José Joaquín Rodríguez Lara
Cuando el huracán arrasa, los árboles, muchos de ellos con centenares de años, se quedan volcados, con las raíces al aire, sin tierra para seguir viviendo.
El incendio es malo para la dehesa, pero el vendaval es tanto o más dañino.
Y no caben cortafuegos ni previsoras brigadas de salvamento.
A las llamas se las ve venir. El viento solamente se siente cuando pasa sobre ti.
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