en mi bandera
perfume a tierra quemada.

Como ha nacido del pueblo
lleva pureza en el alma.
Entre la tierra y el cielo,
blanca de jarales, blanca.

Entre la tierra y el cielo,
blanca de cerezos, blanca.

Todos somos extremeños,
hijos de la mima tierra,
Cáceres y Badajoz
tienen la misma bandera.

Negra, blanca y verde,
verde, blanca y negra.



jueves, 26 de marzo de 2026

- Lo que más me gusta del 99 por ciento
de lo que actualmente suele llamarse música
es el silencio entre ruido y ruido.

 - Lo más bonito del cielo,
lo que me atrae más que cualquier otra cosa,
es el suelo.
La gravitación universal tiene algo mágico que te atrapa.



 - La muerte siempre es un arrebato de la vida.



- Hay tanta gente que confunde el plato con la comida
y el verso con la poesía,
que quienes no conocen ni un alimento ni el otro
se han asegurado la eternidad.

sábado, 14 de marzo de 2026

Una falta de respeto al público


José Joaquín Rodríguez Lara

https://elpostigodelara.blogspot.com/


Dice el diccionario que morbo es el "atractivo propio de lo turbio, prohibido o escabroso". Coligo de ello que el interés público y ciudadano que ha despertado durante nueve años la desaparición de Francisca Cadenas y el hallazgo de sus restos criminalmente inhumados a 25 metros de su casa, en Hornachos, debe de ser para la RAE un caso patente de morbosidad. Sin embargo, estoy convencido de que no es así. 
    
    Infiero, asimismo, que las miles de personas que durante nueve años se ha concentrado una y otra vez en Hornachos y se han manifestado reclamando el regreso de Francisca al seno de su familia lo han hecho por morbo, debido a su "interés malsano por personas o cosas". Dice el diccionario de la RAE que esto también es morbo. Pero, mire usted, no me lo creo.

    En el seguimiento de esta desgraciada historia no habrá faltado quien haya actuado movido por el morbo, pero la inmensa mayoría de las personas que desde el primer día han buscado a esta mujer por pozos y caminos, las que han mostrado su apoyo directo a los familiares de Francisca, las que han informado sobre el misterio de su desaparición, no lo han hecho por morbo. Y tampoco le han faltado el respeto a la familia de la víctima del crimen.

    Desgraciadamente, el misterio se ha desvelado de la peor forma posible: hallando los restos mortales de Francisca Cadenas enterrados bajo el pavimento de una casa, en la misma calle en la que desapareció sin dejar rastro alguno, a muy pocos metros de la vivienda en la que su viudo y sus hijos la han estado esperando con tanta esperanza como desesperación durante nueve años.

    Nueve años en los que se ha trabajado -los familiares, las fuerzas del orden, la Judicatura, las autoridades locales, los vecinos, el mundo del periodismo...- para encontrar a Francisca. Haberla hallado viva hubiese tenido mucho más interés puramente informativo que encontrarla sin vida, pero la realidad es la que es y hay que desvelarla. Con respeto pero sin censuras.

    Por eso no comprendo que un medio de información como es Canal Extremadura, que ha estado desde el primer día cubriendo sin ambages el caso, llegado el momento de la resolución hurte información "por respeto a la familia". Pero lo que no entenderé jamás es que esa misma cadena pública presuma de que tiene unas imágenes que no va a emitir "por respeto a la familia".

    Mire usted, señora cadena regional de televisión, nadie, pero nadie nadie nadie le ha pedido públicamente que emita esas imágenes. Esta usted en su derecho, señora mía, de emitirlas o de no emitirlas, pero no alardee de que las tiene, de que su personal ya las ha visto, pero "por respeto a la familia" ha decidido negarle al público la posibilidad de verlas. Su actitud, cadena mía, no evidencia respeto a la familia de Francisca. Todo lo contrario. Evidencia soberbia. Es una muestra de fatuidad decirle al mundo: yo también tengo esas imágenes, pero por respeto a la familia, no se las voy a enseñar.

    En aras del mismo respeto que invoca usted, señora Canal Extremadura, podría haber empleado la socorrida fórmula que alerta al público sobre lo delicado de las imágenes que va a emitir a continuación, para que vuelva la cara o se tape los ojos. O simplemente no emitirlas sin decir que las tiene. Pero presumir de que tiene algo que debe parecerle interesante, pues lo menciona, cosa que no hace con lo insignificante, y negárselo a quien acude a usted, señora Canal Extremadura, para informarse es una puñalada trapera a la deontología. Y está más cerca de la pretendida limitación sanchista del acceso a las redes sociales y de la inutilización de las mismas por los gobiernos totalitarios, insisto está mas cerca, que de mantener una línea informativa responsable.
    
    Espero que, a partir de ahora, tampoco emita usted imágenes de películas y hasta de informaciones en las que se ven cadáveres. El hecho de que no conozca a los respectivos familiares de esas personas fallecidas no le da derecho a convertir sus emisiones en una falta de respeto constante a esas familias y al público en general.

jueves, 12 de marzo de 2026

 CUANDO EL EX YA NO ES

José Joaquín Rodríguez Lara

https://elpostigodelara.blogspot.com/


Propongo muy seriamente que a quien ha sido y ya no es no se le llame ex, sino fue.
    El ex de quien ya no es causa confusión. Y no solamente en el lenguaje oral. También en el escrito. La x es una letra que siempre va de incognito. Es un misterio. Una incógnita en sí misma. Por ejemplo, ni siquiera se la ve en su nombre. ¿Dónde está la x en equis, que es el nombre de la x? ¿Dónde? Hasta una letra extranjera, como la y griega da la cara: y griega. Ahí está. Bien plantá. Al principio de su nombre. No se esconde. Pero la equis...
    Así que, para una más fácil comprensión, tanto sonora como lectora, animo a que no se diga ni se escriba ex pareja, sino fue pareja; ex policía, sino fue policía; ex feliz, sino fue feliz... Porque ya no lo ex. Lo fue.
    Y luego están los ex que no dejan de serlo, porque no se jubilan.

    Un asesino no deja de ser un asesino. Ni es ex ni tampoco es fue. En todo caso, ha dejado de asesinar, pero continúa siendo un asesino.

    No hay ex toreros. Un torero sigue siendo torero hasta en el cenotafio. Aunque no esté en esa plaza, sino tapándose en las tablas de otro burladero. Con un torero no hay ex ni fue que valga. Se ha echado a dormir, ya no torea, pero sigue siendo un torero. Polvo será, mas polvo de seda y acero armado.
    Y lo mimo ocurre en el periodismo. No se es ex periodista. Simplemente se ha dejado de informar. Pero periodista se sigue siendo.
    Si es que alguna vez se fue periodista, que esa es otra. Es o ex o fue otra cosa, quiero decir.

lunes, 9 de marzo de 2026

Tani, calienta, que sales


José Joaquín Rodríguez Lara

https://elpostigodelara.blogspot.com


Con el PP encerrado en su armadura de 29 piezas, el PSOE aferrado a las desguazadas tablas de su naufragio, Vox cabalgando a lomos de su soberbia y Juntas Podemos deslumbradas por su éxito electoral, lo mejor que puede ocurrirle a Extremadura es que se repitan las elecciones autonómicas.

    No parece posible que pueda alcanzase un pacto de gobierno. Ni para que las señorías minoritarias trabajen con el que sería un gabinete malparido ni tampoco para que lo dejen trabajar. Estaríamos, en ambos casos, ante un pacto inestable, sometido en todo momento a los encontronazos personales y a las ambiciones de raíz ideológica. Un pacto sin argamasa de unión entre los testarudos adoquines. Un acuerdo basado más en el desentendimiento que en el interés.

    Esto puede parecer bueno, pero no lo es. Si me interesa que Extremadura camine, tiraré de ella. Si me importa un bledo que se quede atascada en el barro del subdesarrollo, que tiren los demás. La teoría de que todo en esta vida está conectado y que el vuelo de una mariposa en Sevilla puede causar un terremoto en Mérida se haría realidad más pronto que tarde. Y con una fuerza que terminaría por hacer saltar las escalas sísmicas.

    El panorama será distinto si se repiten las elecciones. Aunque las urnas arrojen exactamente los mismos resultados. Los mismos. Se podría reconducir la situación. Con unas segundas, o terceras, elecciones comenzaría una nueva partida de cartas. Habría que volver a barajar los naipes y el reparto, al menos en el PSOE, sería diferente. Pero, por encima de todo, nada de lo hecho en esta legislatura sietemesina valdría para la aún no engendrada. Con la obligada repetición electoral seguramente se aquilataría algo más el precio de los cargos parlamentarios. Especialmente en la Mesa de la Asamblea. Para pescar hay que mojarse el culo y quien algo quiere algo le cuesta. Desde luego, es preferible negociar con los puestos que se pueden ceder en la Cámara antes que pagar solamente con las consejerías.

    El PP ya conoce lo que es gobernar sin tener la Presidencia de la Asamblea y sabe perfectamente que hacerlo con esa carencia no es peor que sentarse a gobernar con consejerías realquiladas y cada vez más respondonas. A medida que crece, Vox se vuelve lógicamente más exigente. Se ha empeñado con firmeza en poner las bases de que si algún día necesita el apoyo del PP tenga que pagarlo caro.

    María Guardiola, presidenta en funciones de la Junta de Extremadura, afirma que tiene la mano tendida al adversario. Lo malo es que en esa mano hay muy poco y lo poco que tiene es demasiado inestable. Es polvo que se deshace con el viento. Será un error enorme que la primera mujer y la primera persona procedente de la circunscripción norte que llega a la Presidencia de la Junta se disuelva en una tormenta de disparates propios y ajenos. Pero hay más posibilidades de que ocurra que de cualquier otra solución política.

    Así que o el paisaje cambia mucho, pero mucho mucho mucho, o Tani (Estanislao Martín, político cacereño regionalista), calienta, que sales.



jueves, 5 de marzo de 2026

EL BOSQUE CAÍDO

José Joaquín Rodríguez Lara

https://elpostigodelara.blogspot.com

Durante mucho tiempo han sido un ejemplo de orden y de progreso. Los postes del teléfono, o y del telégrafo, espaciados a trechos perfectamente regulares, más rectos que la ley, ordenados en fila india, con sus jícaras aisladoras y sus cables enhebrando los pueblos en un collar de palabras, montando guardia a lo largo de las carreteras, no eran un accidente en el paisaje, eran el paisaje mismo. Durante la noche, la luz de lo automóviles se reflejaba en el hilo de los mensajes advirtiendo, con varios kilómetros de antelación, que por aquella carretera solitaria se acercaba un vehículo.
Todos y cada uno de estos maderos estaban en permanente estado de revista. Ya no lo están. Hace muchos meses que los palos del tendido telefónico se encuentran abandonados. Nadie los cuida. Se caen sin necesidad de que los zarandeen las borrascas. Muchos yacen tumbados sobre el suelo. Otros se echarán a dormir más pronto que tarde. Son un ejército derrotado por la obsolescencia. Por la falta de rentabilidad. Son viejos y la vejez es un estorbo. Por eso arrastran sus cables y sus jícaras sobre los terrones. Es un bosque caído. ¿Definitivamente, ya no sirven para nada? ¿Han perdido toda su utilidad? ¿Volverán a prestar servicio alguna vez?
Si es así, si su baja solamente es temporal, que sus propietarios vuelvan a ponerlos en pie, pues tumbados en el suelo o a punto de caer son un peligro para las personas, para los animales y para los vehículos. Aunque no estén electrificados. Y si carecen de cualquier utilidad, que los quiten de los campos, ya que en su estado actual constituyen un grave peligro para las personas, para los animales y también para los vehículos. ¿Dónde carajo está la Administración que no toma cartas en el asunto y ordena volver a elevar los cables o a retirarlos si han dejado de necesitarse? ¿Con tanta rapidez viajan los políticos por las carreteras que no contemplan el paisaje? ¿No ven los postes caídos?
Ya sé que entrasteis en política huyendo del trabajo, pero leche, ¿para qué queréis a los asesores y a los cargos intermedios cuyos sueldos pagamos entre todos?

martes, 24 de febrero de 2026

Versos para conversos


José Joaquín Rodríguez Lara

https://elpostigodelara.blogspot.com/

En aras de la igualdad,
de la justicia y del progreso,
llamaré yo besa al beso
y lealto a la lealtad.

Si Almudena te nombro
no ha de faltar Almudeno,
que nunca ha sido bueno
dejar sin sombra al asombro.


domingo, 22 de febrero de 2026

QUE LO SEPAS

José Joaquín Rodríguez Lara

Aquí estoy
y no sé
por qué he venido.
Pero de aquí
no me voy,
si no te vienes
conmigo.

domingo, 8 de febrero de 2026

 Pérdidas irremplazables


José Joaquín Rodríguez Lara

https://elpostigodelara.blogspot.com/


Se ha venido abajo una tapia en el huerto. Una viejísima tapia de tierra apisonada a golpes. Cuando yo era niño ayude a hacer tapias. En la casa de un vecino al que apodaban el Chifle. En mi pueblo. Barcarrota. Así que sé muy bien como se hacen. Es muy sencillo, aunque bastante pesado. Se humedece la tierra y se va colocando en unos moldes de madera. Cada capa de tierra se apisona con fuerza, con un pisón especial, de madera, para que la tierra forme un cuerpo sólido.

    Las tapias se construyen a trechos. Con trozos de tapial que se levantan adosados unos a otros. Así forman un muro muy resistente. El peor enemigo de la tapia es el agua. La humedad. Si la tapia se moja en exceso, la tierra apisonada pierde cohesión y la tapia se viene al suelo por su propio peso. Esto es lo que ha ocurrido en el huerto. Yo podría reconstruirla. Levantarla y dejarla igual que la construyeron hace un par de siglos. Incluso emplearía la misma tierra, amontonada ahora en el suelo, justo a los pies de donde se mantuvo, altiva y airosa, durante tantos años. 

    Podría, pero no puedo. Me faltan los tableros del molde. Y los travesaños que los atraviesan y los conectan manteniéndolos separados. En paralelo. Ni siquiera tengo el pisón. Tendremos que encargar la construcción de un muro de otro tipo. Con materiales modernos. Aunque procuraré que parezca lo más rústico posible.

    La tapia del huerto no ha sido la única víctima de las borrascas. El vendaval ha descuajado las dos mejores encinas de Los Cañuelos. Las he visto desde la carretera. Arrancadas por la pata. Tendidas sobre la hierba como dos soldados caídos en el campo de batalla. Ignoro si habrá más víctimas. Todavía no he podido subir al cerro para hacer recuento.

    Además, los arroyos se han desbocado y se han llevado por delante los caminos. No se puede transitar por ellos. Dicen que no se han registrado daños personales. En el cuerpo seguramente no. En el ánimo sí. Cualquier encina es para mí un ser querido. Y su muerte, una pérdida irreparable. Estar convencido de que, con los años, otra encina la reemplazará no me consuela. Porque también sé que cuando esa nueva encina comience a dar frutos, yo ya no estaré allí para verla.

lunes, 2 de febrero de 2026

Enemigo al que no se ve venir

José Joaquín Rodríguez Lara

Cuando la dehesa arde, las raíces permanecen y las encinas, lo mismo que los alcornoques, vuelven a brotar.
    Cuando el huracán arrasa, los árboles, muchos de ellos con centenares de años, se quedan volcados, con las raíces al aire, sin tierra para seguir viviendo.
    El incendio es malo para la dehesa, pero el vendaval es tanto o más dañino.
    Y no caben cortafuegos ni previsoras brigadas de salvamento.
    A las llamas se las ve venir. El viento solamente se siente cuando pasa sobre ti.

viernes, 30 de enero de 2026

 NO LO DUDE


José Joaquín Rodríguez Lara
https://elpostigodelara.blogspot.com/

Llueve a mares
pero el verano
muge, escarba
y calienta ya
en los corrales.


miércoles, 28 de enero de 2026

 Memoria de ti


José Joaquín Rodríguez Lara

https://elpostigodelara.blogspot.com/


Escucho en la radio que piden testimonios de la audiencia sobre lo más extraño, lo más sorprendente, lo más inquietante, lo más... que quienes escuchan la petición se han encontrado en los bolsillos. En sus bolsillos. La propuesta es una estrategia, como tantas otras, para hacer que quienes escuchan el programa se sientan partícipes de su contenido. Pero el asunto me atrae. No por el programa. Sí por los bolsillos.

    Me atrae tanto la propuesta que, aunque no llamé a la emisora, porque no tenía el teléfono y, además, estaba conduciendo por la carretera mientras arreciaba la borrasca, decidí dedicarle una entrada por escrito en este blog. Esta entrada.

    ¿Qué es lo más que he encontrado yo en mis bolsillos? ¿Un pitillo? He fumado tan poco, ni siquiera una cajetilla completa, que no creo. ¿Una moneda? No recuerdo haber encontrado jamás dinero en mis bolsillos? Haberlo encontrado significaría que le había perdido la pista, y no es el caso. En mis bolsillos puedo haber encontrado la cuerda de un repión, un agujero directamente comunicado con la entrepierna, el capuchón de un bolígrafo, un bolígrafo sin capuchón, un par de bolindres, incluso una canica cristaleja...

    Poca cosa como puede verse. Nada extraño ni inquietante ni sorprendente. Me hubiese gustado encontrar tu aroma en mis bolsillos. Meter la mano y sacar un puñado de ti. De tu olor. Sin fragancias ni perfumes ajenos. O encontrar en el fondo de mi faldriquera una carta. Una carta con tu dirección y mi remite. Ambos textos escritos a mano. Con inquietud. Como la propia misiva. Una carta ya cerrada y con el sello pegado en su rostro de carta lista para enviar. Una carta llena de palabras que solamente te pudiera decir en una carta escrita y franqueada para no depositarse jamás en los brazos de Correos. Para que  quedase en mis manos. En mi bolsillo. Para que no llegase nunca nunca nunca a las tuyas. A la luz de tus ojos. Una carta destinada a tenerte siempre conmigo. Tú, tal como eres, escrita es un pulcro papel de carta. Con renglones pautados. Dentro de un sobre blanquísimo.

    Los bolsillos son la memoria de las prendas con las que no vestimos. En la penumbra de los bolsillos se nos almacenan los recuerdos. Esos que van siempre con nosotros, como una sombra de lo que alguna vez fuimos. Me hubiese gustado tanto encontrar memoria de ti en mis bolsillos que no dejo de buscarte. 

jueves, 22 de enero de 2026


http://elpostigodelara.blogspot.com/

- No se puede triunfar sin tener adversarios.

- Y no se consigue grandeza
si los adversarios son pequeños.


viernes, 2 de enero de 2026

EL CABALLO DEL ALBA

José Joaquín Rodríguez Lara
https://elpostigodelara.blogspot.com/

¿Y si la nieve me engaña
que no es nieve, que son flores,
que es un sudario de escarcha,
los cabellos de una abuela
que volvió para ser lana
y cobijar con sus dedos
el techo de las cabañas,
de los campos desprovistos
de capotes y de mantas?
Por los senderos del viento
galopa una yegua blanca
y el jinete que la embrida
es el camino del alba.
Madrugada de los versos
prendidos de mi ventana.
Carámbanos de cuchillos,
gemas de la alborada.