lunes, 2 de diciembre de 2019


La Venus del catamarán


José Joaquín Rodríguez Lara


Como si se tratase de una escena mitológica, Greta Thunberg (Suecia, 3 de enero del año 2003) llega a Iberia a bordo de un barco. Es la Venus del catamarán, la diosa del momento.


Si tuviésemos a mano un Sandro Botticelli (Florencia, 1445​ - 1510), Greta, enmarcada en un mar de hermosos cabellos rubios, llegaría a tierra no a bordo de un velero policasco, sino sobre una gran concha marina, impulsada por el hálito del mismísimo Céfiro. Pero no hay pinceles como los de Botticelli en el horizonte de nuestros días. Sólo cámaras, muchas cámaras. Así que a pesar de protagonizar 'El Nacimiento de Greta', el gran éxito del momento, nuestra Venus del catamarán seguramente nunca tendrá un hueco rectangular en la Galería Uffizi, en Florencia. Eso sí, disfrutará de sus minutos de gloria en mil y un informativos.


Es lo que, en justicia, le corresponde a un icono fabricado ex profeso para conmover, para que el mundo cambie y todo lo que ya da dinero siga en las manos de quienes ocupan el poder.


Greta, la Venus del catamarán, no es la líder de la juventud actual, la generación más consumista y derrochadora -en ropa, calzado, nuevas tecnologías, alcohol, juguetes...- que ha conocido el mundo; Greta no dirige la lucha contra la basura; no guía al mundo hacia el paraíso terrenal... Pero sí es un icono, un símbolo, de usar y tirar, como casi todo en nuestros días, un personaje de consumo rápido.


El mundo está necesitado de heroínas como Greta, una chica tocada por la leve sombra del desvarío que enmarca cualquier atisbo de santidad o de capacidad profética. Y los medios de información, cada vez más hábiles en la fabricación de verdades, no es que necesiten heroínas es que tienen autentico mono de ellas; sufren el síndrome de abstinencia. 


Así que miel sobre hojuelas. Se necesitan venus del catamarán, muchas venus del catamarán. ¡Bienvenidas al plató de la actualidad!







miércoles, 20 de noviembre de 2019

Vara, de bochorno en bochorno


José Joaquín Rodríguez Lara



El Tribunal Constitucional acaba de declarar inconstitucional la reforma legislativa, promovida por el mal gobierno de Guillermo Fernández Vara y aprobada por la Asamblea de Extremadura, para legalizar el delito medioambiental y urbanístico cometido en el paraje de Valdecañas (Unión Europea) en la provincia de Cáceres.


Ocurrió en el año 2011 de la era socialista. Tal vez, 63 de las 65 señorías que, entonces, disfrutaban de escaño en el Parlamento extremeño no lo supiesen, pero es ilegal exculpar los delitos anulando las leyes que prohíben la comisión de esos actos ilícitos. A quienes, como yo, hemos leído algo sobre derecho desde los años del Bachillerato, no sólo nos pareció una burrada, de burros muy burros, la reforma legislativa promovida por el PSOE y amparada por el PP, sino que nos producía y nos produce arcadas, por ser una grosería política e intelectual profundamente vomitiva.


Quienes se propusieron castrar una ley regional y violar otra estatal para favorecer los intereses de los promotores urbanísticos y, tal vez, sus propios intereses, no sólo atentaron contra el medio ambiente al saltarse la protección legal que dejaba fuera del hormigón al paraje de Valdecañas sino, lo que es muchísimo más grave, escupieron sobre una ley estatal que estaba y sigue estando muy por encima de sus competencias legisladoras.


A pesar de que ya existía una sentencia en contra del engendro urbanístico, de las 65 señorías, 38 del PSOE y 27 del PP, que tenían escaño en el Parlamento regional, 63 votaron a favor de legalizar el lujoso complejo urbanístico de Valdecañas. Votó en contra Tomás Martín Tamayo, con quien más de una vez comenté la bochornosa infamia que pretendía perpetrar la Asamblea. Tamayo, secretario segundo de la Mesa del Parlamento regional, había concurrido a las elecciones como independiente en la lista popular. Seguramente debido a que sabía más por viejo que por diablo, el diputado del PP Miguel Celdrán tampoco apoyó la vergonzosa reforma legislativa; se ausentó de la votación, con lo cual no tuvo necesidad de apoyar el engendro urbanístico ni de romper la disciplina parlamentaria votando en sentido contrario al de su partido.


Todavía hay quien se pregunta el porqué apoyaron sus señorías esa burrada legislativa. Especialmente, el porqué lo hizo el PP, que estaba en la oposición. Personalmente prefiero creer que todo fue un error originado por la ignorancia más supina. El que se hiciese con 'la mejor de las intenciones', si es que algo hubo de ello, no elimina la responsabilidad. Pero soy tan ingenuo que me resisto a creer que sus señorías lo hiciesen todo por la pasta.

 

'Cherchez la femme', buscad a la mujer, aconsejan los franceses cuando se trata de esclarecer un delito o cualquier otro misterio humano. Es un consejo machista, pero tiene fundamento. Sin embargo, no sirve para la política española. En España sólo se le busca la 'femme' a personas como el rey Juan Carlos o el popular José Antonio Monago. El socialista Alfonso Guerra tuvo 'femme' de altos vuelos y casi nadie se la buscó, porque en España, los misterios políticos se aclaran buscando la pasta. A la sentencia de los ERE andaluces me remito.


Tras el nuevo varapalo judicial a costa de Valdecañas, Guillermo Fernández Vara, presidente vitalicio de la Junta de Extremadura, ha dejado otra de sus frases para el mármol. Asegura Vara que hay que respetar "lo que digan los jueces", como él ha "hecho a lo largo de todo este proceso" y lo pretende "seguir haciendo".


Como declaración de principios queda bien, don Guillermo, pero usted sabe que no es verdad. Si usted respetase siempre "lo que digan los jueces" hubiese respetado la sentencia de Tribunal Superior de Justicia de Extremadura en contra de la urbanización del área protegida de Valdecañas y no hubiese promovido una aberrante reforma legislativa para, solamente tres semanas después, saltarse a la torera lo que había dicho el TSJE, el principal tribunal de justicia de Extremadura.

 

Las decisiones judiciales se acatan y se recurren, si no se está conforme con ellas. En eso consiste el respeto 'a lo que dicen los jueces'. Cambiar la ley, como hizo usted, para tratar de eludir las consecuencias jurídicas de los actos delictivos, sean propios o ajenos, no es una muestra de respeto es una reacción bochornosa, señor Vara. Mucho más bochornosa que cambiar el reglamento futbolístico cuando te han pitado penalti en contra. Infinitamente más vergonzosa. 


Desde la libertad de prensa se lo digo, don Guillermo.


sábado, 2 de noviembre de 2019


Es el fuego del otoño


José Joaquín Rodríguez Lara


El otoño empieza a recobrar la memoria y, de nuevo, intenta aprender a llover. Lo hace a regañadientes, a empujones, dando traspiés, lloviendo y haciendo sol, el tiempo del caracol, en sorpresivos arreones de timidez.


Las nubes no pasan, huyen. La lluvia no empapa el suelo, se esconde bajo tierra. En la charca no hay agua; sólo un tablero de barro seco cuarteado.


No parece que estemos en otoño, pero estamos. Es otoño para los calendarios, aunque no lo sea para el cielo. Es un otoño sin otoñada y mis ojos, como una bandada de pájaros sedientos, han levantado el vuelo para posarse en la lluvia, en el frío y en los charcos de aquellos otros otoños tan lejanos ya. Otoños de paraguas y de botas katiuskas, de manos húmedas y de volutas de fuego trepando por la chimenea; de recuerdos perfumados con humo de escobas y de taramas, con aroma a leña mojada y a regazo en confortable compañía.


El fuego es el guardián del hogar. El fuego calienta, alumbra, defiende, despierta la imaginación, aviva el relato, genera encuentros... El fuego nos hizo creadores de historias sociales, soñadores y copartícipes de sueños colectivos. El fuego fue el primer paraíso de la humanidad, la patria primigenia.


No resulta extraño que la palabra más entrañable para referirse a la casa, a la vivienda, al domicilio, a la residencia familiar sea 'hogar'; es decir, el lugar en el que está la hoguera, donde habita el fuego, la candela; el sitio en el que encontramos cobijo, alimento y aceptación.


La lumbre fue siempre, durante todas las estaciones y a lo largo de todos los días del año, el punto de referencia en la vivienda. Desde el primer sorbo de café hasta el primer abrazo del sueño. Encender la lumbre no es algo que todavía sepa hacer todo el mundo. La colocación de la leña, el cuidado del primer resplandor, la interpretación del lenguaje del humo, que nos dice si la candela tirará o no, si la madera está bien colocada o mal, si habrá que hacerle la respiración artificial al fuego o no necesitará que le ayudemos con el soplillo... Todo ello requiere cierta práctica.


La mayoría de las candelas domésticas actuales son falsas o de juguete. Chimeneas de gas con leños simulados, sin vida, incombustibles; o montoncitos piramidales levantados con leña menuda que tardan en comenzar a arder más que en consumirse.


Son fuegos de usar y apagar y están muy lejos de aquellas hogueras domésticas que no se apagaban nunca, ni de día ni de noche. Todo lo más, las brasas se retiraban a dormitar bajo las cálidas sábanas de la ceniza. Aquellas eran lumbres levantadas sobre la reciedumbre de dos grandes troncos, las trancas de encina o de roble que se enfrentaban, cara a cara, sobre el suelo del hogar y entre los que se depositaba paja o papel, a veces piñas resinosas, para iniciar la combustión, y leña menuda para encandelar a la pareja, a los amantes, a los grandes troncos que eran el soporte del fuego y un trasunto de la vida familiar.


Tanto en la lumbre como en el hogar se encelan dos troncos que sostienen a la chiquillería de la leña menuda, siempre chispeante y alborotadora. La convivencia, el fuego, va convirtiendo en brasas y consumiendo las vigas maestras de la candela,  las que sostienen la lumbre, que cada día están más alejadas entre sí, hasta el punto de que hay que volver a arrimarlas para que no se apaguen o se consuman cada una por su lado, ajenas a las necesidades y a las alegrías tanto de la parte contraria como de la leña menuda.


En ocasiones, los troncos ya ni humean pero, aunque parezcan apagados, mientras quede una pizca de calor en sus cuerpos bastará con que se acerquen sus rostros, ya negros y encanecidos por la vida, para que vuelvan a brotar las llamas y, de nuevo, el fuego se enseñoree del hogar.


El otoño que huele a candela es la mejor estación del año; cuando los montes braman pregonando la plenitud de su fuerza y la naturaleza ofrece sus frutos más nutricios y perdurables. Con la otoñada, se visten de oro los naranjos y los membrilleros mientras una multitud de árboles se cubre de llamaradas ocres y anaranjadas y amarillas, como si el paisaje nos ardiese en la mirada. Es el otoño, es el fuego del otoño.


jueves, 24 de octubre de 2019

- A pesar de que nunca se menciona en las recetas,
jamás podrá salir de los fogones
un manjar que carezca, aunque sólo sea de uno,
de estos tres ingredientes naturales:
una pizca de afición, una ristra de atención y un chorrino de imaginación.


miércoles, 23 de octubre de 2019

- Como una regadera está la felicidad.
O se ríe a chorros o lagrimea con cuentagotas.


lunes, 14 de octubre de 2019

jueves, 10 de octubre de 2019

Muchas gracias, mister Snowden


José Joaquín Rodríguez Lara


Puse en marcha este blog, elpostigodelara.blogspot.com, el día 23 de marzo del año 2012, exactamente a las 14:29 horas, y hasta el momento en el que comienzo a redactar estas líneas ha recibido 100.700 visitas. Seguramente son pocas para un blog, aunque a mí me parecen muchas para un rincón periodístico y literario en el que predomina la reflexión y hay poco espacio para la diversión.


Casi la mitad de las visitas, 44.723, tienen su origen en España. Pero la gran mayoría me llegan desde fuera de sus fronteras. Nunca imaginé que mis escritos iban a ser vistos -no me atrevo a utilizar el término 'leídos'- en otros países. Y mucho menos en lugares en los que el castellano no es una lengua de uso común.


Pero, según me cuenta mi propio blog, elpostigodelara.blogspot.com ha recibido visitas desde los Estados Unidos (16.042), Italia (15.341), Rusia (4.590), Alemania (2.249), Francia, Canadá, México, Eslovaquia...


Me asombra tener audiencia en Estados Unidos y en Rusia. Pero no es lo que más me sorprende. La atención que me presta Italia me tiene estupefacto. Hace unos meses, de manera inesperada, apareció entre los diez territorios desde los que más se entraba en elpostigodelara.blogspot.com y a partir de ese momento no ha dejado de crecer, pasando por encima de Francia, de Alemania y hasta de Rusia que se encontraban entre 'mis mejores clientes'. Actualmente, Italia amenaza con arrebatar la segunda plaza a Estado Unidos, de los que la separaban bastantes miles de visitas cuando me di cuenta de la enorme fuerza con la que la población italiana irrumpía en el top 10 de mis visitantes.


¿Por qué aumentan tanto y tan rápidamente las visitas italianas a mi blog? Siempre pensé que Estados Unidos se asoma a mi postigo por deformación profesional. Cuando se tiene vocación de ser el gendarme del universo, hasta al más mísero de los rincones se le puede echar una mirada inquisitorial de vez en cuando. 


Pero Italia... ¿Qué le he hecho yo a Italia? Por no hablar de ese misterioso país que, según la tecnología de mi blog, se llama 'Región desconocida' y desde el que hasta ahora el blog ha recibido 1.139 visitas. De gentes desconocida, desde luego. ¿Y qué pasa con Eslovaquia? Hace unos años, durante una crisis migratoria, empezó a llegarme un chorro de visitas procedentes de Eslovaquia. Se apaciguó la crisis y, muy a mi pesar, mi blog ha dejado de existir para la población eslovaca. ¿En qué he ofendido a mis amistades eslovacas? ¿Por qué han dejado de visitarme?


En fin, quiero creer que hay personas que entran en elpostigodelara.blogspot.com, leen lo que les interesa y vuelven a sus afanes; algunas de esas personas, hasta se toman la molestia de escribir un comentario, lo que les agradezco de corazón.


También quiero darle las gracias a mister Edward J. Snowden, natural de Elizabeth City, Carolina del Norte, EE UU, mago de la informática sin formación académica formal, espía sin vocación y patriota sin patria. Snowden tuvo que salir volando de EE UU para anunciar, urbi et orbi, que las agencias de espionaje de su país lo saben todo - pero todo, todo, todo, hasta lo de la callejina- de todo el mundo, pero de todo, todo y todo. Y que no sólo lo saben, sino que lo tienen archivado -incluido lo de la callejina- por si les interesara utilizarlo contra usted en algún momento.


Todo ello lo explica muy bien Edward J. Snowden en su libro 'Vigilancia permanente', que acabo de terminar. La placentera lectura de este libro, el descubrimiento de organismos como la NSA, de programas informático como  el XKEYSCORE, de superinquisidores como 'Los cinco ojos' (Five Eyes) -EE UU, Canadá, Australia, Reino Unido y Nueva Zelanda-  me han dado una nueva perspectiva sobre el porqué mi escritos son visitados desde países diminutos y lejanos a los que no sólo nunca he viajado, sino que ni siquiera los he mencionado en mis textos.


Alguien puede sospechar que me pavoneo sintiéndome sujeto de interés para el espionaje internacional. No es así, se lo aseguro. En realidad, creo que las supuestas visitas y los comentarios que refleja elpostigodelara.blogspot.com son una invención de mi propio blog para mantenerme engañado y que no deje de escribirle y evitar que, incluso, llegue a abandonarle.


Todo lo más me considero una pizca de barro removida en una gigantesca máquina para buscar oro. Cierto es que el minero del espionaje me mece en su batea informática, pero igualmente es verdad que no me busca a mí, que me diluyo en el agua y desaparezco: busca pepitas de oro. Yo no le sirvo para nada, pero él me archiva, según asegura Snowden, porque, en primer lugar, le cuesta menos guardarlo todo que separar las pepitas del fango y, en segundo término, porque sospecha -la sospecha permanente es la enfermedad profesional de cualquier espía que se precie de serlo- que tal vez algún día esos datos que hoy son despreciables valdrán su peso en oro.


Muchas gracias a quienes visitan mi blog aunque sólo sea para espiarme, espero que con honradas intenciones; y muchas gracias a mister Snowden que, si lo ha visitado alguna vez, habrá sido por obligación profesional. Gracias señor Snowden, muchas gracias. Sin su libro hubiese tardado años en comprender el porqué hay quien entra en elpostigodelara.blogspot.com, desde Emiratos Árabes Unidos.