viernes, 2 de abril de 1999


M & M



José Joaquín Rodríguez Lara


Paco Herrera ascendió al Badajoz en la temporada 91/92 y lo puso a caminar por la Segunda División en la siguiente, pero antes de que terminase dejó el banquillo para no hundir al club en la Segunda B. Llegó entonces José Enrique Díaz, que salvó al equipo, pero no pudo salvarse a sí mismo y la temporada 93/94 la estrenó Boronat. Primero colocó al Badajoz en órbita y después estuvo a punto de hacerlo naufragar, así que en la temporada siguiente -94/95- se confió en Ortuondo, quien no pudo aguantar la presión de la grada y, a pocas jornadas del final, se fue para ascender al Extremadura un año después. Herrera se encargó de llegar a puerto con el equipo. La temporada 95/96 vino Colin Addison y por donde había llegado se fue con los palos de golf al finalizar la liga. Le tocó entonces el turno, temporada 96/97, a Maceda que ya tenía listo el petate antes de terminarla, pero la concluyó. La temporada 97/98 la empezó Lotina y la consumó Peiró, con un breve interregno en Liga a cargo de Generelo. En la 98/99 hemos visto a Toti Iglesias en el inalámbrico, a Gene con carnet y a Blas Ziarreta al pie de la línea de banda recibiendo rayos y centellas desde la grada. Así que está muy claro: aunque el empleo de técnico es muy difícil, entrenar al Badajoz tiene la ventaja de que dura poco. Lo malo es lo que hay que aguantar por el camino.

Ziarreta cree que se le está faltando al respeto y probablemente tiene razón. Algunos no respetan la profesionalidad de este hombre, que vino para sacar al equipo del agujero y hasta ahora lo está consiguiendo, y que se hizo cargo de una plantilla con muchos problemas de ahormado y ha configurado otra completamente distinta que va mejor que la primera. En el fracaso de este Badajoz, publicitado para el ascenso, hay más de un responsable, y Ziarreta no es, ni por asomo, el más señalado. Por eso hay mucha gente que está siendo injusta con él.

El campo de fútbol del Badajoz es como La Real Maestranza sevillana, pero a lo largo. Muchos de los que se sientan en los tendidos de la plaza de toros de Sevilla, como mínimo, se han puesto alguna vez delante de una vaca, por eso cuando el torero está mal se callan. No son nada los silencios en La Maestranza. En los graderíos del Vivero -del nuevo y del viejo, pues la cosa viene de lejos- se sienta más de uno que, como mínimo, ha hecho campeón de Europa al Botafogo. Por eso, cuando el equipo no les gusta, en vez de echarse la siesta o irse al cine, van al Nuevo Vivero a darle lecciones al entrenador. Le mientan a Camacho, vitorean a Gene... Cualquier jangada vale si te la ríen. Cosas del balompié; resabios comprensibles en un público incomprendido y sin pizca de paciencia.

Afortunadamente, el futuro de Ziarreta no depende de la cátedra, sino de los dueños del C. D. Badajoz y del propio técnico. Lo que haya de ser será. Mientras, al equipo no le vendría mal sentir el aliento del público y no la amargura de los graderíos. Pero eso parece imposible por ahora. A esta afición le duele tanto ver cómo cualquiera menos ella se monta en el globo de la Primera, que sólo la consolaría un Menotti que supiera lidiar con sus urgencias históricas. Un Menotti y un Munitis.


viernes, 26 de marzo de 1999


Tráfico vuelve a la carga

José Joaquín Rodríguez Lara


La Dirección General de Tráfico (DGT) sigue presentando campañas para educar a los conductores. Es comprensible, pues a la mayoría de quienes conducimos nos falta educación vial y, sobre todo, de la otra. Usted tiene todo el derecho del mundo a situarse en el bando que más le convenza, no obstante, mire lo que hay a su alrededor.

A la DGT le preocupa que las carreteras españolas parezcan tumbas abiertas u hospitales de guerra y por eso trata de insuflarnos prudencia con sus mensajes. Pero es como educar a un globo llenándole la bola de sabios consejos a base de soplidos. Los resultados están todavía calientes en las estadísticas: aumenta el número de muertes y de lesiones irreversibles.

Educar es siempre difícil, pero reeducar resulta muchas veces prácticamente imposible. Y la DGT está empeñada en salvar del suspenso final a los repetidores. Además insiste en hacerlo no cuando los esquejes de chófer aún admiten que tal vez no lo sepan todo, sino cuando ya disfrutan dando lecciones a los demás.

Muchas de esas campañas educativas están enfocadas a la circulación por carretera, aunque la mayoría de los conductores se pasan la vida dando vueltas por las calles. ¿Dónde está el tutor de esos usuarios del volante que jamás se paran ante un paso de peatones? Cuando se hacen variaciones en el Código de la Circulación -introduciendo nuevas señales, por ejemplo-, o en el terreno de juego -poniendo rotondas hasta en la entrada de La Morera-, ¿se preocupa alguien de tomarle la lección a la clase para comprobar si su carnet de conducir sigue valiendo como diploma? ¿Por qué no se educa a esos moteros -de todas las cilindradas-, que no ven las preferencias de paso ni los semáforos y, sin embargo, siempre encuentran angostos carriles de aceleración para colarse entre las columnas de coches?

Los malos usuarios de las carreteras, no sólo se han formado en las calles, sino que viven en ellas y se pasan seis de los siete días de la semana enseñando malos hábitos a sus vecinos; tanto si van a pie como si pasan a caballo. Pero los agentes de Tráfico y los radares no se utilizan para instruir al aprendiz de ciudadano desde las aceras, sino para escarmentar en las cunetas a los listos de volante. Debe de ser porque cada cuerpo tiene su ámbito y cada órgano, su función. Es un problema de competencias. O de incompetencias. Vaya usted a saber.



lunes, 15 de marzo de 1999

Extremadura

José Joaquín Rodríguez Lara


Extremadura, que hace años experimentó la fusión de las dos cajas de ahorro cacereñas -la Caja de Cáceres y la Caja de Plasencia- de las que surgió Caja Extremadura, no es ajena a la corriente fusionadora que burbujea bajo la piel de todo el sector financiero español, como reflejo, por otra parte, de lo que ocurre en el mundo. Desde los dos hemisferios de la hucha extremeña -Caja Extremadura y Caja Badajoz- se ha mostrado clara predisposición hacia la unidad, lo que no es poca cosa. Hace años hubiera resultado impensable. 
Pero la situación ha cambiado mucho. Ni el sector financiero ni la gestión de las propias cajas ni el entorno político-social de Extremadura están como estuvieron en la transición. Seguramente ha llegado el momento de hacer una caja extremeña; una caja de tipo medio, con 700.000 millones de recurso, pero una caja para toda Extremadura. Las últimas declaraciones de sus máximos responsables confirman las impresiones. Hasta se habla de plazos para ponerse en camino hacia el futuro: el próximo otoño, después de las elecciones. 
El compás de espera resulta lógico. Conviene agotar la legislatura. Una operación de este calado no sólo exige estrictos criterios de profesionalidad, sino que requiere además un clima político sosegado. El cierre de las urnas no lo garantiza, pero su apertura pone siempre los nervios a flor de piel.


lunes, 1 de febrero de 1999

Es tenista


José Joaquín Rodríguez Lara


En Australia acaban de descubrir otro de los eslabones perdidos. Se llama Amelie, tiene 19 años y está a medio camino entre el hombre y la mujer; o entre la mujer y el hombre, pues para el caso es lo mismo. Amelie, que tiene nacionalidad francesa y buen gusto para las señoritas, "ha causado honda impresión" en el circuito femenino de tenis. Y no es para menos. Asusta. Tiene la musculatura, las facciones y la pegada de un hombre. Gasta pantalones y tiene novia. Hasta la número uno del tenis mundial, la californiana Lindsay Davenport, que no es precisamente el hada Campanilla ni tampoco tiene las medidas de una vigilante de la playa, ha caído bajo los raquetazos de Amelie. "En algunos momentos tenía la impresión de jugar contra un chico", dijo la estadounidense tras la derrota. 

Quizás no sea cierto, pero da la impresión de que en el tenis femenino se dan unos porcentajes de homosexualidad que superan a la media. Eso de pasarse la vida golpeando cada vez con más saña a la pelota debe terminar dejando secuelas. En cualquier caso, no es la primera vez, ni tampoco será la última, que el tercer sexo descuella en las pistas, aunque quizás nunca lo hizo con la rotundidad de esta nueva virago de oro. Más que una mujer con el corazón de hombre, Amelie parece un hombre con nombre de mujer. La francesa tiene todo el derecho del mundo a parecer lo que le dé la real gana, desde luego, pero da un poco de miedo. "Ella está aquí con su novia y es medio hombre", dicen que ha dicho Martina Hingis. Martina, que lleva este nombre en honor de Martina Navratilova, la última gran emperatriz de la tercera vía, ha derrotado a mademoiselle Amelie en la final de Australia. 6-2 y 6-3. El tanteo parece indicar que fue un paseo más de Hingis, pero no es así. Amelie Mauresmo exhibió un juego poderoso basado en un servicio aterrador y en golpes fortísimos tanto del derecho como del revés, que ella es así. Mauresmo es un cañón. Aunque debe afinar la puntería. Muchos de los tantos que se anotó Hingis provenían de golpes fallados por Amelie. Con menos errores, la francesa hubiese demostrado quien llevaba los pantalones en la pista. 

Las medidas de Mauresmo han causado tan profunda impresión en el público que lleva años siguiendo con arrobo a las niñas del tenis -Gabriela Sabatini, Steffi Graf, Mary Joe Fernández, la misma Martina Hingis y, actualmente, Anna Kournikova-, que no dejan ver las excelencias de su juego. Tenistas con novia hay bastantes, pero demoiselle Amelie puede dar que hablar más que cualquiera. Por su tenis y por su tenista.

domingo, 17 de enero de 1999


Los versos de Manuel Domínguez Bou


José Joaquín Rodríguez Lara


Como sueños del alba' se titula el segundo libro de Manuel Domínguez Bou, que acaba de salir de la imprenta. Domínguez Bou, natural de Barcarrota, ofrece en esta segunda entrega lírica un conjunto de poemas que prolongan en un nuevo volumen la senda que dejó trazada con 'Cuatro dimensiones', su primer poemario. No sólo porque los versos de uno y otro libro están fechados por el autor en la misma época, la década de los años setenta, advirtiéndose, incluso, cierta continuidad temporal entre el último poema del primer tomo y el primero del segundo: 20 de junio de 1977 y 19 de octubre de 1977, sino porque se percibe en ambas obras la persistencia de las cuestiones que más parecen preocuparle al autor. Hasta en la distribución de los poemas hay bastante coincidencia. 'Cuatro dimensiones', su primera obra, está segmentada en cuatro cuadernillos, titulados Pensamiento cósmico, Del paisaje ancestral, De la injusticia y la miseria y De la emigración del alma.


En 'Como sueños del alba', su último libro, los poemas están agrupados en tres bloques: Pórtico, Contigo al fondo y Poesía azul y otros poemas. La insistencia no conlleva, sin embargo, reiteración. En todo caso, Domínguez Bou nos ofrece en 'Como sueños del alba' una ampliación de su universo literario en la década de los setenta.

Manuel Domínguez Bou es un escritor al que le interesa mucho más el mensaje de sus poemas que la forma. Su técnica literaria trasluce cierta ingenuidad, pero en el fondo de esos versos se percibe la sinceridad de un poeta empeñado en hacer oír su voz, preocupado por la sociedad en la que vive y, al mismo tiempo, encerrado en el micromundo de su habitación -le dedica varios poemas a su cuarto- en la que Manuel Domínguez Bou rumia los sueños, las ilusiones y las frustraciones que luego lleva a los renglones de su obra.

Como quien se hunde en el mar de la desesperanza, Manuel Domínguez Bou lucha por mantener a flote su llamada poética - 'Oiréis mi voz', 'Mi palabra' y 'Oídme', titula tres de sus poemas-, y escribe desde su propia soledad, con la mirada puesta en los que pasan ante su puerta, redactan a golpes de corazón la besana en el terruño o crecen más allá de cualquier surco conocido. A Manuel Domínguez Bou le preocupa -o le preocupaba mucho cuando compuso estos versos- el hombre. Sobre todo su dimensión social.

Los versos que Domínguez Bou ha incluido en estos dos libros nos muestran al poeta que fue entre 1969 y 1978, pero poco nos dicen del que es ahora. La publicación de un poemario que incluya versos recientes se hace imprescindible para aquilatar su obra.


martes, 27 de octubre de 1998

La coreografía

José Joaquín Rodríguez Lara


El fracaso presenta a veces una incorregible tendencia al enquistamiento. Comienza como una fatalidad, pasa a convertirse en una costumbre y hasta puede terminar siendo un oficio. 

José Raúl Toti Iglesias y su combo blanquinegro han llegado justo al límite entre el primero y el segundo nivel de la enfermedad. El C. D. Badajoz no consiguió una goleada en Leganés por -digámoslo así- un cúmulo de fatalidades. Y perdió porque empieza a ser su costumbre. Los dueños del Badajoz opinan que en este club la derrota no paga trienios y prescinden de Toti. Ignoro si es lo mejor para el programa televisivo de Tinelli, pero -visto desde fuera-, parece lo más conveniente para el club, para la afición, para el equipo y hasta para el mismo Toti Iglesias. 

No puede afirmarse que el técnico hispano-argentino haya fracasado como entrenador del Badajoz, porque oficialmente nunca lo fue y en la práctica tampoco ha podido serlo completamente. Pero es cierto que una de las vías de agua detectadas en el Titanic pacense estaba en el banquillo. ¿Tan importante es no poder sentarse en un escaño desde el que, según han declarado una y mil veces todo tipo de entrenadores, hay tantas dificultades para seguir un partido de fútbol que nadie consigue ver los penaltis en el área propia?

En el caso del Badajoz sí debe de serlo. Y mucho. Cuando el inglés Terry Venables entrenaba al Barcelona se subía al palco presidencial del Nou Camp para ver el primer tiempo. Luego, con una idea más clara de lo que estaba ocurriendo, bajaba al banquillo para dirigir a su equipo en la segunda parte. Van Gaal, el actual coreógrafo culé, se sienta en el banquillo desde el principio pero coloca a Ronald Koeman -su Toti sin carné- en el palco, para que le asista desde las alturas por el inalámbrico y hasta por fax. Si el sistema funciona en el Barcelona y no en el Badajoz se debe, fundamentalmente, a que el campo azulgrana es más alto que El Vivero y se tiene una mejor visión de conjunto, lo que es una inestimable ayuda para situar correctamente a Rivaldo, a Figo, a Kluivert, a Anderson y demás fieras. 

Aquí, en cambio, no hay forma de vislumbrar la posición teórica del antiguo delantero centro y así fracasaría hasta Cruyff.

lunes, 26 de octubre de 1998


Tres tintos

José Joaquín Rodríguez Lara


Afirmar que el vino está de moda sería negarle su condición de clásico, pero habría que estar borracho para no ver que cada día interesa más. Las catas, las ferias, las publicaciones -este diario (Hoy) acaba de ampliar su oferta con un coleccionable semanal-, las tiendas especializadas y los anaqueles de los 'híper' muestran bien a las claras que el mercado del vino está creciendo. En cantidad y, sobre todo, en calidad. Al nuevo aficionado le interesa tanto el sabor como sus circunstancias.

Extremadura, que ha bebido abonada a la pitarrita y a llenar la bota en el comercio o la tasca de la esquina, también parece entrar por los cauces del refinamiento vínico. Ya hay una denominación de origen -Ribera del Guadiana-, hace algún tiempo que se inició la renovación del viñedo, las bodegas apuestan por el producto bien hecho y el cliente impone su ley eligiendo la mejor relación entre calidad y precio. Del bodeguero de siempre con vino a granel y sin alternativa de recambio se ha pasado a una notable oferta de cepas, marcas y añadas. Y la tendencia hacia la ampliación de las estanterías parece, además, clara.

Esto no debería significar la desaparición de antiguas viñas y de los entrañables vinos de toda la vida, sino su conservación e incluso su mejora. Al contrario de lo que ocurre con otras bebidas, con un carácter más industrialmente homogéneo, el vino es una puerta entreabierta a la curiosidad. Entre dos marcas de ginebra, por ejemplo, hay siempre diferencias, pero nunca tantas como entre dos vinos; incluso cuando son varietales, de la misma añada y aún de vindueños cercanos. Por esto es de bien nacidos conservar el caldo de la tierra propia, sin renunciar a mejorarlo. Los vitivinicultores lo saben; los expertos lo ven.

"Sin duda, a partir de este momento hay que contar con los vinos extremeños", se afirma en la 'Guía Peñín de los Vinos de España.1999'. Esta guía incluye por primera vez en sus páginas la denominación de origen Ribera del Guadiana, en la que sitúa como mejores vinos del momento, empatados a puntos, tres tintos: Blasón del Turra, de 1997, De Paiva, crianza, de 1994 y Orgullo de Barros, de 1997.

¿Que sólo es la opinión de un autor? No lo crea. Es algo más. También es una buena excusa para comprobar si el autor acierta o se equivoca. ¡Salud!