lunes, 14 de enero de 2019


La guerra de la ciudadanía para que Extremadura tenga tren


José Joaquín Rodríguez Lara


El tren de la vergüenza está haciendo más por Extremadura que el conjunto de las instituciones regionales, desde el parlamento autonomista hasta la Junta geoestacionaria.


Las ofensivas averías que, un día tras otro, sufre esa cosa que llaman tren han conseguido levantar a un muerto: al extremeñisno difunto, al fenecido sentimiento de pertenencia a una región más allá del lugar de residencia, de la ideología política, del nivel de estudios, de ingresos y de casi todo.


El tren de la vergüenza está consiguiendo que se sientan extremeños quienes han nacido o todavía viven en Extremadura. Todo un milagro. Desde la lucha para que no se terminara de construir la central nuclear de Valdecaballeros no se había visto cosa igual por estos lares.


Los vergonzosos estertores del tren de la infamia están resucitando a la sociedad civil extremeña, la están sacando de su secular modorra cataléptica, de su “maldita resignación”.


Nunca se le agradecerá lo suficiente a Milana Bonita el enorme mérito de haber puesto a Extremadura en los telediarios sin necesidad de verter ni una gota de sangre, simplemente exigiendo un tren digno. La Milana abrió sus alas y no deja de volar. Su ejemplo ha cuajado. Ahora llega ‘Calentón’, un grupo musical, con una canción ‘Blanca y Negra’ (“blanca y negra, que te ponen verde”, dice el estribillo, “por este andén, el tren no ha pasao”) que suena como un disparo de rock reivindicativo. No hay que oír esta canción: ¡hay que cantarla!, ¡hay que aprendérsela! ¡hay que bailarla en las verbenas!


Muy bien por ‘Calentón’. La imaginación al poder, sí señor. Pero ya y de una vez por todas. ¡Ah, no, todavía no, que en el poder aún no hay lugar para la imaginación; tan sólo queda sitio para el partidismo, para el compadreo, para los discursos fatuos, para las falsas promesas, para… El poder continúa estando en manos de políticos.


Independientemente del partido que gobierne la región a partir del próximo verano, quien presida la Junta debería plantearse como obligación concederle la medalla de Extremadura a la ciudadanía extremeña, a la que se ha levantado en sainetes, en canciones, en memes y en armas de todo tipo en las redes sociales para exigir un tren digno. La concesión debería ser de oficio, sin necesidad de que la ciudadanía, destinataria de la presea, la pidiese para sí misma.


Aunque, quienes más se merecen la medalla de Extremadura, el máximo galardón regional, son quienes, a pesar de los pesares, continúan comprando su billete para viajar en tren por la región. Eso sí que tiene mérito y no hacerse la foto por asistir a un cuentacuentos con el ministro de Fomento.


(Nonagésimo primer artículo publicado en extremadura7dias.com,
el 14 de enero del año 2019.)

domingo, 6 de enero de 2019

- un caballo blanco galopa contra las sombras,
dejando agujas de vidrio en los labios del alba.




Vara, o cuando el capitán puede hacer que zozobre la nave

José Joaquín Rodríguez Lara



El desastre del tren parecer ser la gota de indignación que ha colmado el insondable océano de la paciencia de quienes se sienten parte de Extremadura.


El escándalo es mayúsculo. La ciudadanía extremeña, irritada por lo que ha ocurrido y está ocurriendo, dirige la mirada hacia su presidente regional y no encuentra en él ni siquiera un gesto ni una palabra que calme los ánimos de la población. No se aprecia que haga algo útil, eficaz y, sobre todo, creíble, para solucionar el problema. Parece un boxeador que acabase de recibir en la cara una tanda de golpes durísimos y tratara de mantenerse en pie agarrándose a las cuerdas del cuadrilátero. ¡Vara está grogui! ¡No comprende lo que le está pasando!


Si lo comprendiese, asumiría inmediatamente sus responsabilidades políticas y gubernamentales. Los extremeños le eligieron y le pagan el sueldo para solucionar sus problemas, para mejorar su vida, para que tome decisiones acertadas y eficaces, no para que un día tras otro se esconda o los machaque con obviedades seudofilosóficas.


Si Vara tuviese las ideas claras en estos momentos, se daría cuenta de que con su mala gestión ha metido a su partido y a sus correligionarios, simpatizantes y votantes en una ciénaga. En un charco inmundo, en un barrizal. Y, entonces, para salvarse él y salvar a quienes le siguen con los ojos cerrados, se iría a su casa. Renunciaría, al menos, a seguir optando a la reelección como presidente de la Junta.


No lo va a hacer porque eso supondría que es un buen político. Y Vara no es un buen político. Nunca lo ha sido. En la transición desde la dictadura hasta la democracia, en una etapa de tormentas políticas dentro del PSOE, Felipe González se marchó voluntariamente, abandonó la secretaría general del partido para volver con muchísima más fuerza, unos meses después, y gobernar España durante catorce años. Pero, claro, Felipe no tuvo nunca la altura política de Vara.


Para intentar salvar los restos del naufragio, a Vara podría apartarle de la carrerilla presidencial Pedro Sánchez, el secretario general del PSOE. A fin de cuentas, Extremadura no tiene el mismo peso político dentro del partido que Andalucía. Además, no sería la primera vez que Sánchez haría algo así. En febrero del 2015, Sánchez obligó a Tomás Gómez Franco, que había ganado las primarias para ser el candidato a presidir la comunidad autónoma madrileña, a renunciar a la candidatura y puso en su lugar a Ángel Gabilondo, que ni siquiera había concurrido a la selección. Y aquel descarrilamiento no lo originó un tren. ¡Fue un tranvía! El tranvía de Parla.


Pero no creo que Pedro Sánchez repita en Extremadura aquella jugada. Bastante tiene él con lo suyo. Además, vale más pájaro en mano que conejo en la chistera.


A Vara se le podría apartar del cargo a través de una moción de censura. La oposición sabrá si hay motivos para ello, pero el Estatuto de Autonomía está muy claro.


“Artículo 29. Moción de censura.
“1. La Asamblea de Extremadura puede exigir la responsabilidad política del Presidente de la Comunidad Autónoma mediante la adopción por mayoría absoluta de una moción de censura que habrá de ser propuesta, al menos, por un quince por ciento de los miembros de la Cámara e incluir un candidato a Presidente que presentará su programa alternativo”.


El 15 por ciento de 65 integrantes de la Asamblea son 9,75 señorías, por lo que sólo el PP, con 27 escaños en la actualidad tiene fuerza por sí mismo para presentar la moción de censura. Sin embargo, para ganarla tiene que contar al menos con el respaldo de Podemos. Los seis escaños del grupo morado sumados a los 27 del PP dan justamente la mayoría absoluta del Parlamento: 33 votos. Sólo con los dos votos del grupo mixto (Ciudadanos y Vox ex PP) no bastaría. Pues el PSOE-SIEX tiene 30 escaños.


Reunir los apoyos necesarios para que triunfe una moción de censura siempre es difícil y, si resulta indispensable que Podemos apoye al PP, parece definitivamente imposible, por la diferencias ideológicas, por las reticencias personales y por Pablo Iglesias que está en Madrid quemando etapas a rueda de Pedro Sánchez. Un Iglesias disfrazado de burgués con chalé en Galapagar y dispuesto hasta a abjurar de su fe bolivariana con tal de ser califa en lugar del califa.


Además, las mociones de censura, fíjese usted en el presidente Pedro Sánchez, pueden tener un coste político importante para quien las gana y, a cinco meses de las elecciones autonómicas y con el adversario convertido en monigote del pin pan pun, tal vez resulte más rentable sentarse en la puerta de casa a verlo pasar, ya despojado del coche oficial.


Esperemos que, si Vara vuelve a su puesto de médico forense, sea sin haberle hecho la autopsia a esta Extremadura que se desangra sin que nadie le ponga remedio. 

Así las cosas, quien únicamente puede sentenciar a Vara es el electorado. En mayo, como más tarde, tiene que haber elecciones y le corresponde al electorado decidir si Vara debe continuar, porque lo está haciendo bien, o debe irse a su casa porque lo hace mal y ha fracasado.


Las urnas son las portavoces de la soberanía popular y hablarán. Claro que hablarán.


No obstante, las próximas elecciones, tanto las autonómicas como las municipales y las generales, van a ser muy especiales. Hay muchísimos factores en el bombo de los premios y conseguir uno o dos escaños podría bastar para tener la llave de las instituciones y de los golosos cargos. Nunca, hasta ahora, un ramillete de votos podría dar tanto poder.


(Nonagésimo artículo publicado en extremadura7dias.com,
el 5 de enero del año 2019.)

viernes, 4 de enero de 2019


Toto Estirado, al arte de triunfar sobre la muerte


José Joaquín Rodríguez Lara


Es muy posible que (el) Toto Estirado naciese más tarde de lo que se merecía y en un lugar muy ajeno al que le correspondía.


José Antonio Estirado Cruz -conocido como Toto Estirado- nació en Usagre el 28 de marzo de 1939, y falleció en el hospital provincial de Badajoz a los 55 años, en 1994.


Si, por razones de cuna, hubiese malvivido a base de perritos calientes en la V avenida de Nueva York, o si hubiese emigrado para instalar sus pinceles en la colina parisina de Montmatre, tal vez ahora estaría considerado como un genio del arte, pero Estirado nació y pasó demasiado tiempo en Extremadura y su paso por Sevilla, santuario artístico del sur de España, no fue suficiente para sacarle de la miseria.


Muchas personas recordarán haberle visto recorriendo los bares de Badajoz con sus cuadros de pequeño formato, pintados sobre madera la mayoría de las veces, malvendiéndolos por cuatro perras o cediéndolos por unas copas y algo de comida. Yo sí le vi y recuerdo que se le trataba con más caridad, esa apestosa túnica de la injusticia, que con respeto hacia su obra.


A Toto Estirado se le iluminaba la cara angulosa cada vez que ‘colocaba’ en manos ajenas una de sus pinturas, que en muchas ocasiones los clientes compraban con no poca resignación, ‘para ayudarle’.


Con lo que se paga actualmente por cualquiera de sus cuadros, José Antonio Estirado Cruz habría subsistido muchos meses. La misma sociedad que no apreciaba su arte cuando Toto necesitaba el dinero, paga ahora cuando no lo necesita por cada uno de sus cuadros miles de euros.


Toto Estirado permanece en la memoria de quienes le apreciaron, y en el historial de algunas galerías de arte, y en los fondos ‘esquizoides’ del museo Reina Sofía, sacrosanto santuario del arte contemporáneo, y en algún impreso del museo Luis de Morales, de la ciudad de Badajoz, que acogió una exposición de su arte, y aunque aún no se le ha hecho un hueco en el MEIAC (el Museo Extremeño e Íbero Americano de Arte Contemporáneo) que se levanta sobre el solar de la antigua cárcel de la capital provincial, sí está en la barriada pacense de Los Colorines, donde una plaza lleva su nombre, el mayor honor que se le suele conceder en Extremadura a un genio. Siempre que ya haya fallecido, lógicamente.


Usagre, su localidad natal, aún no le ha dedicado ni una calle, ni una plaza, ni le ha puesto su nombre a un centro cultural o a un premio artístico, según han manifestado a 7Días fuentes del Ayuntamiento panzón que así se llama también a los usagreños. No hay prisas. Toto Estirado ya ha superado todas las urgencias.


El arte tiene estas cosas y no es raro pasar del arroyo a los altares y hasta a los museos, quizás porque nunca ha estado muy claro qué es el arte, ese proceso con el que los seres humanos analizan, interpretan y exponen aspectos del mundo real, o de universos imaginados, concretándolos en mensajes que son las obras de arte.


Lo único que está claro en el mundo del arte es que la muerte revaloriza a los artistas. Si quienes mueren pudiesen pintar, escribir, componer o cantar se forrarían. Y si alguien vivales se hace pasar por fiambre, se forrará.


(Octogésimo noveno artículo publicado en extremadura7dias.com,
el 4 de enero del año 2019.)




jueves, 3 de enero de 2019

- Arte es el resultado de los procesos creativos
 con los que los seres humanos
 analizan, interpretan y expresan
 aspectos del mundo real o de universos imaginados concretándolos en mensajes
 que son las obras de arte.


miércoles, 2 de enero de 2019


El desconcierto del tren extremeño alcanza cotas de obra maestra


José Joaquín Rodríguez Lara


Guillermo Fernández Vara, a la sazón presidente de la Junta de Extremadura, concluyó su discurso de fin de año animando a los extremeños a pedir por esa boquita. “Seamos exigentes, reivindicativos, pidamos de una vez por todas que en las infraestructuras se cumpla con Extremadura, que el tren llegue”, afirmó Vara. ¿Seamos exigentes? Empiece siéndolo usted, señor presidente. Plántese en la puerta de La Moncloa, y no a 300 kilómetros, y no regrese a Extremadura hasta que venga con un tren digno debajo del brazo.


Nuestro presidente nos animó a exigir y lo dijo en el instante final de su discurso. No porque él lleve lustros viajando en coche oficial y en avión y no suela hacerlo en tren, salvo que no haya más remedio que ir desde Mérida a Cáceres a manifestarse, sino porque debe de estar convencido de que con su compañero Pedro Sánchez en La Moncloa y con él al frente del Pacto Social y Político por el Ferrocarril, en el conventual santiaguista de Mérida, lo del tren digno ya está encarrilado y los sainetes de ‘Milana Bonita’ y la indignación de los usuarios del ferrocarril en Extremadura son cosas del pasado, simples números de feria para las plazas de los pueblos.


Pero he aquí que, año nuevo, problema del siglo que se fue. El 2019 ha comenzado con todo un recital, pero un señor recital, que deja chico a lo mucho que están ofreciendo las televisiones españolas estos días. Ni las canciones de antes, ni el humor plagiado de aquí y de allá, ni los valses de Viena, ni la manga del vestido de Anne Igartiburu, ni tampoco la piel del ‘desnudo’ de Cristina Pedroche, que bien guapas que han dado las uvas ambas, puede compararse con el espectáculo del tren en Extremadura: paradas, retrasos, apagones, casi 200 personas a oscuras o a la llama de los candiles telefónicos, averías en mitad del campo, frío en los vagones, el tren llevado a rastras hasta la siguiente estación, nervios, llantos, policías, viajeros al tren viajando sin tren hacia Madrid, por carretera...


Un infierno, una situación completamente dantesca. Lo último de lo último en el último discurso del año y en trenes. Lo que ocurre con el tren en Extremadura no lo mejoraría ni Cecil B. DeMille dirigiendo ‘Los Diez Mandamientos’ y otras obras maestras del espectáculo cinematográfico.


(Octogésimo octavo artículo publicado en extremadura7dias.com,
el 2 de enero del año 2019.)

sábado, 29 de diciembre de 2018


Veinte arcos triunfales para la mirada de Sebastião Salgado

José Joaquín Rodríguez Lara


Quienes se encuentren durante estas fiestas navideñas en la ciudad de Badajoz pueden disfrutar, gratuitamente y mientras dan un agradable paseo, de una gran exposición.


Se trata de la muestra ‘Génesis’, del prestigioso fotógrafo brasileño Sebastião Salgado. La exposición está instalada a lo largo del bulevar de la avenida de Huelva.


En el paseo central de esta gran vía pacense, entre palmeras, que intentan sobrevivir a los ataques del picudo rojo, y otras plantas ornamentales, flotan en el aire 36 imágenes de gran formato captadas por la mirada de Sebastião Salgado. Se trata sólo de una parte de la obra magna del fotógrafo brasileño, pero merece la pena contemplarla.


Son imágenes en las que conviven el fotoperiodismo, la fotografía documental, la fotografía artística y el activismo ecologista, pasado todo ello por el tamiz de la gran calidad técnica y de la enorme sensibilidad humana y artística que caracterizan la dilatada producción fotográfica de Salgado.


A través de su cámara, el gran ojo inquisitivo nacido en Aimorés, localidad brasileña perteneciente al estado de Minas Gerais, nos acerca en blanco y negro un mundo primitivo que es de ahora mismo, integrando en sus fotografías todos los estados de la naturaleza –el gaseoso, el mineral, el líquido…- y la vida –vegetal, animal y humana-, plasmando desde detalles minúsculos hasta los costurones del planeta Tierra.


La Caixa y el Ayuntamiento de Badajoz colaboran en el ofrecimiento a la ciudadanía de esta singular exposición al aire libre, pues no hay mejor sala para apreciar la naturaleza. Las obras están sostenidas por una veintena de robustos y sucesivos marcos de acero que, como arcos triunfales, se extienden a través del bulevar de la avenida de Huelva como un agujero de gusano que comunicara dos universos, el humano y el deshumanizado; como un túnel del tiempo inexplicablemente varado en una calle de Badajoz o, tal vez, como una representación minimalista del teleobjetivo fotográfico que va captando la realidad en recuadros de vida convertida en arte por el ojo y el corazón de Sebastião Salgado.



(Octogésimo séptimo artículo publicado en extremadura7dias.com,
el 28 de diciembre del año 2018.)