sábado, 13 de noviembre de 2010

Plano de la película 'Atraco a las tres', obra maestra de José María Forqué. En la imagen, de izquierda a derecha,
se ve a los actores Agustín González, Manuel Alexandre, José Luis López Vázquez, Casto Senda (Cassen),
Alfredo Landa y Gracita Morales.


De película

José Joaquín Rodríguez Lara


A veces veo muertos. Y no es que sea vidente ni consuma alucinógenos. Es que, a veces, los muertos, como Berlanga, como Manuel Alexandre, como Lemond, como Agustín González, y como tantos otros grandes actores y directores me devuelven a la vida, a lo que ha sido mi vida hasta hoy. Hay muertos con una vitalidad increíble.

sábado, 6 de noviembre de 2010


El orden de los factores

José Joaquín Rodríguez Lara


Me gustan las palabras. Resulta raro, ya lo sé, pero no me importa. Será cosa de la edad. Para mí lo raro es aprovechar el fin de semana para lavar el coche; y no sólo hay muchos conductores que sistemáticamente ejecutan este rito de fervor profano, sino que buena parte de ellos llevan al lavadero a la familia –cónyuge y criaturitas– e incluso al perro. La familia que lava unida, permanece unida, que a las comidas familiares las carga el diablo de las malas digestiones.

Las palabras marcan épocas. Son como capas arqueológicas que se depositan unas sobre otras, poniéndole fecha a los días. Si le hablan de ‘la carrera de Indias’, no piense en jóvenes de pies ligeros y con trencitas, sino en galeones cargados de oro; y si es ‘la pertinaz sequía’, sepa que el asunto se remonta al Cuaternario franquista. Los del ‘búnker’ salieron a relucir cuando el franquismo político y sociológico desempolvó los cuarteles para defenderse de la democracia que se le venía encima. El poder, incluso el dictatorial, se ejerce muchas veces a la defensiva. En fin, el ‘consenso’ lo inventó Suárez; la ‘cohabitación’, Chirac; ‘la Quinta del Buitre’, el periodista Julio César Iglesias; el ‘Drin tin’, Cruyff; ‘el miedo escénico’,Valdano; ‘los galácticos’ es una palabra valenciana que le han colgado a Florentino, pero el ‘talante, talante’ lleva la firma de Zapatero,y el ‘apalancamiento’ se hizo famoso con la crisis, como‘los brotes verdes’...

¿‘Brotes verdes’?, pero ¿hubo alguna vez ‘brotes verdes’? ¿Se mustiaron, como‘la alianza de las civilizaciones’? Es natural. Transitamos por una edad a la que ya habría que irle poniendo nombre, como se le dio a la Edad Media, a la Moderna y a la Contemporánea. Si no está bautizada todavía quizás sea por la enorme abundancia de acontecimientos (grandes guerras, viajes espaciales...), inventos (el bolígrafo, la fregona, el móvil...) y desazones (el fin de mes, ZP, Obama...) que jalonan este tramo del camino. Pero hay una circunstancia que está presente en todos los acontecimientos, inventos y desazones: la aceleración. La vida siempre fue un bidón, pero jamás dio tantasvueltas ni a tanta velocidad.Ya nada es para siempre, pocas cosas duran, casi ninguna permanece. Ni siquiera los brotes’. Las novedades se quedan viejas antes de ser noticia.

Y, sin embargo, algunos latiguillos periodísticos se repiten, como tortugas que desovaran en las mismas playas desde el inicio de los tiempos. Aún no se ha extinguido ‘el voraz incendio’; todavía se continúa ‘cesando’ a los destituidos o despedidos, como si se pudiera asesinar a los suicidas. ¿Y qué me dicen del ‘presunto’? Los medios informativos desaparecerían si no existiese el término‘presunto’. «El ‘presunto’ criminal esperó a su víctima y armado con un gran cuchillo de cocina le asestó cuarenta cuchilladas, doce de ellas mortales de necesidad». Del individuo no hay fotografía, pero queda retratado. Eso sí, mientras que el juez no diga lo contrario, ni es un homicida ni un acusado ni un detenido ni siquiera un sospechoso. Es un ‘presunto’. No hay cosa peor. Ni la condena mancha tanto.

Esta semana se supo que una pobre mujer, muda y con problemas mentales, ha ‘convivido’ una semana con el cadáver de su marido en Zafra. Es una muestra de fidelidad y de impotencia increíble y terrible a la vez. ¿Cómo se puede ‘convivir’ con un cadáver si, en la pareja, no hay convivencia cuando uno de los cónyuges no participa en los deseos del otro? Consultada la Fundación del Español Urgente, dictamina: «Tiene cierto sentido figurado. Del mismo modo que decimos ‘convive con sus problemas’». Pero los problemas, o palpitan o no son problemas. Carecer de dinero no es un drama, el problema es necesitarlo y no tenerlo. Si ‘vivir con’ fuese lo mismo que‘ convivir’ conviviríamos con los muebles, el suelo y el grifo de la cocina. El orden de los factores sí altera el producto. Creo.

jueves, 7 de octubre de 2010

Manos que hablan

José Joaquín Rodríguez Lara 


HACE años, cuando don Antonio Barquilla era un trabajador de la información y no un empresario de las finanzas, como ahora, vivimos en una pensión cacereña. Era un establecimiento singular, pero no por acoger a dos periodistas que soñaban con cambiar el mundo, sino porque en ella dormían seis u ocho jóvenes mudos. Y mudas. Era casi un congreso de la sordomudez. Eso sí, cuando tales huéspedes se despertaban -y lo hacían al mismo toque de diana, pues trabajaban en la misma fábrica- nadie podía dormir en la casa. En mi vida he visto mudos que dieran más voces. Más que de silencios, su mundo estaba -supongo que lo seguirá estando- lleno de gritos, de gestos, de espontaneidad y de autenticidad. Verlos era un verdadero espectáculo. Oírles, no tanto.

Siempre me ha llamado la atención la gran capacidad de gesticular, de cantar con las manos, que tienen las personas sordomudas. Y he conocido a muchas. Crecí con una de ellas: mi primo hermano Aurelio Rodríguez Rastrollo. Nos criamos juntos, así que jamas hemos tenido problemas de comunicación, a pesar de que los dos desconocemos 'el lenguaje de signos'. El lenguaje 'oficial', el que sale en televisión, el que se 'habla' en instituciones como la Asamblea de Extremadura y está presente -visible pero discreto- en cualquier desfile de ponencias.

Frente a la magia, la capacidad de invención y de improvisación que derrochan esas personas que ni pueden hablar ni, tal vez, oyeron jamás el canto de un pájaro, el paso de un tren o el arrullo de una madre y, a pesar de ello, se expresan con todo su cuerpo, está el 'lenguaje de signos', una suerte de esperanto digital, no poco ortopédico, que recuerda al discurso de las azafatas antes del despegue y que, como él, de inmediato divide al pasaje en dos bandos: quienes tienen pocas horas de vuelo, no logran entender el porqué hay baches en el aire y confían en la utilidad de saber inflar el flotador soplando por un canuto, aunque el viaje sea de secano; y quienes están hartos de volar, han visto varias veces a esa misma azafata poniendo los morritos en la cánula y lo que verdaderamente quieren es desabrocharse el cinturón de seguridad.

Extremadura, tan pionera a veces, tan desconocida siempre, tan madrastra con los suyos, tuvo en Jacobo Rodríguez Pereira, de Berlanga (1715), al precursor de la enseñanza de los sordomudos. Asombró a los sabios de Francia y al mundo. Lógicamente, había emigrado. Aquí, cuando no te destierra el hambre lo hace la Inquisición de Llerena.

La mayoría de los hablantes o no repara en el lenguaje de signos o lo considera un incordio, pero para muchísimas personas es la 'banda sonora' de su vida. Por eso debe estar en los congresos, los mítines, las misas, los discursos oficiales, en la Asamblea y en todos los parlamentos. Aunque ninguna de las personas presentes lo necesite o lo entienda. No es un gasto inútil, es un gesto que nos enriquece. ¿Acaso se apagan las farolas de las calles cuando nadie pasa?

Aunque lo que debería pasar un día no lejano es que subiese a la tribuna de los oradores alguna diputada o diputado con mudez para dirigirse a sus colegas de hemiciclo en el lenguaje de signos -el propio o el oficial- que sería transformado en palabras por el servicio de sonorización del silencio de la propia Cámara. Seguro que una buena ración de señorías no escucharía la traducción. Y no por dominar el lenguaje de los mudos y comprender sin ayuda hasta el discurso que no entiende el micrófono, sino por cerrar la boca y los oídos tan pronto como llegan al escaño. Hay parlamentos con más sordomudos que la pensión de Cáceres.

Si a usted no le interesa la sordomudez, al menos vea el vídeo 'Un beso de esos'. Pero la versión 2. Esta en YouTube. Le encantará la canción de Tony Zenet y le fascinarán las manos de Raisa. Hablan en verso.

viernes, 6 de agosto de 2010


Suspenso general

José Joaquín Rodríguez Lara


Nos ponen el termómetro cuando ya han llegado al convencimiento absoluto de que tenemos calentura. Entonces, si han palpado con sus propias manos la fiebre, ¿por qué meten el dedo en la llaga? Para dictaminar mercurialmente –antes– o digitalmente –ahora– a qué temperatura nos estamos cociendo. Por un prurito de docta precisión. La décima es lo que importa, es lo verdaderamente difícil de aquilatar, pues los grados –uno arriba o dos abajo– se miden a ojo. «Esta criatura tiene fiebre». «Serán unas décimas». «¿Unas décimas y se le están derritiendo las orejas?»

Con las encuestas pasa tres cuartos de lo mismo. No es necesario sondear al muestrario social que, en un buen porcentaje, ni quiere saber ni tampoco contesta. Basta con escuchar lo que se dice en la calle, en el bar, en el despacho del pan, en el banco del parque o en cualquier otro lugar en el que coincidan una persona con ganas de hablar y otra con tiempo para escuchar. Pues aunque sondear la opinión del personal resulte innecesario, nos gastamos un pico y parte del otro en hacer encuestas para descubrir lo que todo el mundo sabe: que este curso político no aprueba nadie.

Según el último sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas, que todos pagamos para preguntarle a unos miles lo que le interesa saber a unos cuantos, todos los políticos suspenden. ¿Todos? Menos mal que el CIS nos saca de dudas. De lo contrario, ¿cómo íbamos a saber que no hay quien haga gavilla de ellos? Ni de ellas, a pesar de que las chicas suelen ser más aplicadas. Zapatero, que es el primero de la clase, no llega ni al regular: 3,48; Rajoy, que tiene cara de empollón, se luce: 3,14; a Rubalcaba no le salvan ni la GuardiaCivil ni la Policía ni su cara de funerario y catea por poco (4,47), pero suspende; Carme Chacón tiene facciones de mujer lista, pero se queda en 4,23. Y Rosa Díez, que estudia por libre, en 3,69.

«La sociedad de este país está desolada por la mala calidad de la política y el escaso acierto de las élites que la dirigen, conclusión que debe de haber obtenido de la escasa maestría con que las formaciones parlamentarias han tratado de afrontar la recesión económica, con su secuela de desempleo y empobrecimiento colectivo», decía ayer el editorial de HOY. Pues, aun pareciendo gravísimo el diagnóstico, no es lo peor. Zapatero baja y se queda en 3,48 -nota que no da para sacar pecho ante las visitas, como la de Michelle Obama, ni tampoco para irse de vacaciones- pero es que Rajoy no pasa del 3,14, que son 34 décimas menos que ZP; y Mariano ¡está subiendo! Caray con el escalador. Un escalón más y se sale. Eso sí, según el CIS, el PP le saca al PSOE una ventaja de 6,3 puntos en intención de voto. ¿Para votar a quién? ¿Al 3,14, el número ‘pi’?

Que esa es otra, ¿para qué gastamos el dinero de todos en hacer encuestas sobre a quién votaríamos hoy, en el caso de que hoy hubiese elecciones, cuando el jefe de los encuestadores –ZP– y el guardián de las urnas –también ZP–, no quiere convocar elecciones ni para hoy, ni para mañana ni para el año que viene? Visto así, las encuestas para quien las trabaja. Cada elector es, en sí mismo, un centro de investigaciones sociológicas, un encuestador y un encuestado que, aunque no conteste, sabe muy bien lo que piensa y no ve elmomento de decirlo.




jueves, 27 de mayo de 2010


Vidas paralelas


José Joaquín Rodríguez Lara


LO sabía ya hasta Pellegrini, pero no por ello dejó de ser la noticia de la tarde, la comidilla de la noche y el desayuno de esta mañana: el presidente del Real Madrid echó ayer del banquillo al entrenador chileno, el reservado, el austero, el del buen vestir, el de las plusmarcas inservibles que con sus números no vende suficientes periódicos deportivos.

Mourinho, no tema usted ni a Inda ni a los idus de marzo, pero guárdese de las portadas y de las 'contras' de Valdano.

El técnico que se va del club merengue es todo lo contrario del que se espera que llegue; del Mourinho extravertido, el de la corbata floja y la lengua suelta, el portugués de los títulos imposibles -campeón de Europa con el Oporto y con un Ínter armado con retales-, el entrenador que vende periódicos en Portugal, en Inglaterra, en Italia y, sobre todo y por encima de cualquier otra cosa, en Madrid, que es la 'city' de la prensa deportiva mundial.

Florentino Pérez le da un giro de 180 grados al banquillo del Madrid para que el club siga siendo el que fue: un equipo ganador. Pellegrini y Mourinho bien podrían tener un capítulo en las 'Vidas paralelas' -lea este libro; le gustará- que Plutarco escribió allá por el siglo II. El historiador, biógrafo, ensayista, magistrado y embajador, también fue traductor, como Mourinho, aunque el griego no traducía a Robson, británico y técnico del Barcelona, sino los designios de las pitonisas de Apolo en el Oráculo de Delfos, del que fue sumo sacerdote. Por lo demás, según el comedimiento de sus escritos, Plutarco parecía estar más cerca del estilo elegante de Manuel Luis Pellegrini Ripamonti que de la nueva filosofía blanca.

En cualquier caso, material no iba a faltarle. El chileno, al que en su país llaman 'El ingeniero', por su titulación universitaria, fue defensa central e internacional en 28 ocasiones. Dejó de jugar al fútbol cuando un juvenil, de 17 años, le ganó en un salto en el área y cabeceó a gol. El muchacho se llamaba Iván Zamorano y llegaría a ser delantero centro del Real Madrid. José Mario dos Santos Félix Mourinho, al que llaman Mou, para abreviarle el título, quiso ser defensa central, pero cuando vio que no valía se hizo entrenador, y ahora defiende mucho mejor.

«Mourinho es uno de los mejores del mundo, si no el mejor». ¿Lo ha dicho la pitonisa de Apolo por boca de Plutarco? Mejor aún, lo ha dicho Florentino, el de los blancos designios.



sábado, 22 de mayo de 2010

Nuestro 'Carrusel'

José Joaquín Rodíguez Lara


ALGUIEN que descubrió la radio deportiva mientras escuchaba a Vicente Marco y que vincula a Joaquín Prats con Eurovisión, primero, después con el fútbol de los domingos y sólo en tercer lugar con el '¡a jugar!' de 'El precio justo', siempre tendrá un rescoldo de afecto para dedicárselo a 'Carrusel Deportivo', «el de los goles», que pregona Pepe Domingo Castaño con una emoción y un entusiasmo inasequibles al cansancio y al distanciamiento.

Por circunstancias tan comentadas ya por casi todo el mundo como incomprensibles todavía para muchísimas personas, 'el Carrusel' se nos ha roto cuando más sólido parecía, cuando era la estrella del dial y la nave capitana de las audiencias radiofónicas deportivas. Queda el nombre, el formato, el horario, los contenidos, pero a partir de ahora, con la marcha de Paco González, de Pepe Domingo Castaño y, previsiblemente, de otros significados integrantes del equipo que ha hecho de 'Carrusel' una referencia de comunicación, el programa será distinto. Incluso puede que llegue a ser mejor, pero será otro 'Carrusel', tendrá otros oyentes y le dará un sabor diferente a los domingos.

Más allá de informar, que informaba y mucho, de entretener y de divertir, el 'Carrusel' ha sido durante los últimos años un encuentro de amigos, una fiesta de mucha gente famosa, que se conocía desde hacía años y se divertía trabajando, seguida por millones de oyentes anónimos a los que la magia de la radio convertía, por unas horas, en 'amigos de toda la vida', cuando no en casi familiares, de Paquito, de Pepe Domingo, de Oli, del gran Guasch, de Poli Rincón, de Laurita y hasta de Morata y de Cañizares.

El responsable de que surgiera ese clima de amistad, de abierta juerga informativa, de gran club de los goles, es sin duda Paco González. Es muy difícil ser a la vez -y demostrarlo en las duras y en las maduras- director y amigo, jefe y compañero, maestro y aprendiz, hechicero y gafe. Todo en la misma pieza. El señor González lo ha sido; Paquito, lo es; allí donde vaya, 'Nostrapacus', mantendrá sus poderes, en los que, en principio, está incluida buena parte de su audiencia.

Lógicamente, el mérito no ha sido sólo de Paco González. Él mismo reconoce que nada hubiese podido hacer sin su equipo, pero tampoco el equipo habría conseguido tanto reconocimiento público sin el trabajo que ha realizado Paquito como catalizador de esfuerzos y de habilidades. Por eso, pocos podían imaginar que pasara lo que increíblemente ha pasado, aunque en el 'Carrusel' de Paco, podía pasar de todo.

De hecho, para que pasara lo que no pasaba estaba él, con sus 'profecías'; para que la publicidad pasara de ser una cuña a todo un espectáculo, siempre estuvo Pepe Domingo Castaño y su 'coro de niños cantores'; para contar lo que pasaba en el campo, nadie como Oliveros; para no dejar pasar ni una, como ahora -con toda razón- no le pasan una a él, Manolo Lama; para analizar con profundidad el porqué no podía pasar lo que estaba pasando ni pasaría nunca lo que acababa de pasar, poniendo de los nervios al respetable, Poli; para pasarse tres pueblos, Alcalá; para repasar el pasado, Petón; para no pasar desapercibido, el árbitro.

Y para pasárselo en grande escuchando la radio, nuestro 'Carrusel', de Paco González.


sábado, 8 de mayo de 2010


Nosotros

José Joaquín Rodríguez Lara


Ni el paro, ni el aislamiento por tierra mar y aire, ni el envejecimiento de la población, tampoco la emigración ni, por supuesto, los Puerto Hurraco y otras naderías semejantes: el principal problema de Extremadura y, seguramente, el desencadenante de todos los demás, es la falta de cariño. Y no porque en otras regiones no nos quieran, sino debido a que no nos queremos en esta. O, al menos, porque no nos lo manifestamos tanto como deberíamos.

Siempre fue Extremadura una tierra abierta, sin montañas, sin alcázares ni atalayas. Ni verdaderas ni inventadas. Quien quiso entrar en los límites geográficos de su territorio, entró; quienes desearon atravesarla -unas veces a espada y otras a bayoneta- la atravesaron, y quienes han preferido quedarse a vivir en ella, aquí siguen. Ni se les afea su procedencia ni se dificultó su asentamiento, pues la hospitalidad es uno de los valores que caracterizan a esta región, a la que la historia situó en un rincón del mapa que, posiblemente, nadie quería para sí.

Tanto extrema Extremadura la práctica de esa virtud acogedora que, no pocas veces, ensalza lo ajeno en detrimento de lo propio. Lo que llega de fuera siempre gusta más. No importa que baje por las cañadas reales o que suba en la mochila del trilero, que llegue como tormenta atlántica o que se abra paso a golpe de pregón levantino; si viene de fuera, si no es de aquí, a la fuerza tiene que ser mejor.

En Santa Marta de los Barros, durante la Guerra de la Independencia, la madre del cura alojó en su casa a coroneles franceses -uno de los cuales presumía de ser pariente de Napoleón- y los trató tan bien que, antes de irse, los militares le entregaron un certificado de 'excelencia hospitalaria', con el ruego de que se lo mostrase a quien pasara por su casa. La mujer no sabía francés, pero guardó el documento. Poco después se alojó en la misma vivienda un inglés al que muy ufana, la madre del cura mostró el certificado de agradecimiento dejado por los coroneles franceses. Decía así: «Malheureux espagnols, votre ignorance et votre fanatisme font tout votre malheur. Si vous éties plus alacres vous series peutêtre plus justes, moin ferosse plus sivilisées, et par consequent plus heureux et plus estimables».

¿Somos unos desgraciados, feroces e incivilizados? Desprendidos e ingenuos, seguro que sí. Lo nuestro está destinado a que lo envasen y lo comercialicen los demás. Sea mano de obra cualificada o sin cualificar, energía eléctrica, la Patrona celestial, bolsas de sangre o perniles adobados con hierba y bellotas. Así ha sido siempre. En más de un pueblo se recordará aún el paso de gentes que se asomaban a los zaguanes de las casas para llevarse los almireces, viejos platos de barro vidriado y otros enseres domésticos, más desportillados por los años que por el uso, a cambio de entregar lecheras de plástico, hueveras de plástico y barreños también de plástico o, a lo sumo, algunas monedas.

Cierto es que, a veces, hasta reclamamos con verdadero orgullo tribal el parentesco con algunos de los nuestros, pero se debe a que ya han triunfado fuera y se les reconocen sus méritos artísticos, deportivos o sociales. «Nació en mi pueblo». «Sus padres eran de aquí». «Fuimos juntos a la escuela». Muy entrañable, pero poco más. Y no es que no nos importe nuestra tierra; es que no sabemos demostrárselo. Tenemos que perderla para quererla. Entonces nos humedece los ojos un hilillo de emoción extremeñista que pocas veces, por no decir nunca, cuaja en un impulso sostenido.

Nadie necesita el regionalismo político para prosperar, aunque algunos -Canarias, por ejemplo- bien que lo explotan, ni tampoco el nacionalismo radical, pero sería conveniente pensar un poco en lo nuestro, en nosotros. En un 'nosotros' que no resulta excluyente, pues aunque antepone el 'nos', también incluye a los 'otros'. Nos falta amor propio; tenemos que aprender a querernos a nosotros mismos. Extremadura debe ser madre y no madrastra.