jueves, 29 de octubre de 2015

'Edipo', una tragedia contada con humor y muchísimo arte


José Joaquín Rodríguez Lara


Esto sí es divertido, esto sí es un espectáculo, esto sí es arte, esto sí es teatro. 'Edipo'. El 'Edipo' de Sófocles. El mito clásico de toda la vida. El 'Edipo' de tantas y tantas y tantas representaciones, pero representado de un modo diferente, genial.

Sólo tres intérpretes sobre el escenario del teatro López de Ayala, de Badajoz. Jorge Cruz, Nadia Santos y Tiago Viegas. Ni un solo decorado; la escena completamente vacía. El reparto, vestido de calle, como si los actuantes hubiesen bajado a comprar el pan. Y el público, riendo, hipnotizado durante sesenta minutos justos. 

Una función de teatro puede durar algo menos, pero no necesita extenderse mucho más para satisfacer. Lo importante no es que sea larga, lo importante es que cumpla su función.

¿Qué tiene este 'Edipo' que la Companhia do Chapitô, de Lisboa, ha traido al 38 Festival de Teatro de Badajoz?

Tiene arte, mucho arte. Tiene imaginación, mucha imaginación. Tiene inteligencia, mucha inteligencia. Y tiene dominio del medio. Mucho dominio. Y el medio, ya se sabe, es el mensaje. No es lo mismo representar una obra de teatro, con palabras, con gestos, con acciones, con ocupación del espacio escénico, como hace esta compañía portuguesa, que recitarle, por no decir leerle, un texto teatral, por muy bueno que pueda parecer, a los amigos sentados en la primera fila de butacas. El teatro, o es un espectáculo o no es teatro.

En la undécima entrega del 38 Festival de Teatro de Badajoz, tres intérpretes, sólo tres, han encarnado a los numerosos personajes del culebrón clásico -que en modo alguno es un clásico culebrón-, y lo han hecho con una calidad formidable. Con humor, con eficacia y sin necesidad de tergiversar las líneas maestras del mito universal.

No es imprescindible conocer la epopeya edípica para disfrutar de esta propuesta de la Companhia do Chapitô. Pero si la conoces, si sabes algo, aunque sea poco, de Yocasta, del rey Layo, del ciego Tiresias y de la Esfinge de Tebas, entonces el gozo se multiplica.

Este 'Edipo' portugués, dialogado en castellano, es sin duda una de las mejores ofertas, y son muchas y diversas, incluidas en la programación del 38 Festival de Teatro de Badajoz. Y sus intérpretes, Jorge Cruz (Layo, Creonte, el pastor de Corinto..., entre otros muchos personajes), Nadia Santos (Yocasta, Tiresias, la Esfinge, una oveja...) y Tiago Viegas (Edipo, el de los pies hinchados, el asesino de su padre, el marido de su madre, el padre de sus hermanos, el viudo de su progenitora, el cuñado de su tío, el vencedor de la Esfinge, el animal que primero anda a cuatro patas, luego a dos y por último a tres, el ciego, en fin, el desgraciado Edipo) van a permanecer durante algún tiempo en la memoria de quienes les hemos visto sobre las tablas del teatro López de Ayala. 

Porque su trabajo consigue que te rías de Edipo y de su tragedia sin perderle el respeto que el mito y Sófocles merecen.

La oveja, la montaña y Edipo. (Imagen bajada de www.youtube.com)


miércoles, 28 de octubre de 2015

'Algo en el aire' que resulta infumable


José Joaquín Rodríguez Lara



El mundo del teatro está lleno de héroes. La gran mayoría de ellos existe gracias al escenario. Muchos son héroes de ficción, simples personajes. Otros son héroes de carne y hueso, simples personas.

Pero, en ocasiones, los héroes no están sobre las tablas, sino en las butacas. Son héroes anónimos, simple público.

Durante la representación de 'Algo en el aire', décima entrega del 38 Festival de Teatro de Badajoz, había mucha heroicidad entre el respetable; personas que han pagado su entrada, que han ocupado su localidad, que han visto la función de cabo a rabo y que hasta han aplaudido al final. No como otras, que se han marchado a mitad de la representación, comportándose como simples héroes impacientes.

Ciertamente tiene mérito tanto quien se levanta como quien aguanta. 'Algo en el aire', de David Harrower, representada por José Vicente Moirón y Pilar Massa, es una obra difícil de digerir. No es entretenida, no es divertida, no es conmovedora, no emociona... Carece de acción. Casi no es teatro. Más que una obra dramática parece un ejercicio académico de virtuosismo profesional.

José Vicente Moirón es actualmente uno de los mejores actores extremeños. Es expresivo, tiene voz y con 'Algo en el aire' demuestra que puede interpretar simultáneamente a varios personajes recurriendo simplemente a pequeños cambios en la entonación. No obstante, su indudable calidad interpretativa no puede convertir en una fiesta a un espectáculo tan falto de empatía como es 'Algo en el aire'.

En la función sólo hay dos intérpretes: José Vicente Moirón, que encarna a Athol, y Pilar Massa, que le pone voz a Norma. Athol y Norma permanecen durante toda la representación sobre el escenario, pero no conversan. Simplemente monologan en paralelo y de forma alternativa. Son como dos raíles de ferrocarril que ni siquiera está unidos por las traviesas. Athol y Norma son hermanos, pero llevan catorce años sin hablarse, pasa en las mejores familias, y no iban a romper con la tradición precisamente en el 38 Festival de Teatro de Badajoz.

El espectáculo me ha resultado infumable, pero hay gente a la que le ha gustado y está en su derecho de proclamarlo a los cuatro vientos y de aplaudir. El mismo derecho que tiene cualquier persona a levantarse de su butaca y marcharse del teatro sin esperar a que acabe la función.

La mayoría del público que asiste a las representaciones teatrales suele ser muy complaciente. En otros espectáculos -el fútbol, los toros, incluso la ópera- el desagrado se demuestra con silbidos, abucheos, pateos y hasta lanzando almohadillas. En el teatro no, en el teatro el público observa, escucha, calla y hasta aplaude, aunque sea sin entusiasmo.

Quedan ya muy lejos los tiempos de los 'chorizos', de sus rivales los 'polacos' y de sus sucesores los 'panduro'. El castizo universo de los reventadores teatrales hace tiempo que reventó, por falta de efectivos. Del viejo patio de butacas del teatro español ya sólo nos queda la claque -familiares, amigos, paisanos, compañeros...- y no se la ve en todas las funciones. A veces, hasta se la echa de menos.

Pilar Massa y José Vicente Moirón en 'Algo en el aire'. (Imagen bajada de hoyesarte.com)





martes, 27 de octubre de 2015


Silvia Marsó y otros seres enjaulados en 'El zoo de cristal'

José Joaquín Rodríguez Lara


Casi todo el mundo sabe que los zoológicos son cárceles de animales. Por mucho que se disimulen los barrotes y los fosos, ni siquiera puede afirmarse que los inquilinos de las jaulas vivan en una situación de libertad vigilada. Hasta las propias bestias asumen que están presas y suelen mostrarse dispuestas a aprovechar cualquier oportunidad para huir de su encierro. La huida es la primera obligación de quien se siente injustamente cautivo.


Los personajes de 'El zoo de cristal', de Tennessee Williams, también están enjaulados. Ninguno de ellos lo ignora y todos buscan, de forma casi compulsiva, un agujero en el cerramiento que les permita escapar de su lamentable situación.

Amanda, la madre sureña que una vez fue rica, intenta escapar de la pobreza impuesta por su trayectoria sentimental y agravada por la Gran Depresión que hundió a Estados Unidos a partir del año 1929. Tom, el hijo, trata de huir física y mentalmente, y además lo consigue, de su madre y de toda su familia, así como de un trabajo que le causa alienación. Laura, la hija, coja y retraída, se refugia en una colección de figuritas de cristal, su frágil zoo particular, para no exponerse a la curiosidad del público que la considera una joven rara. Y Jim, compañero de trabajo de Tom y excondiscípulo de su hermana Laura, huye de la muchacha y de la velada galante que le ha organizado la autoritaria y manipuladora Amanda en cuanto comprende que, sin darse cuenta, se está metiendo en las feroces fauces del afecto, antesala del compromiso.

'El zoo de cristal' es una de las grandes obras del teatro universal. Tennessee Williams plasmó brillantemente en este drama las calamidades de su propia familia y de unos Estados Unidos de Norteamérica abatidos por la crisis.

La obra ha sido llevada a las tablas y al cine, repetidamente, además, por destacadas figuras de la interpretación, en muchos países. Como espectáculo es un clásico. Williams descarnó tanto los sentimientos que el interés de 'El zoo' persiste, más allá de las circunstancias, aunque en la Gran Depresión que viven países como España, resulte inimaginable buscarle marido a la niña para asegurarse los garbanzos. Más que nada porque, ¿quién puede garantizar que el yerno de ahora, en vez de traer comida a la mesa, no se limite a aportar una boca más a la hora de comer? Representar esta obra es un reto profesional importante. Francisco Vidal, como director, Silvia Marsó y sus compañeros de reparto lo han afrontado con decisión. Más que en los hechos que se representan, el gran mérito de 'El zoo de cristal' está en la forma en la que el carácter de los personajes radiografía su realidad y a la sociedad de su tiempo.

'El zoo' ha llegado a Badajoz envuelto en la programación del 38 Festival de Teatro. Es su novena entrega. Las butacas del López de Ayala se han llenado para ver a Silvia Marsó, a Alejandro Aréstegui, a Pilar Gil y a Carlos García Cortazar encarnar, con no poco acierto, a unos personajes que, gracias a la genialidad del gran dramaturgo estadounidense, tienen más vida que muchas personas de carne y hueso.

A fin de cuentas, la vida es esa cosa que palpita sobre el escenario mientras el público la contempla refugiado en el confortable burladero de sus localidades.

Silvia Marsó, la madre, intenta engatusar a Jim, el joven al que le ha asignado
el puesto de futuro yerno, mientras el padre de la muchacha,
que abandonó a la familia hace años, contempla la escena desde una fotografía
que tiene mucho de aparición fantasmagórica. (Imagen bajada de www.teatrobellasartes.es)


- Mauri ha hecho mucho más por la visibilidad y por la aceptación social
de la homosexualidad, desde su ficción, que todas las romerías del orgullo gay,
que en el mundo han sido, desde su realidad


lunes, 26 de octubre de 2015

Lo increíble de la comedia 'En familia' es que resulta muy creíble


José Joaquín Rodríguez Lara


Un cuerpo es un conjunto de células y un país es un conjunto de familias. De familias tradicionales, de familias modernas, de familias ideológicas, de familias mafiosas... De todo hay en la gran viña de la familia.

En la octava jornada del 38 Festival de Teatro de Badajoz se ha estrenado la comedia 'En familia', de Eugenio Amaya que, además, dirige con mucho acierto el montaje, producido por la compañía Aran Dramática.

En esta obra se expone la parte más conocida y menos criticada de la corrupción: la desvergüenza familiar. En España hay delincuencia de alto standing, pero también abunda la delincuencia de andar por casa. Y no por su carácter doméstico y familiar es menos delincuencia y atenta menos contra los intereses de la colectividad que la delincuencia política.

Este es un país aparentemente muy religioso pero realmente es muy impío. Sólo se ve la paja en el ojo ajeno. Hay más hipocresía que buenas intenciones. Se critica a los políticos en general, por el mero hecho de dedicarse a la política, pero, fuera de los juzgados, no se suelen deslindar sus actos delictivos de los que no lo son. Tampoco se acostumbra a reflexionar sobre si las personas honradas se corrompen tras entrar en política, o entran en política porque ya son personas corruptas.

Estoy plenamente convencido de que hacer política es una obligación que nos atañe a todos, no sólo a los 'políticos', y tengo la completa seguridad de que cada vez que una persona honrada que podría dedicarse a la política no lo hace, avergonzada por la corrupción, le está abriendo las puertas de las instituciones a una persona sin vergüenza.

¿Hay corrupción en una madre que pretende amañar una oferta pública de empleo para colocar a su hijo? ¿Es corrupto un padre que vende una vivienda y exige que una parte del pago se haga en dinero negro? ¿Es decente el hijo que completa su sueldo vendiendo droga? ¿Hay que alabar a la mujer de la limpieza que hace de mula y le proporciona al muchacho la hierba que su marido cultiva en casa? ¿Es digna de aplauso la resplandeciente joven verde esmeralda que corona al chaval, engañándole con su jefe? ¿Carece de ética y de deontología el abogado que compra viviendas pagando en negro?

Si hubiese que salvar de la cárcel a alguno de estos personaje, ¿usted, a quién salvaría? Yo no tengo dudas: a la chica. Por muchas razones, pero principalmente porque no comente delito alguno.

Sin embargo, es quien más insultos recibe. En la ficción y en la realidad. Socialmente, su conducta es la más denigrada. A fin de cuentas, a la madre le mueve el amor de madre; al padre, la responsabilidad del cabeza de familia preocupado por dejarle un capitalito a sus vástagos; al hijo y a la asistenta, la necesidad, y al intermediario, el oficio. Pero a la chica... Esa es una zorra. Lo dice la asistenta, que encarna a la acusación popular.

Está muy mal visto engañar a la pareja, aunque no lo castigue el Código Penal, pero infringir la ley amañando las ofertas públicas de empleo, cobrando y pagando en negro o traficando con droga, eso no recibe la censura general porque no se le da importancia. Está tan visto que ya ni siquiera se ve mal. En España, engañar a la pareja se considera una canallada; engañar a Hacienda, es decir a la pareja y a todo el mundo, es un deporte. Con un par. Diga usted que sí.

Lo increíble de la historia que nos cuenta esta comedia de Eugenio Amaya es que resulta absolutamente creíble. Y se debe tanto al libreto como al buen hacer del reparto. He visto mucha naturalidad y mucha fuerza de convicción sobre las tablas del teatro López de Ayala. 'En familia' es una comedia para verse, en familia. La recomiendo.

María Bigeriego (la chica infiel), Quino Díez (el marido y del Atlético de Madrid),
María Luisa Borruel (la madre funcionaria), Elías González (el hijo informático
 y herbolario), Beli Cienfuegos (la asistenta y mula) y Pablo Bigeriego
(el abogado de la mafia), ponen en escena la comedia  'En familia'.
(Imagen bajada de blogarandramática)


- Vivir mata.


viernes, 23 de octubre de 2015


'Atchúusss!!!', un estornudo delicioso

José Joaquín Rodríguez Lara


Es un espectáculo delicioso, pero no es un pastelito, sino toda una bandeja de dulces, un surtido de pasteles que dejan en el paladar un regusto a buen teatro.


El secreto está en la masa, en los ingredientes. Empezamos con una base de alta calidad: Antón Chéjov. Palabras sabiamente engarzadas las suyas. Y seguimos con Malena Alterio, con su hermano Ernesto Alterio, con Enric Benavent, con la grandísima Adriana Ozores y con el muy popular Fernando Tejero. Con semejantes aditivos resulta muy difícil hacer un mal pastel.

Pero, además, 'Atchúusss!!!' es una caja  de música, una de esas delicadas y elegantes cajitas de música que fascinan, tanto por su melodía -la pone Ernesto Alterio, que durante toda la función toca el piano en directo- como por las evoluciones de las actrices y actores actuantes.

Y si todo ello no fuese suficiente, el montaje es de la compañía Pentación espectáculos, y el productor ejecutivo es nada más y nada menos que Jesús Cimarro, director del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida durante los cuatro años de rescate y despegue del certamen.

Mire usted, si con tales mimbres no sale bien el cesto, es que lo está mirando un tuerto.

'Atchúusss!!!' es una comedia entretenida, divertida, interesante, elegante, muy artística, muy dulce y nada empalagosa.

Es muy larga, más de dos horas, y se hace corta. Es un 'collage', una ristra de piezas y no resulta difícil de seguir. La gente llenó el teatro López de Ayala de Badajoz y se puso en pie para aplaudir con afición. Es decir, un éxito marca Cimarro en el 38 Festival de Teatro Clásico de Badajoz, que dirige el dramaturgo Miguel Murillo.

Allá donde vaya esta obra triunfará. Y eso que, en mi modesta opinión, tiene un fallo enorme: el título. 'Atchúusss!!!' es un sonido difícil de recordar, de escribir correctamente, de reproducir... Y, encima, no habla de la obra.

'Atchúusss!!!' es una colección de relatos de Chéjov convertidos en pieza de teatro. Pero el relato titulado 'El estornudo', que debía darle título a la comedia, no forma parte de ella porque alargaba demasiado el espectáculo.

"El estornudo es una pieza muy divertida, pero nos íbamos a las dos horas y media de espectáculo y no se incluyó", afirma Malena Alterio, mujer amable y risueña, además de un gran actriz. Se quitó el relato, pero se quedó la referencia al asunto en el título. Hubiese sido preferible al revés, incluir el relato y desechar el título, pero la producción teatral, sea ejecutiva o no lo sea, suele tener este tipo de cosas.

Confiemos en que el empresario Jesús Cimarro tenga la ocasión de incluir en la programación del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida a Malena Alterio, a Ernesto Alterio, a Enric Benavent, a Adriana Ozores y a Fernando Tejero. Con Chéjov y sin Chéjov, el público del certamen emeritense se lo merece. El teatro grecolatino está lleno de papeles que fueron escritos para que los encarne un grandísima actriz como Adriana Ozores, Y son imnumerables los que hay para grandes profesionales como Ernesto Alterio, Fernando Tejero, Enric Benavent y Malena Alterio.

AñMalena Alterio y Fernando tejero en una de las escenas más divertidas de 'atchúusss!!!'. (Imagen bajada de www. teatrolalatina.es)