sábado, 16 de julio de 2011
sábado, 9 de julio de 2011
A pie o en bici
José Joaquín Rodríguez Lara
Veintiocho años corriendo detrás del niño de la bicicleta sin conseguir que le dejase dar ni siquiera una pedalada ni, menos aún, tocar el manillar, permitiéndole solo que le empujase en alguna cuesta arriba o que corriese a su lado en el llano, le han dado al PP la resistencia física y mental de un corredor de fondo. Eso sí, como ciclistas, los populares están desentrenados. Aunque montar en bici es una de las pocas cosas que, una vez aprendidas, no se olvidan jamás, es normal que les resulte difícil arrancar y tengan que mover el manillar para no caerse.
Veintiocho años de monopolio le han permitido al PSOE desarrollar la musculatura y las habilidades necesarias para manejar la bicicleta extremeña con los ojos cerrados. Los socialistas tienen personas y recursos para gobernar la región. Su problema es que, después de tantos años encaramados en el sillín, las carnes no están acostumbradas a caminar y, mucho menos, a correr detrás de una bici que ahora guía otro y que, para mayor escarnio, empuja y sostiene un tercero.
Entre las consecuencias indeseables de enquistarse en el poder (28 años es una eternidad, aunque sea una eternidad legítima), están la profesionalización de quienes gobiernan -la política debiera ser siempre un servicio y nunca un oficio-, y el amateurismo sin currículum de quienes nunca han podido gobernar.
El centro derecha que lideró la transición española hacia la democracia, en una etapa política, social y económicamente muchísimo más difícil que la actual, tenía en sus filas a toda una generación de profesionales, demócratas, muy preparados que se habían forjado en la administración franquista. En la Extremadura de hoy no los hay. Después de 28 años sin bicicleta, ni en la administración autonómica ni en las empresas públicas extremeñas, salvo alguna honrosa excepción, hay expertos afines al PP listos para ayudar al presidente José Antonio Monago. Hasta el portavoz de los populares en la Asamblea se comporta como si estuviese todavía en la oposición, como un peatón asombrado de tener timbre.
Para Guillermo Fernández Vara tampoco será fácil adaptarse al nuevo reparto de papeles. Cuando se acaba de perder el poder, hacer oposición no es declararle la guerra al partido minoritario, ni tampoco exigirle al que gobierna los resultados que uno mismo fue incapaz conseguir. Hacer oposición es ganarse al electorado. Y para eso, dispondrá de uno, cuatro o más años.
Muchísimo menos tiempo tendrá el nuevo presidente de la Junta para demostrar su valía. A Monago se le exige que le dé la vuelta a Extremadura incluso antes de que aprenda a correr en bici. Que una cosa es montar y otra muy distinta ganar carreras. Aunque lo peor sería que prescindiese de los patines, todavía necesarios para mantener el equilibrio, y empezara a soltarse de manos, a hacer caballitos e intentar derrapes. Si, por imprudencia, el presidente deja sus dientes en el suelo, debería procurar que los extremeños puedan seguir masticando.
Eso sí, Monago tiene la suerte de llevar en el portamaleta de su presidencia a Pedro Escobar, uno de los políticos que, sin haber podido tocar aún el manillar del poder, más saben de bicis. Y, encima, tiene la generosidad democrática de dar pedales, aunque le abra expediente Cayo Lara, ese pobre sonámbulo que se morirá del susto el día que despierte y descubra que no vive en la URSS.
sábado, 2 de julio de 2011
El arte de Monago
José Joaquín Rodríguez Lara
CON el permiso de Escobar, Casco y Nogales, que forman 'la terna del arte', y si Cayo Lara, el sobresaliente, no lo impide, el líder de los populares extremeños será investido presidente de la Junta de Extremadura dentro de cinco días, el 7 de julio, festividad de san Monago. Para tan fausto acontecimiento e histórica ocasión, los tres espadas de Izquierda Unida guardarán sus pañuelos rojos-sanfermineros y las huestes peperas sacarán del baúl la más española de las prendas, la mantilla azul imperial o de Rajoy, que lucirán con peinetas mal disimuladas.
Será un día memorable, sobre todo para el PSOE; un verdadero acontecimiento. Aunque en realidad, Monago quedó oficiosamente investido con la dignidad presidencial el día que la dirección socialista, por boca de Guillermo Fernández Vara, poco menos que mandó a hacer puñetas a los de Izquierda Unida: «Que se lo guisen y se lo coman», dijo Vara en plan 'azote implacable de los que mandan'.
Desde ese preciso instante, no es que José Antonio Monago se sienta presidente, es que empezó a comportarse como si lo fuera. Así que, en contra de lo que pregonan los agoreros, en Extremadura no solo no estamos desgobernados, sino que tenemos dos presidentes, dos, uno en funciones y otro que funciona como si ya lo fuese; y dos gabinetes, dos, uno que aún no se fue, aunque esté como ido, y otro que ya está aquí, aunque aún no haya llegado.
Han vuelto los 'ministrables' -bueno, los 'consejerables'-, como con la UCD. Dicen que Teresa Angulo, en Sanidad; Diego Sánchez Duque o José Antonio Echávarri, en Agricultura; Cristina Teniente, en algo; Adolfo Díaz-Ambrona, el sobrino, ni con todos ni en nada; Pedro Nevado-Batalla, en Administraciones Públicas; César Díez Solís, de maestro en Educación, de peón en Cultura y de aprendiz en Deportes; Antonio Fernández, exdecano de Económicas, o Manuel Medrano, economista municipal pacense, controlando el gasto y Monago presidiendo el gabinete de las siete sillas. Siete consejerías, solo siete. «Mi cartera, mi tesoro», dirán, babeando más que Gollum con el anillo del poder. Habrá quien se labre un escudo de armas con la gloria de haber sido 'consejerable' en el primer Gobierno de Monago.
A pesar de los 28 años de espera, alguien debería recordarle a los populares, en general, y a su presidente, en particular, que hasta el rabo, todo es toro. O diablo, otro bicho que bufa y también tiene cuernos. Si las prisas no son buenas consejeras, ¿el porqué habrían de ser buenas para la Presidencia? «Que no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar», cantaba Jorge Cafrune cuando los veranos todavía eran en blanco y negro. Para quien ha sido bombero, ¡y a mucha honra!, la celeridad no es precisamente un desdoro, pero haber hecho la primera 'crisis de gobierno' (con Adolfo Díaz-Ambrona, sobrino) incluso antes de que se haya formado el Gabinete, ¿no serán demasiadas prisas?
Y eso que Monago suele tener buen tino con los nombramientos. Aparca al personal con una maestría que para sí quisieran muchos: Laureano León, presidente de la Diputación de Cáceres; Fernando Manzano, de la Asamblea; Consuelo Rodríguez Píriz, vicepresidenta de la Cámara y Luis Alfonso Hernández Carrón, el de los altos designios, portavoz en el hemiciclo.
Ni los expertos en protocolo sientan al personal con más arte y menos ruido que lo hace José Antonio Monago, 'el presi'.
sábado, 25 de junio de 2011
El doctor Monago y míster Guille
José Joaquín Rodríguez Lara
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| José Antonio Monago, presidente del Gobierno de Extremadura. |
Monago es como Ibarra y Vara tiene rasgos que recuerdan a Floriano. Uno es impulsivo y hasta visceral; el otro, reflexivo y experto en el arte de lo políticamente correcto. Los dos tienen su chorreón de mala leche, como cualquiera. A Monago le sale a borbotones. No es de esas personas que le dan las gracias a quien le lleva la contraria. Vara raramente pierde los buenos modales, aunque hay quien le ha tratado en las distancias cortas, más allá de la política, en el terreno de lo personal, y asegura que el todavía presidente de la Junta 'tiene tres y la bailaera'. ¿Y quién no? ¿Su leche tendría que ser precisamente merengada?
Si ambos no quieren desfallecer bajo los esfuerzos que les exigirá la legislatura recién estrenada, tanto Monago como Vara necesitarán tomar dosis elevadas del brebaje que cocinan Escobárix, Cascobélix y Nogalescúrcix, los tres druidas de IU, estrechamente vigilados por Cállateyayoideafix, el perro con pulgas. Malas.
El guía del PP, la esperanza azul de la derecha, se tapará la nariz para beberse la pócima de un trago, sin paladearla, confiando en que le aporte fuerzas en su peregrinaje de problema en problema, y esperando, también, que le insufle prudencia, de modo que, aun revestido de la dignidad presidencial, nunca pise el callo que no debe pisar.
El líder del PSOE se inyectará el mejunje de IU en vena, como un suero nutricio que le mantendrá con todos los sentidos en alerta, para no perder el rastro de la presa. Ahí está, pues a por ella. Tiembla, IU.
Y, como en 'El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hayde', la novela que Robert Louis Stevenson publicó en 1886, semejante cambio de papeles se producirá por obra y gracia de un mismo brebaje, de un bebedizo que debe mitigar los arreones de Monago al tiempo que aviva el trote dulzón de Vara. Menos mal que todo se aprende. El primer Ibarra era bastante más impulsivo y estaba mucho más verde en la gestión que este Monago. Asegura en su libro el expresidente de la Junta que tuvo que 'romper cristales' para llamar la atención, pero algunos los hizo añicos simplemente por haberse pasado de frenada.
Lo mismo -no frenar a tiempo- empieza a ocurrirle a Vara, cuyo 'buenismo' gustaba mucho fuera del PSOE. Con la dosis que él mismo se ha recetado, dejará de ser el doctor bueno de la política regional para convertirse en Hayde, el malo malísimo que enterrará a míster Guille. Al perder la esperanza de seguir en la Junta, Vara le dijo al PSOE que está dispuesto a liderar la oposición. Además de aceptar el ofrecimiento -o eso o un congreso extraordinario-, el PSOE extremeño le exigió a su secretario general una demostración de que quiere, sabe y puede. «Sal y cómetelos», vinieron a decirle. Y lo hizo. Vara debutó como perro de presa en una rueda de prensa llena de dentelladas a Izquierda Unida. Fue un Vara desatado, descorbatado y desconocido que rozó la grosería y pisó los terrenos de la precipitación por no tocar el freno. Con lo que le aprecia Cállateyayoideafix Lara, la Mariacristina que nos quiere gobernar. O ahogarnos en las urnas.
Se acabó el Guille besucón y repartidor de abrazotes: el nuevo líder del PSOE mu-er-de. ¡Qué tendrá el brebaje de Izquierda Unida, madre, que no respeta ni a la familia! Los primos Izquierdo llevan toda la vida haciéndose guiños y, cuando les llega el momento de casarse y evitar la partición del olivar, descubren que se odian tanto que ni el interés les une ya.
El desprecio es un veneno corrosivo.
sábado, 18 de junio de 2011
Carriles
José Joaquín Rodríguez Lara
DE las tres señales de tráfico que advierten sobre la existencia de peligro por 'estrechamiento de la calzada', España se ha quedado a vivir en la que anuncia que la vía se estrecha precisamente por el carril de la izquierda.
Se trata, como usted bien sabe, de una señal triangular cuya parte central la ocupan dos trazos verticales. El de la derecha es prácticamente recto, aunque si lo observa fijamente durante un tiempo prudencial -digamos que entre cinco y nueve meses, o algo más, sin pestañear- notará que el extremo superior del palito derecho se cimbrea levemente, hacia atrás y hacia adelante, con oscilaciones de cachiporra, como si el carril de la derecha pretendiera echarse a dormir.
La parte superior del trazo de la izquierda, por el contrario, se tuerce claramente y sin complejos hacia la derecha, de modo que abandona la línea original, que aún resulta perceptible en sus raíces. Unas raíces centenarias que se remontan más allá de la época en la que este carril todavía era marxista y republicano, cuando Felipe González aún no había dicho «¡compañeros!, hay que ser socialistas antes que marxistas», despertando un fervor hereje; en un tiempo en el que aún faltaba mucho, pero mucho, para que los socialdemócratas de nuevo diseño enterrasen en lingotazos de champán y en 'glamour' de 'prêt-à-porter' al viejo socialismo. Si aquel canciller Willy Brandt levantase la cabeza y viese a este Zp se moriría de vergüenza. Nadie podía imaginar entonces que las reformas laborales que, años después, acuñaría Zapatero dejarían a la socialdemocracia borracha y hecha unos zorros. Y a Rajoy, el ángel flamígero de las reformas, sin nada que reformar. El cambalache de Zp es como si Gandhi se vistiera en las boutiques de El Corte Inglés después de haberse pasado la vida hilando su propia ropa para derrotar al imperio británico a golpe de rueca. Resulta increíble, pero es que hay modistos muy traicioneros, aunque no salgan en las páginas de las revista 'Vogue'.
Es decir, que la derecha española sigue en pie, más tiesa que un ajo y haciendo honor a su vocación de ser el palo que sostiene la bandera, mientras que la izquierda se ha corrido a su vera. Si al menos fuese un matrimonio por amor, pero no; se trata de un casorio por conveniencia. Al final va a ser cierto: si la indignada virtud ya no está en el medio de la plaza se debe, simplemente, a que al centro se han mudado la mayoría de los vicios.
¿Y qué hay a la izquierda de la nada? El arcén. Por ahí circula Izquierda Unida. Lo suyo siempre fue el carril-bici. Es su sino. A veces se engalla, como en Extremadura, plantándose en los pasos de peatones, y se pone a dirigir el tráfico de la democracia; más que nada por responsabilidad y porque en IU subsiste algún que otro dirigente crédulo y con la conciencia todavía en aceptable estado de uso. Pero lo hace corriendo el gravísimo riesgo de sufrir un atropello. Otro más. Ahora, o les pasa por encima el tren de la historia o los arrollará Cayo Lara, pero los tres de la fama pueden salir de la Asamblea más rojos que entraron. Rojos de vergüenza mezclada con mercromina, para sonrojo de todos.
sábado, 11 de junio de 2011
Fumata roja
José Joaquín Rodríguez Lara
IZQUIERDA Unida protagoniza el cónclave más intrincado que se ha visto. Nos tiene a todos en vilo. Cardenales para arriba, cardenales para abajo, confesiones colectivas de la feligresía, reuniones del Sínodo Ideológico y revoloteos del Espíritu Santo que, disfrazado de Cayo Lara, en dos aleteos se nos aposa en Extremadura para alumbrar a los purpurados y, de camino, echar alguna cagadita.
«¿Qué va a pasar?», pregunta el pueblo agobiado por la incertidumbre, mientras aguarda que el cardenal protodiácono (dice la Wikipedia) se asome al balcón del parlamento extremeño para anunciar la buena nueva: «Habemus Pápam. Eminentíssimum ac reverendíssimum Dóminum...».
Pues, por ahora, nada. Ni Monago I ni Vara II tienen la seguridad de ser el nuevo obispo de Roma la Chica. No hay fumata. Es que es muy difícil distinguir entre dos siameses que comparten órganos. ¿Dónde está la línea que separa a la izquierda de la derecha? ¿En las intenciones o en los hechos? ¿A quién debe sentar IU en la silla de Mérida? ¿Al hijo de un magistrado que se educó con los jesuitas en uno de los mejores colegios religiosos de España y es médico, o al hijo de un guardia civil de pueblo que estudió en la pública, se hizo bombero y, como pudo, cursó magisterio y derecho? ¿Todos los militantes y votantes y cargos del PP son señoritos? ¿Son obreros todos los votantes y militantes y cargos del PSOE? ¿Y qué es un obrero? ¿Una persona sin fortuna, que vive de su trabajo y apenca cada día para llevar unos euros a casa? ¿Es obrero un jornalero, un empleado intermitente, un funcionario, lo es un autónomo? Pues de esos hay muchos en el PSOE, pero también abundan en el PP. ¿Y un señorito, qué es? ¿Alguien con fortuna, personal o política, que no se sabe en que ha trabajado, si es que alguna vez trabajó, escoltado siempre por 'el servicio', que se codea con sus iguales en salones, palacios y hemiciclos, que usa gomina, se peina para atrás y nunca cotizó como trabajador? Hay muchos de esos en el PP, pero aún más en el PSOE, que lleva casi 30 años gobernando Extremadura. Y los parados y los indignados, ¿son la izquierda o la derecha?
Es curioso que en los pueblos, en los que hoy pone y quita alcaldes, IU no tenga tantos agobios decisorios como en la Asamblea de Extremadura. ¿Son más listos y resolutivos los concejales que los diputados autonómicos? Seguramente. Deben resolver problemas reales y acuciantes y, además, no hablan de izquierdas ni de derechas hasta que la discusión sube de tono. Y no lo hacen porque, para quien vive en un pueblo, la gente tiene nombres y motes y en mentándola, todo el mundo sabe el origen, los medios de vida y la ideología de la Tony, del Relicario, del Faustino y de la Severa. ¿Para qué le van a mirar el carné de militante o el programa electoral si les averiguan las intenciones antes de que se les ocurran?
Pero en el Parlamento es distinto. Y así están, pobrecinos, los tres cardenales de IU, que iluminados desde abajo por las bases y desde arriba por el santo palomo Cayo, ni pegan ojo ni hacen ganas de comer. Tres kilos dice que ha perdido monseñor Pedro Escobar. Y lo portentoso no es que los haya perdido, sino que los tuviese y no los luciera. Como sus ilustrísimas no se decidan pronto, les pasará lo que al burro de Buridán (está en la Wikipedia) que, hambriento y sediento e incapaz de decidir si primero comía o bebía primero, se murió de hambre y de sed.
El pueblo está más entretenido que viendo reñir a 'la Esteban' y a 'la Campa' (si no las conoce, busque en la Wikipedia), pero, si IU sigue perpleja, habrá que hacer como en el siglo XIII cuando, ante la desgana de los cardenales para elegir al papa, se les encerró a pan y agua. Pactaron en un santiamén. De aquel menú vienen los cónclaves -'cum clavis', con llaves, con las llaves de IU, claro, (lo dice la Wikipedia)- y las fumatas vaticanas. La fumata de Mérida -como si la viera- no será ni blanca ni negra ni azul y grana. Solo roja. Flojea el villarato.
sábado, 4 de junio de 2011
El ex, el es y el no es
José Joaquín Rodríguez Lara
TODO el mundo debería tener derecho a 15 minutos de gloria». Lo dijo Andy Warhol, el artista que pintaba latas de sopa para mostrar la esencia del pueblo norteamericano. Andy se quedó corto. En vez de «gloria» tendría que haber dicho 'poder', 'poder presidencial'. ¿Qué será eso, madre? No lo sé, pero debe de ser algo grandioso, descomunal. Como el mordisco de un vampiro. Contagioso e incurable. Si cada persona fuese presidente al menos 15 minutos, con sus despachos, sus secretarias y secretarios y jefes de gabinetes y recuas de altos y de bajos y de medianos cargos, con sus escoltas, sus coches oficiales, sus reverencias, sus sueldazos públicos, sus reuniones y sus adulaciones y sus ensoñaciones al más alto nivel, todos seríamos mejores personas, ciudadanos más honestos y, sobre todo, comprenderíamos muchísimo mejor a nuestros políticos. Entenderíamos, por fin, sus hemorragias de orgullo y de soberbia y de incoherencia y de soledad, y votaríamos con el temor y la osadía del que lanza el penalti decisivo en la final soñada. Como lo más parecido a esos 15 minutos de gloria es cantar en Eurovisión, y canta quien canta, resulta difícil meterse en la piel de los que han gozado o gozan o están a punto de gozar de la gloria presidencial. Los políticos son unos incomprendidos. ¡La incomprensión, al poder!
Juan Carlos Rodríguez Ibarra (del PSOE barroco), que durante más de 24 años gobernó Extremadura con el poder de un virrey y abdicó como y cuando quiso, convertido en 'reina madre' hasta el final de sus días, se siente desaprovechado como ex y aprovecha las informaciones periodísticas sobre lo que nos gastamos en mantener su estatus de ex para arremeter contra la Asamblea, por no defenderle, y contra la Junta, que le caía a mano, y contra IU, que pasaba por allí, y contra Alemania, por los pepinos. Ibarra sigue en forma. Afirma que la Asamblea y la Junta (Ramón y Guillermo) «o no han sabido o no han querido» aprovechar su esfuerzo como ex. Arguye que él, como ex, puede hacerlo mejor que Calderón, el de la NBA, como titular. Desde luego, para no jugar ni 'los minutos de la basura', Ibarra es un fichaje caro. Así que renuncia al 'ex estatus' porque no le «resulta rentable». ¡Rentable a él! Se va del despacho y sólo volverá si se lo piden. «¿Se puede dimitir del cargo de ex?». Sí, volviendo. «Pero eso pondría a IU en los brazos del PP». No importa, Ibarra ya la ha puesto.
Guillermo Fernández Vara (del PSOE minimalista) dijo tras la debacle electoral socialista que algunos «compañeros» deben dar un paso atrás, y añadió que estaba recogiendo el despacho y tenía en la mano la solicitud de reingreso en su plaza de forense. Los votantes le piden paso y parecía que, como buen conductor, Vara facilitaría el adelantamiento. Pues no. Todo lo contrario. Acelera. Está dispuesto 'a tapar la calle, que no pase nadie', con la ayuda 'impagable' de la izquierda pobre. Al parecer, al PSOE no le conviene parar para repostar. Que se regenere quien lo necesite.
José Antonio Monago Terraza (del PP azul imperial o de Rajoy) sigue eufórico. Le han dicho tantas veces presidente durante la campaña electoral que se lo ha creído. Tiene más derecho y más posibilidades que nadie para serlo, pues hasta Ibarra le apoya, pero no le será fácil: primero debe elegirle la Asamblea y, después, aceptarle la calle. Ardua tarea para quien malvende el cargo afirmando que no acepta como presidente a Vara, que lo ha sido, lo es y, como se empeñe Monago, lo será.
Y en este reparto de primeros actores, por orden de aparición ante el micrófono, ¿dónde está Escobar? Pedro Escobar Muñoz (de IU cerrajera), está en el limbo. Ni ex, ni es, ni no es, ni sabe si tendrá bici oficial o será embajador de la Santa Indignación ante la Asamblea.
La política es una guerra. Desde luego que sí, y «la guerra es un asunto demasiado importante como para dejarlo en manos de los generales». La frase no es de George Clemanceau (1841-1929), sino de una indignada -la de rastas y camiseta negra, esa misma-, atrincherada frente a la Delegación del Gobierno, en Badajoz, que dijo ayer: 'La política es un asunto demasiado importante como para dejarlo en manos de los políticos'.
¡Presidenta!, ¡presidenta!, ¡presidenta!
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