jueves, 3 de octubre de 2019

- Como una tapia.
Lo he oído decir muchas veces,
pero no llegué a comprender su verdadero significado
hasta que no vi que a los muros le crecían
orejas parabólicas, perennes escrudiñadoras del aire,
como trompetillas para combatir la sordera de la sociedad.


domingo, 29 de septiembre de 2019

- Las noticias anuncian, en ocasiones, la muerte accidental de un matrimonio. Sin embargo, nada dicen sobre la muerte, por accidente, de algún noviazgo.


sábado, 28 de septiembre de 2019

- Los matrimonios siempre fenecen por muerte natural.
En la cama.
Sea propia o ajena.



viernes, 27 de septiembre de 2019

- Las cigüeñas son peluqueras muy eficaces.
Tan pronto como ven una cima calva
se apresuran a insertarle un peluquín de palitroques.


viernes, 20 de septiembre de 2019

Menos mal que aún tenemos a Unidas Podemos


José Joaquín Rodríguez Lara


Es inconcebible que se demonice la repetición de las elecciones. Votar no es vergonzoso ni perjudicial ni peligroso; votar es el mayor gesto democrático que se puede realizar.

El electorado no tiene la culpa de que de las urnas no salga un gobierno fuerte. La culpa es de los políticos que hicieron leyes, manifiestamente mejorables, que lo impiden y de quienes se atrincheran en ellas para garantizarse privilegios a los que no tiene acceso el resto de la ciudadanía.

Tenemos los políticos que nos merecemos. Pero no porque los elijamos, pues se eligen entre ellos, en sus sanedrines y comités de poder, sino porque consentimos sus tropelías.

Pero hay que votar, aunque las urnas vomiten desanimo. Hay que votar porque el voto es el único derecho electoral que los partidos políticos aún no nos han robado. Aunque ganas no le faltan. Por eso consideran un horror que se repitan las elecciones y lo pregonan desde sus púlpitos y a través de sus voceros asociados.

Votar no es perverso. La perversión está en mandar desde el engaño. Se repite una y otra vez que Pedro Sánchez tiene derecho a formar gobierno y eso es mentira. Lo que da derecho a gobernar no es ser el líder del partido más votado, sino ser el político que aglutina en torno a su programa de gobierno más apoyos que rechazos. Y ese no es el caso de Sánchez. Su empecinamiento en ser investido sin reunir los apoyos necesarios para ello es  más propio de un niño malcriado, de un dictadorzuelo, que de un político con sentido el Estado.

Es muchísimo más razonable la postura de Pablo Iglesias, líder de Unidas Podemos. Iglesias se ha mostrado dispuesto a facilitar la formación de un gobierno presidido por Pedro Sánchez siempre y cuando Unidas Podemos forme parte de ese gabinete. Y eso es lo normal. Hay que estar a las duras y a las maduras. Si quieres gobernar a mi costa tienes que darme a cambio una cota proporcional de poder. ¿Quién pone la tercera parte del capital de una empresa sin exigir sentarse en su consejo de administración?

Los independentistas, nacionalistas, regionalistas y representantes de anchoas saben muy bien que la cesión de poder tiene su precio y lo cobran, en dinero contante y sonante o en competencias. ¿Por qué Pedro Sánchez está dispuesto a comprar el poder y no acepta compartirlo? La respuesta es sencilla: el poder es 'suyo' y el dinero es de los españoles. No le importa como lo gasta. Pero eso sí, que no le toquen ni una tuerca al avión oficial que el avión es su juguete.

Pablo Iglesias ha sido el único político que no ha sucumbido a los cantos de sirena de Sánchez. Cierto es que Pablo Casado (PP) y Albert Rivera (Ciudadanos) le han dicho rotundamente no a Pedro Sánchez, pero hay una gran diferencia: a cambio de sus abstención, el líder del PSOE no les ha ofrecido nada a Casado y a Rivera. Y a Iglesias, sí. A Iglesias le ha ofrecido baratijas, según el líder de Podemos, pero menos es nada y nada sacarían Casado y Rivera si hubiesen aceptado abstenerse para que gobernara Sánchez.

Así que volvamos a las urnas. Votemos, que es muy sano. Demos nuestro apoyo y mostremos nuestra repulsa a quienes consideremos oportuno. Es nuestro deber, es nuestro derecho y es el temor de todos los partidos. Votemos sin congoja ni vergüenza. A fin de cuentas, lo peor que puede pasar es que nos quedemos como estamos. Y de estar como estamos ya sabemos más que los ratones coloraos.


Barcarrota le debe una calle a Fernando Serrano y la Junta, una medalla


José Joaquín Rodríguez Lara


Desde el alto que coronan los mataderos, la carretera juega a ser un martín pescador y se lanza en picado hacia el arroyo de los Linos que, camino del río Guadiana, une su menguado caudal al del Valbellido para darle agua al arroyo de la Pata de la Mora, cuyo cauce desemboca directamente en el embalse de la rivera de Nogales (Unión Europea).


Me gusta este tramo de la EX-320 y cada vez que pasó por él, en dirección a Barcarrota (UE), aprovecho para hablar un poco con mi amigo, con mi hermano, Fernando. Yo siempre le doy novedades, en voz alta, y él me escucha en silencio.


Ya sé que no se puede hablar de viva voz con los muertos. No estoy tan loco. No se les puede hablar ni de viva voz, ni con el baile brujeril de la ouija, ni recurriendo a los médiums, ni a otras sandeces infranaturales.


A quienes ya se fueron para siempre de nuestro lado sólo se les puede hablar con el corazón. Por eso pongo el corazón, todo mi corazón, en cada una de las frases, de las palabras, de las sílabas, de las letras y de los silencios que dedico a Fernando Serrando Mangas, mientras desciendo hacia el hilillo verdinegro que dibuja el arroyo de los Linos y me aproximo a la última morada del hijo más insigne que Salvaleón (EU), ha dado al mundo.


Hace ya más de cuatro años y medio que la maldita enfermedad nos robó a Fernando. En tierra quedó su impresionante obra, páginas y más páginas de pulida prosa, fichas con datos valiosos, ideas apenas esbozadas, pero lo mejor de él, su viva inteligencia, su incansable capacidad de trabajo, su curiosidad nunca satisfecha, su generoso afecto, su mente abierta al mundo, su universal socarronería de pueblerino sabio… todo esto y mucho más se lo llevó el mismo viento que preñaba las velas de las naos para abrir veredas en el Océano y empedrar con sueños, con vida, con pensamientos, con oro y con plata del Nuevo Mundo, el hondo camino de la Carrera de Indias que Fernando hizo y deshizo durante años navegando sobre miles de legajos en el Archivo General de Indias, en Sevilla (UE) y en otras catedrales de la memoria.


Algunas de las muchas personas que conocieron a Fernando por sus libros, por sus artículos, por sus conferencias y su actividad docente saben lo que perdimos con su muerte. Y otras, que sólo le trataron como vecino, colega, transeúnte o conciudadano, tal vez nunca lleguen a imaginar lo que fue el profesor, historiador, investigador y escritor don Fernando Serrano Mangas, porrinero, extremeño y doctor en Historia por la Universidad Hispalense.


Tal vez algún día, alguien casi tan capaz como él, tan enamorado de la investigación como él, tan despierto y generoso como él tenga el honor de desempolvar sus fichas y reanudar el trabajo que el gran investigador dejó sin concluir.


En los trazos de esas minuciosas anotaciones, Fernando ordenó datos reveladores. La enfermedad lo derribó cuando, entre otras cosas, estaba trabajando en los misteriosos orígenes de Hernando de Soto; y nunca concluyó su investigación sobre Milano, el naviero judío que contaba con una flota de barcos en Sevilla, para comerciar, y tenía propiedades en Barcarrota, Salvaleón y en otras localidades extremeñas.


Son piezas del mosaico que componen el pasado, el presente y sin duda el futuro de la historia extremeña. Todas ellas y otras teselas históricas deben de estar guardadas bajo siete llaves, en el cofre de sus fichas, tan inmunes a la perdida, como expuestas al olvido.


Ya perdimos a Fernando una vez, el 19 de enero del año 2015, y no deberíamos cometer el error de echar cada día un esportón de tierra sobre su memoria. Todo lo contrario. Es imprescindible mantener en pie su obra, como fuente de conocimiento e inspiración, y su trayectoria vital, como ejemplo de que, con ambición y tesón –Fernando fue una autoridad mundial en la Carrera de Indias-, se pueden alcanzar las más altas cimas profesionales aunque se nazca en el seno de una familia humilde y se crezca en un pueblo de la Extremadura preterida.


En un pueblo como Salvaleón, que honra al profesor Serrano Mangas vinculando a su nombre un colegio, un archivo y su casa de cultura.


La Fundación Academia Europea e Iberoamericana de Yuste (que es más de la UE que Bruselas) le recuerda convocando el premio de investigación a través de tesis doctorales ‘Fernando Serrano Mangas’, “con el propósito de fomentar y apoyar las creaciones científicas relacionadas con el ámbito europeo e iberoamericano”.


La Junta de Extremadura, sin embargo, se olvida de él cuando concede las medallas de la región. En este apartado es como si Fernando nunca hubiese existido. No le publicó su imponente libro ‘El secreto de los Peñaranda’, en el que Fernando Serrano Mangas dejó claro como el agua quién, cuándo y el porqué emparedó en el doblao (vulgo desván) de una casa del llano de la Virgen los once textos, hallados en 1992, que integran ‘La Biblioteca de Barcarrota’, entre los que brilla con la luz de un gran diamante una edición, hasta entonces desconocida, de ‘La vida del Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades’.


Fernando tuvo en sus manos esas joyas, esos once textos, cuando ni la Junta de Extremadura sabía que existían y antes de que las mentes más preclaras de las de Madrid buscasen sin éxito una explicación a la procedencia de los libros.


Descubrir su origen, ponerle nombre y apellido a su propietario, establecer la época en la que fueron emparedados y dejarlo todo por escrito, negro sobre blanco, no fue suficiente para que la Junta publicase ‘El secreto de los Peñaranda’. Fernando se vio obligado a salir fuera de la región, cosa muy rara, pues ya se sabe que los extremeños nunca necesitan emigrar para vivir o triunfar, para que se publicase, en el año 2003, su extraordinaria obra.


Por entonces, la Junta, liderada por el presidente Juan Carlos Rodríguez Ibarra recurría a expertos ajenos a Extremadura, como el profesor y académico Francisco Rico, para aclarar el misterio de los libros emparedados durante 400 años en un doblao de Barcarrota. Rico atribuyó el emparedamiento a “un librero irresoluto e ignorante”. Fernando Serrano rebatió esta peregrina afirmación, de dudoso gusto intelectual, demostrando que no había sido “un librero irresoluto e ignorante” quien escondió los libros, sino un médico judío, natural de Llerena (EU), población que le ha dedicado una calle, y vecino de Barcarrota llamado Francisco de Peñaranda.


Unos años después, en el 2010, haciendo gala de su nobleza y generosidad, Fernando, a través de la Biblioteca de Extremadura, que entonces dirigía el novelista Justo Vila, le regaló a la Junta, a la sazón ya presidida por Guillermo Fernández Vara, un libro, una joya bibliográfica, un tesoro, un ejemplar de la edición príncipe de 'El Romancero del Cid', editado en Lisboa en 1605. Es uno de los tres ejemplares que se conocen de esa fecha, anterior a la edición más difundida, de 1611. Uno de esos tres libros pertenece a la Universidad de Harvard; otro desapareció en Portugal; el tercero está en la Biblioteca de Extremadura gracias a Fernando Serrano Mangas.


‘El Lazarillo’ y los demás textos de ‘La Biblioteca de Barcarrota’ y esa edición príncipe de 'El Romancero del Cid' forman parte del tesoro de la Biblioteca Regional de la Junta de Extremadura. Un tesoro estrechamente vinculado a Fernando Serrano Mangas, al que el Gobierno regional extremeño, tan pródigo en el reparto de condecoraciones a quienes le cantan o le bailan el agua, nunca ha concedido la medalla de Extremadura. Creo que es de justicia saldar esa deuda. No hay excusa posible. Vara le concedió en el 2018 esa misma condecoración al pintor Jaime de Jaraíz, fallecido once años antes.


También estamos en deuda con Fernando, con Carmen, su viuda, y con sus hijas y demás familiares, quienes hemos nacido o vivimos en Barcarrota. El pueblo le debe al menos una calle al profesor Fernando Serrano Mangas, que nació y vivió en Salvaleón y se desvivió por Barcarrota, donde estudió el Bachillerato, donde investigó y donde sacó a la luz la extraordinaria peripecia histórica de ‘El Lazarillo’ y de sus diez compañeros de cautiverio. Afortunadamente son más de uno los porrineros muy relacionados con Barcarrota, pero pocos, si es que hay alguno más, se han vinculado a este municipio con tanta intensidad y con tan gran repercusión como Fernando Serrano Mangas, cuyo nombre debe, más pronto que tarde, darle nombre a un tramo urbano de la carretera EX-320, el cordón umbilical que comparten Barcarrota y Salvaleón. Además de una carretera, la EX-320, que tantas veces recorrió el descubridor del secreto de los Peñaranda, debe ser la avenida de Fernando Serrano Mangas.


Espero que algún día lo sea y que yo pueda contárselo a mi amigo Fernando mientras bajo la cuesta de la EX-320, seguramente por el otro lado, desde el alto de Paniagua, en dirección al arroyo de los Linos. Lo más probable es que lo celebremos después en el café bar Centro, de Salvaleón, con sendas copas de mosto y aceitunas machás (vulgo, machadas, machacadas y hasta maltratadas) como siempre le gustó hacer a Fernando, para quien si no había aceitunas machás, no había mosto (vulgo Salobreña) ni necesidad alguna de celebración.



sábado, 13 de julio de 2019

Sexo en el deporte y en el Ejército


José Joaquín Rodríguez Lara


El deporte femenino está de moda. Cada día se habla más de él, pero no creo que exista. No considero que el deporte tenga sexo. Lo tienen quienes lo practican.


Supongo que en cualquier competición deportiva hay tantas relaciones sexuales como fuera de ella; pero todo indica que los Juegos Olímpicos arrasan en este apartado.


En los Juegos se distribuyen muchísimos más preservativos que medallas. Tanto y tanto látex se pone a disposición de quienes compiten que, además de una representación de los cinco continentes clásicos, los aros de la bandera olímpica también parecen un surtido de condones de colores.


Es normal que se hable poco del sexo entre deportistas, pues aunque tengan lugar en instalaciones públicas, como las villas olímpicas, y durante el desarrollo de competiciones oficiales, las prácticas sexuales, 
salvo que exista delito, pertenecen a la esfera privada de las personas y no hay obligación de hacerlas públicas ni derecho a fiscalizarlas.


Lo que no me parece normal es que se hable de fútbol femenino, de tenis femenino, de baloncesto femenino, de ciclismo femenino... El deporte no tiene sexo. No es ni femenino ni masculino; su género es epiceno.


El fútbol es el mismo deporte lo practiquen mujeres u hombres. Y lo mismo ocurre con el baloncesto, el balonmano, el tenis, el golf... El sexo no está en el deporte, sino en la competición, en las ligas, en los campeonatos, en los torneos...  Y sobre todo y por encima de todo: ¡en las clasificaciones!


Es decir, no existe el Mundial de Fútbol Femenino, sino el Mundial Femenino de Fútbol. En este y en otros muchos casos, el orden de los factores sí altera el producto. No es lo mismo dormir en la calle de en medio que en el medio de la calle. Ni ser un viejo chocho que un... viejo.


Cambian las competiciones, que se reservan para hombres o para mujeres, pero no las reglas del deporte que, en esencia, son idénticas tanto para un sexo como para el otro.


Y si esto es así en deportes en los que hombres y mujeres compiten por separado, ¿qué puede decirse en aquellos como la equitación, el motociclismo o las carreras populares en los que se enfrentan entre sí personas de uno u otro sexo?


Cuando hay una mujer sobre una moto compitiendo con hombres en un gran premio, ese motociclismo ¿qué es, masculino o femenino? La primera mujer que llega a la meta en una San Silvestre, ¿sólo le ha ganado a todas las demás mujeres o también ha vencido a los hombres que llegan detrás de ella? ¿Y acaso hay diferencias drásticas entre el deporte que practican unas y otros o esas diferencias no existe y, en todo caso, se limitan a la clasificación, cuando se hace por sexos y no simplemente por tiempos?


Si de verdad se pretende luchar contra las barreras sociales interpuestas artificialmente entre mujeres y hombres, ¿no sería más eficaz derrumbar las alambradas segregadoras en todas aquellas actividades en las que los hombres y las mujeres puedan participar sin que exista ventaja o desventaja por razón de sexo? ¿No es la igualdad de derechos la mejor fórmula para luchar contra la desigualdad?


Especialmente en el deporte que, al fin de cuentas, es un juego.

 

Mucho más serias, por sus riesgos y consecuencias, son las fuerzas y cuerpos de seguridad y las instituciones militares y miles de mujeres, no sólo empuñan las armas sino que algunas alcanzan el más alto tramo de su escala profesional, como acaba de ocurrir con  Patricia Ortega García, que nació en Madrid hace 56 años y es la primera mujer que asciende a general del Ejército de España. 


¿Se ha creado ya un apartado especial en el escalafón militar para 'clasificar' a la general Ortega o quedará encuadrada con los demás generales con su correspondiente antigüedad y méritos de instrucción? ¿Se esperará a que ascienda a teniente general para crearlo? ¿Vamos a tener un Ejército femenino, integrado por soldadas, sargentas, alferezas, tenientas, capitanas, comandantas, coronelas y generalas? Espero que no; deseo que todo el Ejército español juegue en la misma liga, con personas relevantes por su capacidad y no por su sexo.


En fin, la felicito, señora Ortega, y me cuadro ante su estrella de cuatro puntas, mi general.