domingo, 28 de marzo de 2021
martes, 23 de marzo de 2021
Barrotes en la piel
José Joaquín Rodríguez Lara
Es nuestra primera patria. Y también la última. La frontera. Todo lo demás son ropajes, disfraces, camuflajes ridículos. Como este cartón. Fue pliego de papel, tuvo cuerpo, nombre y sombra antes de que mis uñas lo convirtieran en un erial para que yo mismo lo siembre de palabras con la lengua humedecida del carboncillo.
Escribir es arar, es sepultar el pensamiento,
cuando no la vida entera, con la esperanza de que fructifique y con la certeza
de que el fruto jamás alcanzará el volumen deseado. Son tantas las ocasiones en
las que la cosecha palidece ante la semilla.
Pero, a pesar de todo, aquí sigo, escribiendo, cual lombriz que horada
el fango; como hormiguilla que ilumina la ceguera del barro; todo lo más, lo
mismo que un viejo minero demente empeñado en esconder piedras preciosas en las
venas vacías del filón. A la luz del pitillo, a golpes del lapicero, mientras
el postrero aliento de la última mariposa de humo alza el vuelo y se disuelve
en el sopicaldo de mis cuatro paredes.
Todo me huele a tabaco. Todo. Hasta la luz. No sólo el folio
que una vez fue cajetilla y ahora sólo es pergamino, vitela, piel estirada para
regar con sangre los surcos de la vida. De mi vida. Una vida que no es gran
cosa, ya lo sé. Pero es la que tengo; lo que me queda. Casi menos que a la
cajetilla despanzurrada que, desde hace ya no sé cuanto tiempo, uso como
cuaderno, hoja a hoja, pitillo a pitillo, calada a calada.
Me queda la piel, llena de borrones, es verdad, pero cerrada
aún; una talega con su moño y su galón de cierre. Es mi patria. Vivo dentro de
sus fronteras. Preso en ella y condenado a muerte desde que nací, me asomo a la
reja del folio, con las manos aferradas a los barrotes del renglón, para
imaginar el vuelo sonámbulo de las mariposas.
domingo, 21 de marzo de 2021
martes, 16 de febrero de 2021
En la muerte de un poeta
José Joaquín Rodríguez Lara
Ha fallecido Alberto Oliart Saussol. Emeritense, político de inspiración democristiana, durante la Transición ocupó varias carteras ministeriales en los gobiernos de Adolfo Suárez. Por aquel tiempo, le hice una amplia entrevista. Años después, le rescataron -sin gran fortuna- para que resucitara la Radio y Televisión Española. Las pertinentes notas necrológicas darán cuenta con detenimiento de su trayectoria política al servicio de España. Como aportación traigo a este escenario algo de lo que creo que no se hablará en esos obituarios: del Alberto Oliart poeta. Hace años, rebuscando en una librería de viejo, el purgatorio de los libros, encontré un ejemplar de 'Olalla', Revista de Poesía. La publicación, dirigida por el poeta Félix Valverde Grimaldi, está fechada en mayo del año 1957, cuando yo todavía gastaba picos (vulgo, pañales), editada en Mérida e impresa con una tipografía tan nítida que sus textos casi pueden leerse con los ojos cerrados, al tacto. Entre esas páginas encontré algo que no esperaba: un soneto firmado por Alberto Oliart Saussol. Este es el poema:
ERA EL AMOR...
Era el amor batalla luminosa
que llevaba a la cumbre de la vida.
¡Cumbre de vientos! ¡Libertad subida!
Pura ascensión del trigo y de la rosa.
Nada digais. (sic) Dejad que cada cosa
tenga la gloria de su luz cumplida.
¿Que (sic) palabra de amor yace dormida
si, fuente el alba, canta rumorosa?
Nada digáis. Dejad que los amantes
se alejen por los campos olvidados.
Callad. ¡Cantan encima de sus muertos!
Ojos abiertos, bocas anhelantes...
¡Amad! ¡Amad!. (sic) que pronto derribados
no seréis más que muertos entre muertos.
Los versos de aquel poeta, luego ministro, compartían revista con poemas de autores tan reconocidos como Jesús Delgado Valhondo y Manuel Pacheco. Como bien dejó escrito Alberto Oliart, no seremos "más que muertos entre muertos", aunque las librerías de viejo nos arropen con su polvo.
domingo, 31 de enero de 2021
Confesiones
José Joaquín Rodríguez Lara
Me equivoqué muchas veces
y alguna vez me engañaron.
Siempre lo hice sin maldad,
sin deseo de hacer daño.
Pero no me lo perdono
aunque me hayan perdonado.
(De mi poemario 'Poemas sin libreto')
viernes, 22 de enero de 2021
Alas para la esperanza
José Joaquín Rodríguez Lara
Y si mi voz no le llega,
cabalgaré sobre el viento,
relincho de la tormenta,
sin temer rayo ni trueno.
Hay un corazón ausente,
un desierto de miradas,
un pozo que mana besos
y una cometa sin alas.
El horizonte se yergue
por la cimbra de una caña,
abanicado de sombras,
para alcanzar su ventana.
Palabras de alto vuelo,
¡alzadme de suelo ahora,
sacadme del barro yerto,
y dadme trino de alondra!
Que si mi voz sí le llega
la sembrará de esperanza.
(De mi poemario 'Poemas sin libreto')
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