martes, 22 de diciembre de 2009



(Entre paréntesis)

José Joaquín Rodríguez Lara


ABRO paréntesis (cada día veo más paréntesis en los textos). Debe ser una moda, aunque más parece una plaga. El paréntesis es un signo mellizo (término que habría que incluir entre las palabras castellanas en peligro de extinción, pues la equiparación sexual ha llegado al extremo de considerar gemelas a todas las criaturas nacidas en un parto doble, sin importar el sexo. «Ha tenido gemelas, niño y niña». Jesús, tan jóvenes y ya desprovistos de atributos sexuales definidores).

Aunque sea mellizo, el paréntesis no es gemelo: hay '(' paréntesis de apertura y paréntesis de cierre ')'. Eso sí, suelen ir juntos a todas partes, menos a los 'chats' y otras tertulias informáticas. Ahí se teclea :) para sonreír, :( para mostrar disgusto y ;) para guiñar el ojo. (Wikipedia dixit). Además se pueden hacer algunas otras cosas bastante soeces.

Muchas de las expresiones encerradas entre paréntesis podrían ir entre comas o entre guiones. El guión no encierra las frases, sino que las relaciona; es una mano tendida que conecta expresiones y funde-palabras, un signo tan dialogante (al contrario que el paréntesis) que hasta se pone al inicio de cada intervención en los diálogos.

- ¿No es así?
- Desde luego que lo es.

Las normas de escritura tradicionales le atribuyen numerosas funciones a los paréntesis. (Para contener oraciones subordinadas). Para guardar fechas como el año (1212) de la batalla de Las Navas de Tolosa. Para explicar siglas y abreviaturas; v. g. (verbigracia). Para aclararle al vulgo (en cristiano) lo que, por erudi(c)ción, soberbia o chulería se ha escrito en latín u otras lenguas que, por estar muertas o lejos, no se encuentran al alcance del común de los mortales. ¡O tempora! ¡O mores. (La 'Catilinaria' no pierde vigencia). También se utilizan los paréntesis para resaltar las acotaciones en los libretos de teatro. ¡Ay! (grita transido de dolor Doroteo, tras pillarse el corazón -tercer dedo de la mano, se mire por donde se mire- con la tapa del piano). Igualmente se recurre a los paréntesis para circunscribir el ámbito en el que está el sitio del que estamos hablando. Por ejemplo (Huesca), si queremos situar en el texto a Barbastro, o (al fondo a la derecha), cuando queremos dar instrucciones precisas sobre algo que si no está al fondo a la derecha se encuentra en la puerta de al lado.

A pesar de estas y de otras funciones escriturales propias de su sexo, el paréntesis siempre me ha parecido un signo mucho más matemático que gramatical. En la escritura se encierra entre paréntesis lo menos importante, lo subordinado, lo ya dicho. En cambio, en las operaciones matemáticas, lo que se presenta contenido entre paréntesis tiene preferencia a la hora de resolver las operaciones.

En el lenguaje corporal lo más parecido al paréntesis matemático podrían ser esas arruguitas que enmarcan los ojos o las comisuras de los labios, pero hay un gesto que se acerca mucho más: los brazos cruzados sobre el pecho. Además de desentenderse de las angustias ajenas, cuando alguien cruza los brazos se enmarca a sí mismo, resalta su presencia y establece una barrera física (casi inexpugnable) entre su realidad y la que le rodea. De algún modo está diciendo: en esta operación matemática, lo primero es resolver lo mío.
Últimamente habrá visto usted en HOY a más de un firmante entre paréntesis. (De brazos cruzados). No es por egoísmo (o desinterés). Es por diseño. Y crea usted que donde hay diseño, no manda marinero.


miércoles, 16 de diciembre de 2009

Diego Godoy

José Joaquín Rodríguez Lara


CON los primeros fríos de este otoño, sospechosamente confortable, nos hemos quedado sin Diego Godoy Vances. Corresponsal de HOY en Castuera durante casi 20 años, Diego fue el hombre de Puerto Hurraco, el primer periodista que informó sobre la carnicería realizada por los hermanos Emilio y Antonio Izquierdo. Bien entrada ya la noche del domingo 26 de agosto de 1990, Diego Godoy, haciendo gala de olfato periodístico, llamó a la redacción del diario en Badajoz para trasmitir lo primero que supo sobre la tragedia.

-Joaquín, ha pasado algo en Puerto Hurraco. Han traído a una niña malherida. No tengo el coche, pues se lo ha llevado mi hijo, pero voy a tratar de acercarme con el que ha traído a la chiquilla.

Esa noche, el azar le regaló a Diego una prórroga de 19 años de vida, pues los Izquierdo acribillaron el vehículo matando al conductor cuando regresaba a la pedanía, pero al corresponsal de HOY se le había escapado el transporte y se quedó en Castuera. El regalo de la suerte se le acabó el lunes pasado.

Diego Godoy Vances ha muerto a los 73 años. Sin su llamada a la redacción de HOY aquella noche de agosto, cuando todavía estaba en sus inicios la venganza asesina de los Izquierdo, y sin la generosidad y profesionalidad del periodista Domingo Núñez, a la sazón jefe de Deportes de HOY, y del fotógrafo Brígido Fernández, la escabechina de Puerto Hurraco hubiese sido una información contada a toro 'pasao'. Pero Diego 'recibió al morlaco a porta gayola', en Castuera, y Domingo y Brígido se fueron a Puerto Hurraco para fajarse con la noticia 'en los medios' de la misma pedanía, llamando a Badajoz cada vez que había un dato nuevo.

-Que ya son cinco, Joaquín.
-Pero cinco ¿qué?, Domingo. ¿Heridos?
-No, heridos no. ¿Qué van a ser heridos?

A 30 metros de donde habían caído las piezas abatidas por las escopetas de los Izquierdo, Domingo Núñez informaba desde el único teléfono que había en el pueblo -entonces, los móviles eran ciencia ficción-, rodeado por los familiares de los fallecidos que también tenían que hablar por ese mismo aparato, instalado en una vivienda.

-Siete, Joaquín, siete, y quince heridos.

Descontados los viajes al teléfono, Domingo Núñez y Brígido Fernández estuvieron toda la madrugada a una bocacalle de donde seguían apostados los hermanos Izquierdo. Los dos periodistas de HOY también corrieron serios riesgos, pero aguantaron disciplinadamente toda la noche.

-Si os venís sin las fotos os corto los...

A la mañana siguiente, Brígido fotografió la detención de los Izquierdo. Las cananas repletas de cartuchos aún impresionan. Brígido hizo unas fotografías de reportero grande. Si, ahora que los periodistas empezamos a ser piezas de museo, alguien abriese el museo extremeño del periodismo, entre periódicos viejos, restos de rotativas, berrinches, antiguas válvulas de radio y los primeros telediarios locales, las fotografías de Brígido deberían tener un lugar destacado.

Y todo fue posible porque Diego Godoy hizo honor a su condición de corresponsal, de adelantado en el frente informativo. Merecía un monumento. En su honor y en el de todos los corresponsales que, a pesar de los pesares, hacen periodismo del bueno, aunque a veces nadie se lo reconozca.


sábado, 12 de diciembre de 2009


La guinda del pastel

José Joaquín Rodríguez Lara


NI la siesta ni la ducha ni tampoco el microondas, el mando a distancia o el sexo virtual. Nada de eso. El mayor signo de progreso, de comodidad y de triunfo personal es el aburrimiento. No lo dude. Si usted se aburre es que ha triunfado. Se aburre de felicidad, de ausencia de deseos. Salvo imaginación, usted lo tiene todo. Aburrimiento incluido.

Piense usted en esas criaturas muertitas de hambre que nos muestra la televisión a la hora de la comida. ¿Parecen aburridas? No. Parecen vivas de milagro. Para los pobres de solemnidad el aburrimiento es un peligro mortal. No pueden aburrirse quienes se matan por escapar del hambre; o son vivos o fenecen. ¿Tienen cara de aburrimiento quienes huyen de un miura, de un león, de una buena víbora o de Belén Esteban? Nada de eso. No sólo no se aburren, sino que dedican todas sus energías a evitar la cornada, el zarpazo, la picadura ponzoñosa o las albóndigas que anoche dejó en el plato Andreíta. El aburrimiento es hijo de la buena vida y nieto de la tranquilidad, lo que pasa es que ellas se pasan las horas tiradas a la bartola, viendo la televisión, y no se enteran.

Las nuevas generaciones se aburren mucho. Cada día más. ¿Por qué? Porque lo tienen todo. Juguetes, comida, ropa, sanidad, educación, diversión, televisión, comida, juguetes, televisión, diversión y comida y televisión y juguetes. Es como la película 'Atrapados en el tiempo' -mucho más conocida como 'El día de la marmota'- pero con juguetes, comida, diversión y televisión y juguetes y televisión. No les falta de nada. Así que ya no les entretiene ni siquiera el mismísimo 'Atrapados en el Festival de Eurovisión'. Todo les parece poco. Por eso quieren más. Algo que les rellene los agujeros del alma. En cambio, las personas mayores, que tuvieron que luchar -¡y de qué modo!- para no perecer en la aventura de vivir, se entretienen con cualquier cosa. Un poco de conversación, una tarde soleada en mitad del otoño, un viaje, aunque sea con el Inserso, un ratito de televisión, alguna actividad manual, unas horas sin achaques. Disfrutan hasta de la vida que no tienen.

Hay quien asegura que el aburrimiento es la tumba del amor, pero no es cierto. En realidad es la guinda que corona la tarta nupcial, la señal inequívoca de que se ha amado tanto y se conoce tan bien a la otra persona que nada de lo que diga o de lo que haga puede ya sorprender. «Cariño, ¡qué feliz soy! Me aburres tanto.» «Tú también me aburres cada día más, corazón».

miércoles, 25 de noviembre de 2009


Una palabra

José Joaquín Rodríguez Lara



CON un par -de razones- por lo menos, la Asociación de Empresarios de Montijo ha decidido no volver a poner en los bares de la localidad canciones de músicos que le hayan vendido su alma a la Sociedad General de Autores y Editores, por mal nombre la 'esgae'. Hartos de que los recaudadores de impuestos les acogoten con el cobro de los derechos, los hosteleros montijanos han pensado que para derechos ellos. Se han puesto en pie y han dicho: «Pues ahora, mi Ramoncín, no como». «Deme usted la lista de sus pupilos para que no volvamos a hacerles publicidad en nuestro locales. Si quieren cantar, que canten en la 'SGAE'». Y dicho y hecho. Le han enviado al despacho de Teddy Bautista un burofax -documento que tiene carácter probatorio-, comunicándole sus intenciones y reclamándole la lista del pupilaje artístico.

Montijo deja el reclinatorio y se pone en pie. Por mucho menos empezó la Guerra de la Independencia contra Napoleón, que no era 'El Rey del Pollo Frito', ni tampoco el líder de la banda 'Los Canarios', pero al menos ejercía de emperador y tenía atemorizada a toda Europa, no sólo a los tunos y demás coros de cumpleaños. Al grito de 'La patria está en peligro', el 2 de mayo de 1808, los dos alcaldes ordinarios de Móstoles (Madrid) pusieron en circulación un bando -con dos versiones- alertando sobre el peligro que suponía la presencia de tropas francesas en España y reclamando ayuda de otros municipios para hacer frente a sus rapiñas. Uno se llamaba Andrés Torrejón García, labrador de 73 años de edad, que había sido elegido alcalde en contra de su voluntad, por el Estado Noble, debido a que ningún noble quiso pasar ese año por el estado de alcalde de Móstoles; el otro era Simón Hernández Orgaz, también labrador, de 62 años, elegido por el Estado General. Los bandos no los redactaron ellos, sino el jurisconsulto asturiano Juan Pérez de Villamil y Paredes, que al parecer aceptó la sugerencia del extremeño Esteban Fernández de León e Ibarra, natural de Esparragosa de Lares, pero la historia tiende a la simplificación y el extremeño promotor del texto e inductor moral de la rebelión desapareció del inconsciente colectivo -¿dónde estaba la 'esgae'?-, los dos bandos se resumieron en uno -¿dónde estaba Zapatero'- y la pareja de mandamases quedó reducida a un varón. (Dónde estaba la ministra de Igualdad).

La reacción de los hosteleros montijanos suena (atención Ramoncín, que si 'suena' aquí todavía hay derechos para apañar), a locura; pero mucho más loca debió de resultar en su momento y lo sigue pareciendo ahora, la postura de los alcaldes campesinos de Móstoles y ahí está, en los libros de historia.


sábado, 21 de noviembre de 2009


Raya y punto

José Joaquín Rodríguez Lara



NI la raza ni la religión ni el sexo ni el idioma ni el dinero ni tampoco las alambradas ni mucho menos los estatutos de autonomía. Nada causa más segregación que el tiempo; no hay en el mundo otra cosa que confine más que los años. La edad no es una frontera, ni siquiera una verja disuasoria, es una muralla, con sus fosos, sus barbacanas, sus torreones y torres albarranas, sus garitas, sus saeteras, sus troneras y todo lo necesario para cerrarle el paso a quienes no se resignan a inclinarse ante el dedo acusador de los calendarios, a los que se revuelven para que no les encierren en la empalizada de los cumpleaños o de los 'nocumpleaños', que para el caso es lo mismo.

Estamos continuamente etiquetando al personal -'esunodelosnuestros', 'esespañol', inmigrante, mujer, vieja, divorciado, 'muymerengon', parado, solterón, cascarrabias, trajeado, hippy, etcétera, etcétera, etcétera- como si la vida fuese un gran supermercado y cada uno de nosotros, y también cada una de vosotras, tuviésemos la obligación de actuar como reponedores/reponedoras de productos en los anaqueles de las góndolas, armados con la infalible pistola que dispara códigos de barras. Nos etiquetan nada más nacer (es ¡niña!), pero también al minuto siguiente (está completita) y un minuto después (los ojos son del abuelo ¿y la naricilla...?). Y así hasta que morimos en la memoria de los que dejamos atrás, que continúan disparando códigos de barras.

Nos marcan y vuelven a rotular aunque, en ocasiones, nos permiten escaparnos de un cajón a otro, que cambiemos de equipo y de sexo y que nos volvamos a casar y hasta, en el colmo de los colmos, nos dejan ser 'unodelossuyos'; pero con la edad no se juega ni se permiten alegrías. Nada de eso. Se es embrión, bebé, criatura, niñ@, preadolescente, muchach@, zangolotino, adolescente, 'muyjoven', joven, 'todavíajoven', maduro, 'maduritointeresante', mayor, 'muymayor', 'presidentedeerreteuveé', carroza, retablo, cascajo, viejo, fiambre y algunos 'estadíos' intermedios de menor fuste.

Y no hay vuelta de hoja, aunque a la adolescente se le trate como a una niña y se le exija como si fuese adulta -Que ya no eres tan cría-, mientras que al viejo -Que ya no eres un crío- se le encierra con candados en el taca-taca de la senectud para que no alborote el gallinero. Asombra, espanta, causa irrisión y levanta sospechas que alguien haga algo asignado a un tramo de edad distinta a la suya. No se puede consentir. Por encima de los sueños y de las capacidades está la raya de segregación, más difícil de cruzar que el paralelo 38, que divide en dos a Corea, o el 52 que separa a Chile de Argentina.



miércoles, 18 de noviembre de 2009

Estatuto nuevo


José Joaquín Rodríguez Lara


Shakespeae retrata a un Hamlet asombrado por la falta de respeto que los enterradores muestran hacia los difuntos. Para enterrar a un muerto, cualquiera sirve menos un sepulturero. Si escribiese ahora, al príncipe de Dinamarca le asombraría muchísimo más el poco respeto que el pelotón político, en general, le tiene a las leyes con las que nos gobierna. Para honrar la ley, cualquiera vale, menos un político. Hay sentencias que lo demuestran.Vivimos en una sopa legislativa descomunal. Nunca hubo ni habrá tantas leyes ni tantas directivas ni tantos escaños redactando articulados. Ríase usted del cinturón de fuego del Pacífico. Aquí sí que hay volcanes legislativos. Tenemos un Parlamento Europeo y un Senado y un Congreso y diecisiete cámaras legisladoras autonómicas y miles de ayuntamientos -que hacen de gobiernos, de parlamentos y de lonjas al por mayor- y decenas de miles de políticos entre los que hay muchísimos que son honrados, pero también hay demasiados que malversan, que prevarican, que roban y que se cachondean de la ley por tierra, mar y aire. Que afición tienen algunos a hacer leyes y cuanto desinterés muestran por cumplirlas.

El 'cubo' de Biblioteconomía,
construido en el corazón de la alcazaba almohade de Badajoz,
flanqueado, a la derecha, por la Torre de Espantaperros.
Acabamos de avanzar cuatro puestos hacia el vómito en el asqueroso listado de los países con más corrupción. Según el informe 'Transparency Internacional', España es hoy cuatro puestos más corrupta que ayer, pero menos que mañana. Eso dice nuestra particular medalla del deshonor.

Hay políticos que violan el ordenamiento jurídico y se ríen del Estado de Derecho con el pretexto de que así benefician a la sociedad. Incluso los hay que se lo creen y pretenden que nosotros también lo creamos. ¿Cómo es posible tanta zafiedad? Querrán decir que se benefician de la sociedad o, incluso que 'se la benefician'. Ya se levante un chalé en terreno protegido o un cubo en una alcazaba almohade. Da igual. Nadie puede estar por encima de las leyes por muy buenas intenciones que tenga. Y los hay que consideran que, puesto que el daño ya está hecho y es «irreversible», lo mejor es cerrar los ojos. Pocas cosas hay más irreversible que la muerte, que además es 'inevitable' e 'irrepetible' y, sin embargo, se castiga a los homicidas.

No hay ciudad sin ley, ni siquiera en Kansas. Ninguna sociedad puede existir sin normas. Respetar la ley equivale a respetar a la sociedad y a sus individuos uno por uno. Saltársela o rodearla, aunque sea con la sana intención de favorecer el desarrollo, nos daña a todos. Y no es el económico el mayor de los perjuicios, sino aceptar que cuando se gobierna se puede hacer lo que venga en gana.

El PSOE y el PP pidieron ayer en el Congreso la aprobación del nuevo Estatuto de Autonomía para Extremadura. Es otra ley. Importantísima, desde luego. ¿La necesitamos? Aceptemos que sí, que es imprescindible para nuestro futuro. ¿Será respetada o se la saltarán para construir otro cubo?

miércoles, 11 de noviembre de 2009



Memoria cruel

José Joaquín Rodríguez Lara


Dicen que la distancia es el olvido, pero eso debió de ser hace mucho tiempo, cuando el bolero todavía estaba en boga y la distancia se medía en leguas y a uña de caballo. Ahora que lo hacemos en nanosegundos y en millones de año luz, cuando de las leguas no queda memoria y de los caballos sólo perdura el relincho de los trenes cruzando al trote la piel de Extremadura, el sistema métrico emocional se ha encanallado en las distancias cortas y ya sólo nos queda lejos la abuela, que hace años enviudó y vive sola en otro barrio, o el abuelo, que se resiste a cambiar el pueblo por la ciudad y al que no le retienen ni el paisaje ni el paisanaje, sino que son los recuerdos los que le amarran a la rutina de los días. Para lo bueno y para lo malo, la memoria tiene una innegable vocación carcelera.

Insisten en que ya no hay distancias y en que jamás fue tan grande nuestra aldea ni hubo tantos millones de personas viviendo el mismo instante, la misma cienmillonésima de palpitante actualidad cotidiana, capaz de familiarizarnos incluso con lugares que no existían hasta que una vez pasó algo y le asignaron un sitio en los mapas del ciberespacio. Lo hemos comprobado una vez más hace muy pocos días. Matan a una burra a golpes en Torreorgaz y la burrada de unos mozalbetes causa más espanto en Australia, en Suecia, en Costa Rica, en USA y en Alemania que en el bar de la esquina. Ya no hay distancias insalvables, sólo murallas de vecindad, corralitos de egoísmo, celdillas de intereses en el panal cibernético. Es el signo de los tiempos que ha eliminado los postigos que abotonaban lo doméstico y la calle, lo público y la intimidad, el vayaustedcondios y lo sustancial, sustituyéndolos por pantallas con vistas al universo y tecnología digital.

Ciudadanos alemanes atacan el muro de Berlín.
Vivimos con los dedos. Cuentan que la Junta se ha gastado 14.000 euros en un programa para enseñar a l@s púberes extremeñ@s a masturbarse, entre otras cosas. 'El placer está en tus manos' parece que se titula el cursillo. O la adolescencia de ahora es muy ingenua, y no ha oído la buena canción que Bebe le hizo al amor propio, o los políticos actuales son muy listos o las dos cosas.

Y mientras llega semejante evento digital, se cumplen 20 años desde que derribamos el Muro de Berlín. Todos estuvimos allí aquella noche -de un lado o del otro-, gritando, golpeando el hormigón, empujando una pieza simbólica en el dominó de las dictaduras. 'Brindis por la libertad', titulé en la portada de HOY uno de aquellos días y me felicitaron. Lo cuento por anecdótico. En el oficio de la prensa -la de papel- una felicitación, sobre todo si es de un jefe, como fue aquella, vale al menos por cien broncas. Han pasado 20 años de la caída del Muro y parece que fue ayer. Está claro que no envejecemos con los años. Son las efemérides las que nos cuartean la piel y nos hacen viejos. Qué ingrato es el olvido, pero qué cruel puede ser la memoria.



miércoles, 4 de noviembre de 2009

Que se manifiesten


José Joaquín Rodríguez Lara


Nunca faltará quien piense que es una muestra de fuerza, pero detrás de la masa, de sus gritos, banderolas y pancartas lo que realmente hay es una demostración de impotencia. Cierto es que alguna que otra manifestación ha conseguido darle la vuelta a la tortilla, pero han sido las menos y más por la debilidad del poderoso que por la fuerza de los manifestantes. Así llegó a España la Segunda República. Los partidos de izquierda, que habían perdido las elecciones municipales en el conjunto del país, se echaron a la calle en los lugares en los que sí sumaron más votos, y los conservadores, que habían ganado los comicios locales, perdieron a un rey (Alfonso XIII) que desinformado y compungido se marchó del país desamparando a quienes le apoyaban. Ahora no pasaría.


Pero habitualmente no ocurre así. Los manifestantes piden el cierre de una discoteca, reclaman seguridad en las calles, un colegio, un empleo, un tractor amarillo, que se marchen las prostitutas, precios agrarios dignos o un homenaje por haber roto la bicicleta de todos con su mala gestión y nada cambia, salvo, quizás, las papeleras y otras piezas del mobiliario urbano.

Salir en manifestación de repulsa en contra de los mequetrefes que han matado a una burra en Torreorgaz no le devolverá la vida al animal y, lo que es más importante, no limpiará la imagen de un pueblo extremeño incluido ya para siempre en la lista de las localidades distinguidas por su crueldad ilegal con los animales. La clave de este caso no es la repulsa social, sino la ilegalidad. A partir de ahora, además de naturaleza, gastronomía y pueblos con encanto, en la campañas de turismo rural podremos incluir la eficiencia de nuestros mataburros y podaperros. En esto nadie nos gana.

Semejante vergüenza no se borrará con manifestaciones aunque las encabece el mismísimo presidente de la Junta. Al contrario. Si él o alguien de su Gabinete, se coloca al frente de la manifestación por lo de Torreorgaz estará reconociendo la impotencia de la Junta para luchar contra la estupidez de una docena de desalmados con identidad; un ejército formidable, bien se ve.

Cuando se tienen en las manos los resortes del Diario Oficial de Extremadura, de la Guardia Civil, de la Fiscalía, de la Alcaldía de Torreorgaz, del PSOE y de la inmensa mayoría de los ciudadanos no hay que manifestarse: hay que aplicar la ley y hacerlo hasta sus últimas consecuencias. Investíguese, sanciónese y después, si les apetece, que se manifiesten los autores de la salvajada, que no tienen ni la razón ni el poder ni nada más que mierda en el corazón y serrín en la mollera.

Que se manifiesten ellos y quienes les defiendan o disculpen.

miércoles, 28 de octubre de 2009


Las peluqueras del marido


José Joaquín Rodríguez Lara


CUENTAN que durante uno de sus siete años de campañas contra los romanos, Viriato bajó hasta Tucci, una ciudad íbera a la que los historiadores sitúan actualmente por la zona de Martos, en la provincia andaluza de Jaén. El ingenioso, justo y valiente general de los lusitanos, que guerreó en un escenario de ciudades y tribus autónomas, se había propuesto alistar en sus filas a los habitantes de Tucci, los cuales mostraban no poca indecisión a la hora de enfrentarse a las poderosas legiones de Roma.

No bastándole con sus brillantes brazaletes de caudillo para enardecer a la gente de Tucci, Viriato se puso en pie, anduvo unos pasos entre los notables de la ciudad y, mirándoles francamente a los ojos, les explicó lo que realmente les estaba ocurriendo.

«Había un hombre, ni joven ni viejo, que había tomado dos esposas», contó el de los brazaletes a quienes le escuchaban sentados sobre la indiferencia.

Cada vez que su marido volvía a casa, la más joven de las dos mujeres, para hacerle la estancia más agradable y ganarse su afecto, le acicalaba con mimo y se entretenía en quitarle los cabellos blancos, con el fin de que el esposo ofreciese un aspecto lozano, como ella misma tenía.

La mayor de las esposas le prodigaba también al hombre sus propias sesiones de acicalamiento y las aprovechaba para arrancarle cuantos cabellos oscuros podía, de modo que el marido cada vez pareciese menos joven y mostrase una apariencia canosa, lo más cercana posible a la suya.

Tanto esmero puso cada una de las dos mujeres en cuidar la cabellera de su esposo, que al cabo de unas cuantas sesiones de aseo conyugal, el hombre estaba completamente calvo.

Esto seguramente ocurrió mucho antes de que Viriato se lo contase a los acomodaticios e indecisos habitantes de Tucci, pero sigue valiendo.

A la esposa joven, póngale usted la cara y los ademanes de Alberto Ruiz Gallardón, y a la madura, vístala con las galas de Esperanza Aguirre.

¿A que ya sabe usted cómo va a salir del charco político Mariano Rajoy, que dice que es gallego, pero tal vez desciende de Tucci y debe a ello su proverbial mesura a la hora de tomar decisiones urgentes?

Aún se ignora dónde nació Viriato, pero Valladolid, León y el palacio de La Moncloa son enclaves que ya están descartados.

miércoles, 21 de octubre de 2009


El peligro de ser buena persona

José Joaquín Rodríguez Lara


ALGUNOS alcaldes tienen una inclinación enfermiza a cargar sobre sus espaldas responsabilidades que no les corresponden. En esta ciclópea tarea les ayuda mucho el hecho de manejar dinero que tampoco es suyo. Parece como si la obligación de gobernar un municipio, de administrarlo, de gestionar su funcionamiento asegurándose de que no falte el agua, ni el suministro eléctrico, que se recoja la basura, que se respeten las normas urbanísticas, que los mercados estén abastecidos, que no haya problemas medioambientales ni de seguridad ni de tráfico ni tampoco de cementerios fuese poca cosa para sus muchas capacidades y necesitasen embarcarse en negocios de más hondo calado para sentirse 'realizados'.

Financiar el deporte profesional, especialmente el fútbol, suele ser una de sus debilidades y lanzarse a la creación de empresas, otra. No es que sean manirrotos, aunque lo parecen, es que disparar con pólvora ajena siempre resultó tan barato que ni las prohibiciones legales consiguen atemperar el ímpetu salvador de esos ediles.

Aquí hubo alcaldes condenados por firmar peonadas falsas a sus vecinos. Lo hicieron con la mejor voluntad, para ayudar a sus paisanos en una situación de grave crisis laboral. Pero mintieron, engañaron, se rieron de la ley. Rodearon el problema en vez de hacerle frente. Se comportaron como bandoleros en lugar de como regidores y piezas destacadas del Estado de Derecho.

Tampoco faltaron soñadores engatusados por cantos de oceánicas sirenas a los que le dieron el timo de la camiseta cuando creían que estaban haciendo grandes negocios. Lo hacían por el bien de todos y todos perdimos con su fracaso. Ellos más que ninguno. Fueron alcaldes que tenían detrás de sí un amplio apoyo popular, algo que sin embargo no les hacía mejores empresarios; en todo caso, algo peores, por ser más soberbios. Jugaron a ser emprendedores para favorecer a algunos de sus vecinos, a costa de todos los demás, pues de poco vale -aunque se haga con la mejor de las voluntades- generar empleo si hay que vender el coche para pagar la gasolina.

La buena voluntad no es una virtud, es un peligro. No hay peor cosa que ser fundamentalmente una buena persona cuando lo que se necesita es saber. Si oye decir es que el médico que va a operarle es buena persona, y no un buen cirujano, salga huyendo con anestesia y todo, pues su vida corre peligro. ¿Entonces por qué Vara, que es médico, defiende al alcalde de Alburquerque? Porque Vara es médico, pero médico forense. Y Ángel Vadillo es un alcalde del PSOE sobre el que sólo hay diversas evidencias de mala gestión empresarial. Poca cosa para la que está cayendo.


miércoles, 14 de octubre de 2009

Guerra verde


José Joaquín Rodríguez Lara


EL Gobierno de Aznar metió a España en la guerra de Irak sabiendo que iba a una guerra. Los militares españoles conocían que el objetivo era terminar con el régimen de Sadam Husein y eso puede ser llamada de cualquier modo menos 'misión humanitaria', así que fueron mental y materialmente preparados para lo que les aguardaba.

El Gobierno de Zapatero mantiene a España en el conflicto afgano y no reconoce que sea una guerra. Según la Administración de Rodríguez Zapatero, las tropas españolas no van a Afganistán a hacer la guerra, sino a 'hacer la paz', en 'misión humanitaria'; mental y materialmente preparados para sembrar democracia y ayudar a la población, a 'los buenos'. El problema es que a los talibán, que son 'los malos' en esta guerra de dibujos animados, les trae al fresco si vas de boy scout o de 'soldado sin frontera'. Ellos disparan, ponen la mina anticarros y si hoy matan a tres, pues tres enemigos menos que tienen que matar mañana. En Afganistán no hace falta ir a la guerra; la guerra viene a por ti, y si no estás mental y materialmente preparado para defenderte, el riesgo se traduce en bajas sin sentido y en perplejidad: ¿A qué hemos ido? ¿Por qué seguimos allí? ¿Por qué no nos defendemos con todas las armas posibles?

Además de una ratonera, Afganistán es un laberinto, un embrollo orográfico, militar y geopolítico, un túnel hacia ninguna parte en el que es relativamente sencillo entrar y mucho más difícil salir. Un país que siempre exige más; más dedicación, más soldados, más sudor, más sangre y más lágrimas. Cualquier paso que se dé hacia atrás será aprovechado por los talibán para afianzar su poder exterminador y, de paso, también para reforzar las posiciones talibán en países como Pakistán, una potencia nuclear con propensión a la inestabilidad a la que conviene mimar.

En Afganistán, Zapatero no sólo no recula, sino que está dispuesto a seguir adelante. Ayer, en su visita al Despacho Oval de Barack Obama, se comprometió a incrementar la participación española en el conflicto afgano con el envío de guardias civiles, gente de armas que parece gustar en EE UU. No está mal. Ya puestos, al menos enviemos a militares -los civiles son militares aunque pueda sonar kafkiano- entrenados en la lucha contra quienes ponen la bomba y corren. ¿Le suena? Al fin de cuentas, en Afganistán no hay guerra pues dos no se pelean si uno no quiere. Eso sí, al que no quiere pelearse, suelen romperle la cara.

miércoles, 7 de octubre de 2009


Derecho a vivir

José Joaquín Rodríguez Lara


En España, los toros salen al ruedo a ganarse la vida, mientras que en Portugal salen a trabajar. Esta es la principal diferencia entre la tauromaquia lusa y la hispana. En esta última, lógicamente, se debe incluir a los hermanos portugueses de Barrancos que lidian al modo español. Ganarse la vida como toro bravo en Portugal debe de ser prácticamente imposible, pues concluido su trabajo en el ruedo, al astado le espera el carnicero, para el que no hay avisos ni crítica ni tampoco tendido del 7. En España la dificultad era aparentemente mayor, ya que la tarea del cornúpeta no concluía hasta que doblaba las manos y recibía el último cachetazo del puntillero. Las cosas, sin embargo, están cambiando y, para algarabía del respetable, escándalo de los muy taurinos, zozobra de los presidentes, orgullosa risa floja de los ganaderos y satisfacción de los diestros, aumenta el número de toros indultados y, con ello, se complica el destino final de los supervivientes.


Hace años, el toro indultado no sólo era motivo de admiración y orgullo del mayoral y del ganadero, sino que se convertía en una rara joya, en un tesoro de genes bravos que podían utilizarse, y de hecho se usaban, en la mejora de los encastes. El animal que se había ganado la vida en el ruedo, si no moría después debido a las heridas causadas por los puyazos y las banderillas, se convertía en semental de plantilla y se pasaba los últimos años de sus existencia padreando en la dehesa. Con el aumento de los indultos, no todos pueden llegar a semental titular del hierro, debido a que o no hay empleos libres o a que no siempre reúnen méritos para ocuparlos. Algunos, incluso corren el riesgo de que se les arrebate la vida que se ganaron frente a los engaños, con lo que el público, que tanto afán puso en salvar al morlaco, lo que de verdad hizo fue contribuir a prolongarle el sufrimiento.

No es justo. No lo era reservar exclusivamente a las plazas de más categoría la gracia del indulto, como si de toros, en lugar de las vacas, «y no todas», supieran los muros del coso y las tablas de su callejón, y no los públicos -que van y vienen-, los presidentes, diestros y ganaderos. Pero tampoco es justo que el indulto dependa de la emoción del momento y del criterio bamboleante de la presidencia, a la que le cuesta más conceder una oreja que sacar el pañuelo del perdón. Incluso hay quien opina que aumentan los indultos debido a que cada día hay más antitaurinos en las plazas. Sería lamentable, ya que es fuera de los cosos donde verdaderamente generan afición.

En la ruleta del indulto, las reglas no deberían dejar rendijas a los caprichos de la interpretación, y al toro que se gane la vida habría que garantizarle su derecho a bienvivirla.




miércoles, 30 de septiembre de 2009


Los pobres no tienen arte

José Joaquín Rodríguez Lara


Setenta años después de que las tropas hitlerianas invadiesen Polonia, iniciando con ello la Segunda Guerra Mundial, los judíos israelíes siguen literalmente cazando a los criminales nazis que pusieron lo peor de sí mismos a plena disposición del 'führer' y de su imperial locura. Seguramente no les interesa hacer justicia, sino vengar a las víctimas de los campos de exterminio. En cualquier caso, ni olvidan ni perdonan. Y es posible que a su particular lista de criminales en paradero desconocido, alguien tenga la tentación de añadir el nombre del mismísimo Adolf Hitler, pues los pertinentes análisis genéticos acaban de demostrar que el trozo de cráneo con agujero de bala que se suponía formó parte de la cabeza hitleriana, y que los rusos habrían sacado del búnker en el que se cree que se suicidó el caudillo del 'Tercer Reich', en realidad perteneció a una mujer de unos 40 años.

Roman Polanski.
Treinta y un años después de que se le escapase de las garras tras haber violado a una niña de 13 años, Samantha Gaimer, la Justicia norteamericana cree haber cazado por fin a Roman Polanski, director de cine que a sus 76 años es una película sin filmar. El cineasta de nacionalidad francesa llevaba tres decenios huyendo de la Justicia norteamericana, refugiado en el burladero francés, y le ha bastado asomarse al tercio suizo para que le cacen. Además de causar escándalo en Europa -especialmente en Francia, donde nació, y en Polonia, donde se crio- la detención confirma que la Justicia estadounidense ni le ha olvidado ni le perdona. Pero en Europa la memoria justiciera caduca con una facilidad pasmosa. A pesar de que la violencia contra las mujeres es una de las lacras que se pretende erradicar dedicando abundantes medios legales, policiales y económicos a luchar contra ella, para gran parte de la intelectualidad europea, la violación cometida y reconocida por el cineasta ya no debe ser castigada. Al fin de cuentas, Samantha, la víctima, le ha perdonado; como tantas mujeres que perdonaron a sus agresores hasta que, definitivamente, se les paró el pulso. Tampoco creen que merezca castigo el hecho de que Polanski huyera durante un permiso carcelario. Los méritos de Roman como cineasta parecen borrar todas sus responsabilidades sociales como agresor sexual y prófugo.

EE UU que no le negó sus méritos cinematográficos y le dio un Oscar a pesar de estar en busca y captura, ¿debe perdonarle la violación de una niña por ser un buen director de cine?

En el mundo hay personas poderosas que pagan sus impuestos con obras de arte y tampoco falta quien usa el arte para decorarse el currículum o para saldar su deuda con la sociedad. Aunque a otros, como a Farruquito, no les valiese. Los pobres no. Los pobres no tienen arte y, cuando pagan, lo hacen en carne propia. Es ley de vida.

miércoles, 23 de septiembre de 2009


Una buena persona


José Joaquín Rodríguez Lara



CON el fallecimiento de Manuel Bermejo, Extremadura pierde una persona de referencia en su historia política reciente. No fue un político al uso de los actuales, ni tampoco como aquellos otros entre los que se enmarca su nombre. Vivió la transición de España hacia la democracia; hizo la transición de Extremadura entre el centralismo y los atisbos de autogobierno y fue un hombre de transición entre dos torbellinos de la política: Luis Ramallo, primer presidente preautonómico, al que sucedió, y Juan Carlos Rodríguez Ibarra, primer presidente autonómico al que precedió al frente del ejecutivo regional. En nada, salvo en la defensa de Extremadura, se pareció a ellos. Bermejo fue un político moderado y hasta elegante en sus expresiones, a pesar de que le tocó vivir una etapa convulsa de su partido, tanto en Extremadura, como en el resto de España. Lo peor de perder el poder es que deja de sonar el teléfono, hay un vacío enorme, me dijo en una entrevista, cuando su nombre y su gestión empezaban ya a diluirse en el olvido. Se va una buena persona.




Sol y médicos

José Joaquín Rodríguez Lara


JUAN Carlos Rodríguez Ibarra lleva decenios mostrando interés por la salud del sistema sanitario. Hace 30 años, cuando era consejero de Sanidad en la Junta Preautonómica, le pedía cita a los médicos de los hospitales extremeños para tomarle el pulso a su situación. Los de la residencia sanitaria Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, de Badajoz, le recibieron de pie, en el pasillo, entre intrigados y desabridos. El consejero Ibarra se presentó y les explicó que había ido a verles para conocer de primera mano sus necesidades. El más veterano de los facultativos le agradeció el detalle, le preguntó qué medios tenía para atenderles y todo quedó en nada al saber que nada había.

Ni presupuesto, ni competencias, ni Estatuto de Autonomía. Sólo ilusión y buena voluntad. Ibarra, como diputado socialista-consejero preautonómico de Sanidad, visitaba los hospitales que gobernaba la UCD, y Luis Ramallo, como presidente preautonómico de UCD enviaba telegramas de enérgica protesta a los ministros de su propio partido. No había para más.

La situación política ha cambiado mucho y la sanitaria, ni le cuento. La sanidad tiene muchísimos más medios y mucha más cobertura, hasta el punto de que, junto a la educación -mala pero accesible a todos- y la prestación por desempleo, se ha convertido en una de las tres patas -seguramente la más robusta- que sostienen el taburete del bienestar. A Ibarra le preocupa que a pesar de su robustez la pata sanitaria -de las otras no habla, pero podría hacerlo- se quiebre por exceso de carga y pide a vuelamicrófono que el Gobierno reserve la sanidad pública española para los españoles. Su afirmación es una traca que tiene irisaciones revolucionarias -'la tierra para quien la trabaja'-, derechoides -'la sanidad para quien la paga'- y hasta guerristas -«Lo primero yo, endispué de mí naide y endispué de naide, Fuentes», que dijo Antonio Guerra, 'Guerrita'-, pero sufre carencias que deben atribuirse a la improvisación de unas declaraciones en directo. A veces conviene leer, como hace Obama. A la traca de Ibarra le faltan datos, cifras que tracen los perfiles exactos de la realidad. ¿Cuántos extranjeros nos visitan por turismo sanitario? ¿Cuánto nos cuestan? ¿Nos engañan o les vendemos salud en un paquete que incluye sol, paella y sangría? ¿Vara es tan manirroto como pinta a Zapatero?

La ministra de Sanidad, tampoco ha sido precisa en sus contradeclaraciones. Y debería serlo. Cuando estamos en crisis y se habla de subir impuestos, es peligroso dejar en el aire la sensación de que el derroche sanitario llega hasta el extranjero. Sobre todo si no es cierto y se puede demostrar.


miércoles, 16 de septiembre de 2009

Zapatero no hace política

José Joaquín Rodríguez Lara


SUBE con facilidad, pero José Luis Rodríguez Zapatero es un mal alpinista. Llegó a la cumbre de un tirón con la ayuda de muchos amigos y adversarios y está bajando de ella a trompicones y dejando a destacados compañeros de aventura por el camino. En dos semanas se han soltado de la cordada presidencial los ex ministros Jordi Sevilla (de Administración Pública) César Antonio Molina (de Cultura) y Pedro Solbes (vicepresidente y de Economía). Antes se habían ido otros prominentes 'sherpas' de las finanzas y ya se especula con los próximos abandonos de más porteadores, lo que resulta una clara falta de respeto y consideración hacia los futuros huidos. ¿Cómo se van a ir ahora Bernat Soria (de Sanidad) y Mariano Fernández Bermejo (de Justicia y Caza) si ya están grabadas hasta las tertulias en las que se santificará su heroico abandono? Es vergonzoso que desde los medios de comunicación se les esté presionando para que se queden.

Pero basta de especulaciones; atengámonos a los hechos. ¿Solbes, Sevilla y Molina lo dejan por aburrimiento, porque el cansancio no les permite seguir los pasos del presidente del Gobierno o, simplemente, porque no quieren seguirle? Ni a Zapatero ni a sus pasos. ¿Y qué más da? Aunque no sea exactamente lo mismo, el motivo de cada una de las renuncias no altera lo ocurrido: se fueron, se van, se han ido. Se desentienden de un líder, de una expedición y de una montaña a la que dedicaron gran parte de sus energías. Y no abandonan al abrigo de un cambio de legislatura, camino del campo base, ni en la menguada repisa de un vivac, sino en mitad de la cuesta abajo y sin frenos por la que se precipita la realidad española. Son mártires de poca fe. Renuncian en una etapa en la que al Gobierno, a cada paso que da, se le abren grietas en el hielo de la gestión, del Parlamento, del partido, de El País y hasta de Público. Es un espectáculo nunca, o muy pocas veces, visto y no presagia nada bueno para nadie. Alguno, hasta tendrá que pensar en ponerse a trabajar.

¿Y qué puede hacer el presidente Rodríguez Zapatero? Hacer, lo que se dice hacer, Zapatero debería hacer política, pero ¿cómo va a hacerla sin casi no logra ya ni remendarla? Como siga así, hará bueno hasta a Rajoy, Mariano, el de la expedición sin líder de cordada.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Píldoras

José Joaquín Rodríguez Lara


UNA de las supersticiones del ser humano es creer que la virginidad es una virtud». La frase no es de Bibiana Aído, ni tampoco de Trinidad Jiménez, ministras postcoitales ambas, sino de un tal François-Marie Arouet, que allá por el siglo XVIII se hizo célebre y considerablemente rico firmando sus escritos como Voltaire.

El filósofo francés fue un niño insufrible, un joven rebelde y un adulto con clara vocación de dinamitero que -lo mismo que Butragueño- creía en un Ser Superior -«Si Dios no existiera, sería necesario inventarlo», dijo-, lo que seguramente le animó a fustigar a la jerarquía eclesiástica. Voltaire fue también un adelantado a su tiempo que escribió sobre las lunas de Marte incluso antes de que fuesen descubiertas. Sin embargo, a la pastilla postcoital no llegó, se le adelantó Zapatero, aunque su obra está llena de píldoras filosóficas para antes del acto, para después del acto e incluso para el acto en sí mismo, convencido como estaba de que «una colección de pensamientos debe ser una farmacia donde se encuentra remedio a todos los males».

El presidente del Gobierno y las ministras Aído y Jiménez han optado por la píldora postcoital como remedio al mal de los embarazos indeseables. Cuando se tiene sobre la mesa el talonario de recetas del Boletín Oficial del Estado se puede hacer esto y mucho más. Y sobre todo, se puede hacer mucho mejor. Dicho sea con todos los respetos pues, ya lo dijo Voltaire: «Es peligroso tener razón cuando el Gobierno está equivocado».

Hay padres y madres que trinan contra la Trini, pero tampoco faltan quienes aceptan que la píldora postcoital se dispense en las farmacias. Ahora se despacha en los centros de salud. Lo que les 'duele', y no hay píldora para tal aflicción, es que se la vendan a su hija adolescente sin que sus progenitores, especialmente el padre, lo autoricen o lo sepan al menos. Ese padre que saltaría de la cama en plena madrugada para llevar corriendo a un centro de salud a la niña que ha 'tenido un desliz' y necesita una pastilla, ya no pegará ojo cavilando si la niña estará con las amigas o con el boticario.

En 'Jarrapellejos', la gran novela de Felipe Trigo, una mujer reprende a su hija soltera por haberse quedado embarazada, se encabrita cuando la joven le dice que no es de su novio, sino del pastor y, por último, estalla de ira al enterarse de que la niña aún no se acostó con su pretendiente oficial para 'cargarle el mochuelo'.

«Buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo que tienen una», escribió un tal François -Marie Arouet en otra píldora.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Prostitución


José Joaquín Rodríguez Lara


ADEMÁS de un tópico, llamarlo 'el oficio más antiguo del mundo' es una expresión machista e irrespetuosa. En todo caso será la más antigua forma de esclavitud y uno de los más abominables modos de degradación entre los muchos a los que se puede someter a un ser humano. Incluso de forma voluntaria. La prostitución no es un oficio. Y menos en España. Ni un oficio ni nada, pues oficialmente no existe. No se computa en el Producto Interior Bruto -a pesar del dinero que mueve en servicios, copas y publicidad- no cotiza a la Seguridad Social, no da derecho a cobrar el desempleo ni la pensión de jubilación, no es más que una actividad molesta, insalubre y peligrosa. Eso sí, muy lucrativa para quienes la controlan. Con el agravante de que para poner una tienda de artilugios sexuales, un simple 'sex-shop', hay que pedir permiso y para ofrecerse como artilugio sexual en viva carne desnuda ni siquiera se necesita tener un local; basta con una esquina, que si es muy céntrica y está en Barcelona o Madrid, da derecho a salir en los telediarios, como está ocurriendo este verano, para escarnio de muchos y regocijo de algunos. Eso es todo.

Además de en las garras de sus chulos y en el filo de todos los peligros imaginables, España mantiene a las prostitutas en el limbo de la legalidad, presas en burdeles, calles y cunetas, entre el escupitajo de quienes las desprecian y el fervor de quienes las consumen. Con la derecha y con la izquierda, en la dictadura y en el democracia, las leyes españolas ni prohíben el ejercicio de la prostitución ni tampoco lo amparan. Puro liberalismo carnal. Es el peor de todos los sistemas posibles. Tanto para las prostituidas -y los prostituidos, que también los hay y no pocos- como para sus clientes. Se ha pasado del acoso sanitario que imperó hace décadas al desentendimiento absoluto. Si la Administración exige un carné de manipulación de alimentos para despachar hasta productos envasados, ¿por qué no certifica la salubridad de un 'artículo' que no sólo tiene una incontrolable propensión a salirse del envase -siempre mínimo, que no minúsculo-, sino que va de mano en mano 'como la falsa monea'?

Si no lo hace por justicia ni tampoco por generosidad, la Administración debería amparar a quienes ejercen la prostitución aunque sólo sea por egoísmo recaudatorio; un negocio que mueve tanto dinero, podría arreglar la avería presupuestaria nacional. Ya que el Gobierno no lo prohíbe, ni persigue al putañero, que Hacienda lo fiscalice. Si así fuera, quizás no habría que subir los impuestos. Cualquier cosa antes que seguir cerrando los ojos ante una realidad sangrante que -esta, sí, esta, sí- está en la calle.

miércoles, 22 de julio de 2009

Niños adorables


José Joaquín Rodríguez Lara


Nunca se dedicaron tantos medios a la educación ni tampoco se tuvo nunca la sensación generalizada de que todos lo estamos haciendo mal en la parcela educativa; si no todo lo que cada día hacemos, al menos sí algunas de las cosas más importantes. Y lo malo es que no sabemos cual ha sido nuestro error, dónde están los responsables y en qué nos estamos equivocando tan palmariamente. Así que cada uno, con el fin de contribuir a la búsqueda de un remedio o, simplemente, con el deseo de sumarse al debate general, aporta su granito de opinión, pues hay actos tan terribles que no pueden dejar indiferente a nadie.


La desaparición de Marta del Castillo
sigue revolviendo las tripas de quienes opinan
que la Justicia española es manifiestamente mejorable.

Tras la violación y/o el asesinato de una cría o de un crío, las familias de las víctimas exigen mano dura con los autores, los políticos se plantean poner en marcha una comisión para preparar reformas, los juristas reclaman sosiego y el conjunto de la sociedad asombrada, ofendida y lacerada por tanta bellaquería se reafirma en que algo habrá que hacer, y más pronto que tarde, para evitar que sigan produciéndose palizas, violaciones, crímenes y todo tipo de agresiones personales, mayores y menores, sin que la sociedad se defienda de ellas aunque sea a guantazos.

El debate se centra ahora en el umbral de la imputabilidad, en esa raya roja que separa a los criminales del resto de los malos bichos que, por su edad, no pueden ser procesados, ya que para el ordenamiento jurídico vigente no responden de sus actos aunque se rían de ti en tu cara. El limite está en los 14 años. A partir de esa edad si violas eres un violador; pero con 13 años eres un angelito, aunque asesines a tus padres eligiendo con mimo las herramientas.

Es la ley que todos nos hemos dado y, como nos la hemos dado, si no nos sirve también podemos y debemos cambiarla. Más importante que el umbral de la imputabilidad debería ser la gravedad de los hechos. Es injusto que la ley considere tan angelito al niño que roba como al que viola o al que mata, pues hay delitos, como los informáticos, por ejemplo, en los que la niñez incluso lleva ventaja. Es inadmisible que la impunidad la den los años y no la madurez mental del sospechoso. Hay medios para medir la capacidad de discernimiento, de distinguir el bien del mal, y hay que usarlos. No se puede tratar a todos los niños de 13 años por igual, pues los abominables violadores, los mayores criminales que registra la historia y todos los dictadores y asesinos en serie que hubo, hay y habrá, fueron niños adorables. Alguna vez. Robar, violar y matar está al alcance de millones de crías y de críos, y a delincuentes llegan poc@s. Curémosles antes de que crezcan.


miércoles, 15 de julio de 2009



Terror en el supermercado

José Joaquín Rodríguez Lara


Lo mismo que los toros salen al ruedo ondeando los colores de su ganadería, esta semana irrumpió en nuestras vidas marcada con la divisa del terror. Un «terrorífico error profesional» apartó de la lucha por la existencia a un bebé sietemesino al que una enfermera creía estar dándole la vida y le aplicó una inyección letal. En la práctica sanitaria, como en cualquier actividad humana, al lado de millares de aciertos se registran cada día algunos errores. Los irreparables, los verdaderamente 'terroríficos', saltan a los medios de comunicación y acrecientan la desconfianza natural hacia el sistema sanitario. «No aviséis al médico, no, que quiero morir de muerte natural», clamaba el protagonista de un sainete. El gremio sanitario suele culpar, sin razón, a los periodistas de su deterioro corporativo. Nada más lejos de la realidad. El gremio de los periodistas -que se equivoca muchísimo, pero no suele amputar las piernas sanas- lleva décadas informando sobre el mal estado de algunas carreteras, por ejemplo, y sobre la peligrosidad de ciertas curvas inciertas, y ni las arreglan ni la gente deja de matarse en ellas, por lo que su prestigio fúnebre no sólo permanece, sino que se acrecienta. En el sistema sanitario sólo confían, en realidad, las personas que tienen buena salud. Las demás suelen remitirse a los santos de su devoción. ¿Por qué hay en los hospitales capillas y sacerdotes? Porque se necesitan.


El miura Ermitaño, en plena faena.
¿Y quien necesita un 'Ermitaño'? Los fieles seguidores de San Fermín, santo al que se le ofrenda vino, sudor y sangre, y en cuya protección se confía más que en la Cruz Roja. El miura 'Ermitaño' sembró el terror en las calles de Pamplona. Otro astado no sólo hizo también honor a la fiereza de los miura, sino que le ofreció al mundo entero una terrorífica recreación en vivo de 'El Guernica' de Picasso, con un corredor convertido en dolor de caballo atravesado por un cuerno de astifina furia. ¿Hay que prohibir los encierros por eso? Bueno, si se empeñan. Pero en muchas curvas y en todas las calles que suben al Everest hay más cadáveres y nadie prohíbe las motocicletas, por ejemplo, ni el alpinismo, por demás. Al contrario, se subvenciona su compra y se glorifica a quienes 'hacen' ochomiles.

Ahora, que para cumbre, la de hoy. El Consejo de Política Fiscal y Financiera repartiéndose los dineros del reino. Segundo asalto en el combate sobre la financiación autonómica. Casi nadie entiende los números, pero la sonrisa catalana da pánico. 'Terror en el supermercado, horror en el ultramarinos', que cantaba Alaska con los Pegamoides. ¡Qué panorama, Dinarama!


miércoles, 8 de julio de 2009


Pagafantas

José Joaquín Rodríguez Lara


LO cuenta García Márquez en 'Cien años de soledad': los 'americanos' 'se robaron' el Caribe. Lo enrollaron como si fuera una alfombra y se lo llevaron con todo lo que contenía. Unos años después, el de Aracataca retomó el asunto en 'El otoño del patriarca', novela en la que los gringos compran el mar antillano, lo trocean en piezas numeradas y se lo llevan con la intención de montarlo en Arizona. Con esta metáfora brillante, García Márquez expone en muy pocas palabras el porqué un país que no tiene nombre propio -tan estados unidos de América es el territorio de Obama como México y Canadá- se llama a sí mismo 'América', como si en vez de una nación fuese todo un continente.

Gabo no exagera. La realidad supera en magia al realismo mágico. A México le ha desaparecido parte del suelo patrio y, en estos días, lo busca por tierra, mar y aire. Quiere encontrar un trocito de terreno -Isla Bermeja se llama- que está en las cartas marítimas desde el siglo XVI y figura en los tratados internacionales pero que ha desaparecido. ¿Se la comió el tiempo? ¿Se hundió? ¿Se diluyó como un terrón de azúcar en el café? ¿La devoró el cambio climático? ¿La dinamitaron? Nadie lo sabe, pero no hay que descartar que se la llevaran los hueros del norte. Enrollada o por piezas.

A pesar de su pequeño tamaño, la desaparición de la isla es una llaga en el orgullo mexicano y no faltan razones para que así sea. Isla Bermeja marca los límites territoriales y su posesión concede derechos sobre los yacimientos petrolíferos del golfo de México que se reparten gringos y manitos.

Toda una isla enrollada como una alfombra, un país desmontado en piezas... Una imagen vale más que mil palabras, asegura un dicho chino, pero hay palabras con más poder de evocación que mil imágenes. Durante el tardofranquismo se hablaba continuamente del 'búnker'. Un vocablo que era un universo. Todo el mundo lo entendía. No era un refugio de hormigón, sino los coletazos de un régimen atrincherado contra la que se le venía encima.

A sus 3 años, Ana Inés Rodríguez bautizaba por su cuenta a las cosas cuyo nombre ignoraba. Llamaba «corrija» al bien, mal o regular que, como calificación le ponían los profesores a sus ejercicios, y pedía que le leyeran cuentos, aduciendo que no sabía «habiá con los libios».
Desde Oliva de la Frontera, Ildefonso Matamoros Cuecas, 'el Perigallo', llama «enciAnas» a las viejas troncas desdentadas que saciaron con sus bellotas el hambre de animales y personas y sirvieron de morada a vivos y a muertos.

La cartelera española anuncia estos días una película, 'Pagafantas', que retrata con humor el tópico e inoperante convite machista. Un pretexto para reír un rato, pero el título es tan bueno que bien pudiera sobrevivir a la propia película.


miércoles, 1 de julio de 2009


Cáceres, capital cultural

José Joaquín Rodríguez Lara


FLOTA sobre el misterio, en la incertidumbre del calerizo, esa especie de monstruoso queso emmental -que es el de los agujeros, y no el gruyere- del que durante años se temió que devorase la cruz de los caídos, una docena de edificios y el Paseo de Cánovas con el concejal de jardinería dentro. Cuentan que, ya en tiempos, se tragó una carreta de bueyes, con los bueyes, y media charca Musia.

Un misterio que, sin dejar la geofísica, salta a la antropología en la caverna de Maltravieso, descubierta a traición, que conserva en sus paredes el enigma de numerosas manos pintadas a las que les falta el dedo meñique. Es una cueva temática, y el mejor yacimiento mundial en su especialidad, de la que, para alimentar la intriga, aún no se ha descubierto su acceso original, donde seguramente quedarán restos domésticos y alguna información sobre quienes se dejaron las manos en sus recovecos.

Tiene Cáceres tres importantes asentamientos romanos: la colonia Norba Caesarina, en el cogollo de la ciudad, de la que se conservan lienzos de muralla y accesos; el campamento Castra Caecilia, al que se llama 'Cáceres el Viejo', una joya todavía por desenterrar que podría darle empleo a más de un arqueólogo, además del rompecabezas de Castra Servilia, otro acuartelamiento que no se sabe dónde está -incluso podría ser el propio 'Cáceres el Viejo'-, es el recinto desde el que se cree que partieron los asesinos de Viriato. Castra Servilia es uno de los misterios de la romanización y está por Cáceres.

La naturaleza no le dio río, pero venera su 'Fuente Concejo' y conserva aljibes que le apagaron la sed durante siglos. El más famoso está en la Casa de las Veletas, sumándole secretos a un museo laberíntico, heterogéneo -con arqueología, etnografía y artes plásticas- y tan mal iluminado que es muy difícil apreciar los detalles de su impresionante colección de estelas y prácticamente imposible leer las cartelas que deberían explicarlas. Lo mismo ocurre con la epigrafía. Entre las publicaciones que se venden en la Casa de las Veletas no hay una guía del museo, ni una monografía sobre las estelas, ni cambio de 50 euros -de 50- para comprar otro libro que cuesta 12, ni tampoco está a mano la llave de una caja de caudales en la que, al zarandarla, parece que hay suelto. Eso sí, el personal es amable, un encanto de personas en una ciudad encantada -de magia, de cine, de Womad y de teatro-, en la que brama el epitafio de los Golfines, humilde monumento a la soberbia: 'Aquí esperan los Golfines el día del Juicio'. El día del Juicio y que la carrera hacia la capitalidad cultural, además de un sueño, empiece a cuajar en proyectos concluidos, más allá del reparto de 80.000 posavasos.

El tripartito -otra incógnita-, o lo que de él quede, y la Junta tienen para entretenerse. ¡Que les cunda!

miércoles, 24 de junio de 2009

La Pesquera, que buen sitio

José Joaquín Rodríguez Lara


HOY las ciencias adelantan que es una barbaridad, aseguraba Don Hilarión, pero los museos van mucho más despacio. Incluso los museos de la ciencia, que suelen tener el alma dividida entre la pasión por el pasado y la nostalgia del futuro.

Un grupo de enamorados del progreso se ha empeñado en poner en marcha, en Badajoz, un museo de la ciencia y la tecnología. Son personas normales. Nada tienen que ver con la imagen del científico 'loco' rodeado de humos azules, como si fuera una estrella del rock, pero están convencidas de que Extremadura, donde hay museos arqueológicos, de arte, etnológicos, de la alfarería, del pimentón, de la moto, del turrón, taurinos, del carnaval..., progresaría si, además, la ciencia tuviese su museo. Parece que no hay ninguno en el cuadrante sur occidental de la península -si es preciso, mire al televisor y oriéntese imaginando el mapa del tiempo, que también es ciencia- y Badajoz, como ciudad extremeña más poblada, tiene opciones de acogerlo.

No es la primera vez que en Extremadura se intenta ponerle casa al saber científico, cuyo ajuar está desperdigado por rincones, almacenes y pasillos y él mismo pasa más tiempo en la calle que en los laboratorios. Hay ciencia en casi todos los ámbitos sociales, por no decir en todos, lo que ocurre es que la mayoría de las personas no reparan en que la vida, en sí misma, es un inmenso laboratorio.

Los promotores de esta iniciativa pretenden corregir justamente ese desentendimiento. Quieren que, además de vivir entre la física, la química, las matemáticas, la electrónica, la genética, la agronomía, la información y tantas otras disciplinas con las que habitualmente nos desenvolvemos casi sin percibirlo, Extremadura tenga en Badajoz un museo que actúe como catalizador y divulgador del pensamiento científico.

La Real Sociedad (pacense) de Amigos del País y la asociación cultural, científica y tecnológica para la 'Fundación Benito Mahedero', vinculada a la Escuela de Ingenierías Industriales, están detrás del proyecto. En la otra esquina del ring: las instituciones políticas que, por ahora, no le han dado a la iniciativa la importancia que merece. Ni la Junta de Extremadura, que sueña con el AVE para llevarnos al futuro, ni el Ayuntamiento de Badajoz, que administra los autobuses del presente, parecen estar por la labor. Quedan ¿las cajas?, ¿las empresas? y la Confederación Hidrográfica del Guadiana, esa tía solterona que, por no tener hijos, a veces se gasta unas perras en los sobrinos.

En la confluencia del Guadiana, del Gévora y del Rivillas, entrando en Badajoz por la carretera de Cáceres, están los restos de la 'fábrica de la luz' y de un molino hidráulico. La Pesquera le llaman. Qué buen sitio para el Museo Extremeño de la Ciencia.

martes, 23 de junio de 2009

Peligro, abanico


José Joaquín Rodríguez Lara


HAY personas muy distantes, como los esquimales; y otras que son muy frías, como los esquimales, que gastan abrigo hasta en verano. Y también las hay muy raras, como los esquimales, que construyen las casas redondas para que sus perros no se acerquen a las esquinas, en vez de colocar botellas de plástico llenas de agua, como hace todo el mundo, o echar un buen chorro de lejía, que desinfecta lo suyo. Por lo demás, los esquimales -entre los que están los inuit de Groenlandia, que van camino de la autonomía y pronto serán independientes-, son personas extraordinariamente generosas y propensas a compartir con el viajero el iglú, la carne de la foca y hasta su mismísimo calor humano. El frío y, seguramente también el desamparo, ha forjado su carácter solidario.

¿Cómo no ofrecer ayuda a quien intenta sobrevivir en el hielo? Y ¿cómo no ayudar a quien se obstina en vivir sobre la arena?

Los beduinos y demás habitantes del desierto, también suelen ser muy hospitalarios. Si no están en guerra contigo te acogen en sus jaimas, te ofrecen té, comparten su comida y no te dan más calor humano porque ya hace bastante flama incluso fuera de la tienda.

Tanto el frío como el calor extremos predisponen a la generosidad, pero ¿qué ocurre en zonas 'templadas' como España? Aquí la solidaridad va por comunidades autónomas. En el norte, como están mas cerca del frío, hay cierta tendencia a acurrucarse en torno a los genes propios, o a su propia balanza fiscal -que la pela, buena o mala, mientras no se comparta no iguala- sin que preocupen las necesidades que tenga el vecino; siempre que las siga teniendo.

En el sur, en cambio, hay menos reticencias hacia el forastero, que por el mero hecho de serlo ya parece más listo, más alto, más guapo y más capaz. Y no sólo se le recibe bien, sino que se le envía mano de obra dúctil y maleable y hasta personas dispuestas a defenderle la casa y la hacienda, aunque eso suponga jugarse la vida. De tanta solidaridad como sobra, en el sur se comparte hasta el calor.

- ¿Ha visto la caló que hace hoy?
- La estuve viendo hasta que me rompió usted las gafas con el abanico.
- Perdone, mujé. ¡Qué fatiguita!
- A mí no me lo cuente, que el ascensor va lleno y yo vivo en el ático.

Más que para refrescarse, la gente del sur se abanica para echar sobre los demás el calor que le sobra. Y encima, por si el auditorio aún no hubiese roto a sudar, van y se lo cuentan.

- Mira que hace caló hoy, ¿eh?
- Digo.

No hay mayor peligro que un sureño con abanico. Hasta miedo da.

- Échese usted para allá, que me va a rayar el ojo de un sartenazo.

Así no se puede vivir. ¡Que vuelvan los cuatro de Locomía y nos den un máster de abanico! Si se atreven.

miércoles, 17 de junio de 2009


Tan lejos de los que fuimos


José Joaquín Rodríguez Lara



ESTAMOS convencidos de que la demografía no tiene enmienda, pero no es verdad. Por primera vez en 13 años, Extremadura tuvo en el 2008 más nacimientos que defunciones. Y nacieron 862 criaturas más que en el año 2007. 862 bebés son muchos bebés para un bautizo, incluso para una boda de las de ahora, pero desde el punto de vista demográfico no son nada. Seguimos estancados, hundidos en la zanja del millón y algo de la que no salimos desde 1981, cuando éramos 1.050.000 almas y algún que otro desalmado.

Más allá de la obviedad de que han nacido más personas de las que han fallecido, la Junta no da razón cierta y precisa de a qué se debe esa pequeña victoria de las llegadas sobre las despedidas, en la que ni siquiera entran los portuguesitos que aterrizan en el Hospital Materno Infantil de Badajoz, que son hijos de España, pero cotizan en Portugal. Algo tendrá que ver la sanidad pública, que continúa sin satisfacernos -en parte porque creemos que casi todo tiene cura- pero está claro que tenemos mejores medios sanitarios. Hasta enfermedades terribles y aniquilantes como el sida, que antes causaba tanto pánico que se escribía con mayúsculas -como los partidos- se han convertido en padecimientos crónicos. Ya hasta nos reímos de la gripe A (mericana) y, a pesar de que la muerte no deja de... eso, nos morimos de menos cosas. También es evidente que han llegado a Extremadura unos miles de inmigrantes -muchísimos menos que en otras regiones- la mayoría de ellos procedentes de países con más alta tasa de natalidad que la nuestra y que, al menos durante la primera generación, mantendrán una alegría de vivir que ellos mismos y el censo agradecerán. Se han incrementado las adopciones y es igualmente verdad, que las técnicas de fertilidad han hecho madres a muchas mujeres que antes no podían concebir. Y ya puestos a engendrar in vitro, han traído a esta autonomía ristras de mellizos, trillizos y algún 'izo' más, algo que hace muy pocos años era rarísimo. Ahora no. Los cochecitos de bebé circulan despendolados, con el pasaje en batería, en fila de a uno camino del paro, las niñas con los niños, gemelos cara a cara, hermanos que se dan la espalda, como si se batieran en un duelo a chupete... Hay de todo. O pone orden Bibiana Aído en este desbarajuste o habrá una desgracia y se nos hundirá el chiringuito estadístico. Entre inmigrantes, partos y prórrogas somos ya 1.100.000 contribuyentes. Hemos estirado el censo en 2.256 potenciales votantes socialistas, pero aún arrastramos la sangría migratoria. En el año 1960 éramos 1.378.777 extremeños. Se fueron, como siempre, los mejores. No hemos vuelto a ser los que fuimos.

martes, 9 de junio de 2009


El herrero

José Joaquín Rodríguez Lara


DURANTE el cuarto mandato del presidente Ibarra, en la legislatura 1995/1999, los socialistas (31 escaños), inquietos por haber perdido la mayoría absoluta, se quejaron de lo que se denominaba 'la pinza', que consistía en una especie de cerco de los populares (27 escaños), IU-Los Verdes (6) y el regionalista Cañada (EU) sobre la acción de gobierno de la Junta. La 'pinza' no sólo no estranguló al Ejecutivo regional, sino que de aquella legislatura salió el PSOE tan reforzado y pertrechado con disidentes de IU que ganó los comicios siguientes (13 de junio de 1999) por mayoría absoluta, con 34 escaños. Como hace ahora, el PP de entonces, por boca de Juan Ignacio Barrero, exigía que el Gobierno socialista se sometiese a una cuestión de confianza. Y también, como ahora, le respondieron que presentaran una moción de censura, si se atrevían.

En Cáceres, tras las últimas elecciones municipales (27 de mayo del 2007), el PSOE consiguió la ayuda de IU y de Foro Ciudadano para armar una 'pinza' eficaz y arrebatarle la Alcaldía a los populares, que habían acumulado tres mandatos consecutivos y cinco victorias electorales seguidas (1991/95/99/2003 y 2007).

Tanto la pinza contra Ibarra como la 'tenaza' municipal cacereña están permitidas por la legislación vigente y son tan legítimas como democráticas, aunque en ambos casos, especialmente en el segundo, desnaturalicen el sentido del voto, algo que no ocurriría si, por ley, la Alcaldía fuese para el cabeza de lista de la candidatura más votada. Pero parece que los partidos no están dispuestos a permitir que a los alcaldes los elija directamente el pueblo y siguen reservándose esa suculenta competencia. Y no hablemos de establecer la circunscripción electoral única, como en las Europeas, para equilibrar votos y escaños.

Cuando ya se ha consumido la mitad del mandato, la 'pinza' organizada en el Ayuntamiento de Cáceres está resultando especialmente patética. A la dificultad propia de articular piezas con orientaciones políticas muy diferentes se añaden las peculiaridades y los personalismos, pero ahí está Carmen Heras que, aunque suene a pasado, todavía es la alcaldesa cacereña, sostenida -es un decir- sobre el precipicio por la mordida de una 'tenaza' en descomposición.

Aunque ofrezca una imagen de autoridad irresoluta, lo de Carmen Heras es meritorio, pues todavía no ha sido devorada por las mandíbulas que le dieron la Alcaldía. Pero mérito, lo que se dice mérito, el de la alcaldesa de Plasencia, Elia María Blanco, capaz de hacerle la 'pinza' a sus aliados desgajados del PP y hasta al mismísimo PP con el propio PP, ese conglomerado de intereses, que no solo se crece con las victorias, sino que hasta pretende extrapolarlas desde Estrasburgo a Madrid, pero al que ni siquiera Fraga pudo insuflarle disciplina.

Humea la fragua, pero en el Congreso no hay pinza ni tenaza ni herrero.


sábado, 6 de junio de 2009


Nadie escribe en el Mercantil 

José Joaquín Rodríguez Lara 


A mitad de la colina, junto a un sendero que es preferible recorrer a paso lento, al resguardo de los vientos, parece una gruta iniciática a la que se sube porque alguien nos llevó una vez. Es un castillo, defendido por un gigante amable, que tiene algo de sartén para cuajar el tiempo y recuerda a un desván en el que la luz se apolilla en retazos de olvido, mientras el teclado de una antigua máquina de escribir sonríe con desdén desde su hornacina. Aquí el asombro abre la boca y atraviesa los muros, allí cierra los ojos el miedo y en este chirlo de la piedra se amamantan la carcajada y la melancolía con el mismo caldo nutricio. También tiene algo de vieja estación ferroviaria, con el ojo seco del tiempo pendiente de una barra clavada en la pared y tanto corazón en vía muerta y tanta gente que va a despedir a nadie o a recibir a nadie o a ver como nadie pasa ni asoma su mirada de curiosidad instantánea tras los cristales de un tren sin retorno. Ya se sabe que nadie nos arrebata el sueño, aunque lo ignore y duerma a pierna suelta. Es, desde luego, fruto de la pasión, hija o hijo del amor clandestino de un antro con un santuario y nació de un cruce de cables entre la música y el estruendo. Es la madriguera del rayo, el nido de la sombra, peine del humo y cofre de los huracanes; el subterráneo de la libertad, la plaza pública de los conciertos, una puerta para huir del mundo y un mundo para encontrarse con los que huyen, para deslizarse por el mástil de las guitarras hasta el pulso de los ritmos, dejando que la música te lleve al sumidero de la noche justo a tiempo para, todavía en pie, amanecer al tedio de un nuevo día que ya serpentea por el tobogán del Mercantil, calle arriba, y pasa de largo, remontando la colina hacia otras grutas, otros castillos, otros teclados, otros ritmos, otros miedos, otros nadie y también otros apeaderos de la vida.

1- Aún no se enfrió. Está recién escrito.
2- Sí, pero mira las letras: empiezan a mudarse. 
1- Del papel a su piel y de la tinta…, ¿a su sangre? 
2- Es, como si las palabras pretendieran volver a ser… 
1- ¿Volver a ser, las palabras? Tú deliras. ¿Volver a ser qué? ¿Y cómo sería eso posible? 
2- Como si quisieran volver a ser carne. 
1- ¿Carne? ¿Las palabras, carne? 
2- Sí, carne, carne de nadie. 

A mitad de la colina, junto a un sendero, a resguardo de los vientos, el asombro abre la boca y atraviesa los muros.



miércoles, 3 de junio de 2009


Hacer gárgaras


José Joaquín Rodríguez Lara


Se tacha a la campaña electoral que nos envuelve de ramplonería, de falta de nivel y de mostrarnos la mediocridad de nuestros regidores públicos. No es verdad. En pocas campañas el debate alcanzó tanta altura como en esta, con el avión de Zapatero para arriba y el avión de Zapatero para abajo.

Como el tren de alta velocidad llegará a Extremadura «en tiempo y forma», según aseguró ayer en Badajoz el propio José Luis Rodríguez Zapatero, el avión que le trajo a la tierra de su abuelo, tuvo que aterrizar en la Base Aérea de Talavera la Real, que para eso es un avión militar. El debate remontó el vuelo, horas después, para que el secretario general del PSOE pudiera dormir en La Moncloa. Para tres días de polémica que nos quedan, no vamos a dejarnos el sosiego en la carretera, pensará, Zapatero. Y tiene razón. Con la derecha jugando con el avioncito y con la izquierda cortándole trajes a Camps, casi no ha habido tiempo de hablar de la crisis ni del paro, que en mayo bajó, mire usted por dónde; no digamos ya de Europa, esa tía que tenemos en América y de la que sólo sabemos por el dinero que nos manda.

Al líder socialista se le critica mucho, pero el único defecto que tiene es no ser negro. Si Zapatero fuese negro y presidente de los Estados Unidos de Norteamérica no viajaría en un Falcon del Ejército, sino en el Air Force One, que eso sí es un avión presidencial y no lo que se gastan por estas tierras. Tendría maletín nuclear y una residencia de jefe de Estado, y no de presidente del Gobierno, aunque tacita a tacita, el Palacio de la Moncloa está adquiriendo unas dimensiones más que notables, sin que se critique el continuo trasiego de albañiles.

Seguro que la residencia monclovina cuesta mucho más que el avión y nadie se asombra debido a que parece razonable y consagrado por ley que el presidente del Gobierno de España tenga una residencia oficial y un automóvil oficial y un equipo oficial -además del Barcelona- para que le asista. También deberían estar muy pormenorizadamente establecidos por ley los medios del Estado -aviones, barcos, automóviles, motocicletas, equipos de fútbol y hasta perros de la Policía- que están a la permanente disposición del presidente del Gobierno. Y en su caso, hasta de la oposición, que también es mortal y a veces tiene prisas.

Sería tan fácil sacar al avión de esta y de cualquier otra campaña electoral que, con un poco de suerte, hasta desaparecería del mapa el «administrador que administra y enfermo que enjuaga, algo traga». Y mira que debe de ser difícil tragarse un avión. Ni haciendo gárgaras.


miércoles, 27 de mayo de 2009


El retrato de Gray


José Joaquín Rodríguez Lara


ANDA Florentino con su 'casting' de entrenadores para elegir a uno cuya elegancia haga juego con los trajes de Valdano, que nunca tuvo la imagen artificial tanta importancia social como ahora. Ni cuando las gentes se teñían de ocre, con óxido de hierro, grasa y sangre, y se perforaban el tabique nasal, las orejas y los labios con huesos, trozos de madera, metal o cerámica. Tampoco en el Egipto de Cleopatra y sus baños en leche de burra; ni en el Japón imperial, empeñado en atarle con vendas los pies a sus niñas por la excitación sexual que le causaban, y parece que todavía le causan, las mujeres de pies diminutos. Ni siquiera en aquellos pueblos, que alargan el cuello de sus chiquillas insertándoles arandelas de bronce bajo el mentón para convertirlas en 'jirafas' cautivas.

Jamás se acicaló tanto la fachada humana ni se usó con tal frivolidad la imagen como valor contante y sonante. La industria de la belleza genera millones de millones en afeites, cirujanos, moda, dietas, gimnasia, tatuajes, 'piercings' y demás tratamientos psicológicos. No importa que el sueldo se vaya en potingues, ni pagar operaciones a plazos, ni cambiar la comida por el vestido, ni matar el hambre de una dieta con otra, ni desaparecer bajo arabescos de tinta, ni tampoco pagar el gimnasio aunque no se use y se le cause un problema de suministro eléctrico al país, pues todo el mundo sabe que las máquinas de los gimnasios no funcionan con electricidad, sino que la producen y sus kilovatios se venden a buen precio. Son mini centrales eléctricas movidas por criaturas que están gordas o se lo creen y encima pagan. A los hámsters, al menos, la gimnasia les sale gratis.

Pero nada es poco para sentir que te ven mejor. «Aprieta, aprieta», le ordena la 'señorita Escarlaaata' -protagonista de 'Lo que el viento se llevó'- a su esclava Mammy, que le ciñe el corsé hasta dejarla sin respiración poco antes de que la joven se encuentre con Rhett Butler. Es tan asfixiante la presión social que se valora a las personas por su imagen y no por su honradez y su capacidad profesional. «Las cajeras de este supermercado son más guapas que las de aquel otro», comentaba un amigo, tan bueno entre los mejores que no ejerce de santo por falta de peana, pero se ha sacado la oposición y está a la espera de plaza. Ni amables, ni eficientes, ni listas, ni altas, ni bajas, ni rubias de camomila ni morenas del bote: «guapas», como las recogepelotas de Madrid, que el deporte ya no es salud, sino belleza.

Florentino, que como Dorian Gray -el personaje de Óscar Wilde- se desinfló tras apuñalar a su propio retrato, porque le mostraba calvo, mofletudo, barrigón y con bigote como si fuera Del Bosque, busca de nuevo a alguien que le haga sentirse un ser superior. Chandaleros, abstenerse.

miércoles, 20 de mayo de 2009

A la luz del candil

José Joaquín Rodríguez Lara


DIÓGENES es bastante más conocido por el síndrome que por su ingenio. Cada vez que se intercepta a alguien que acumula basura y subsiste sobre ella, en las noticias se habla del 'síndrome de Diógenes'. Pero 'el síndrome' no es suyo y achacárselo a Diógenes es una injusticia. Quien descubrió 'el síndrome' de esos seres que abrigan su soledad, y su desvarío, bajo toneladas de detritus debió bautizarlo con su propio apellido, pero le olería mal y prefirió cargarle el mochuelo a Diógenes. El despropósito no sólo no remite, sino que va en aumento. El mal llamado 'síndrome de Diógenes' se atribuye ya hasta a los usuarios de la informática que tienen la pantalla del ordenador llena de iconos sembrados al voleo o que acumulan correos.

Pero Diógenes, que nació en Sínope (ahora, Turquía) el año 413 antes de Cristo, ni tenía ordenador ni acumulaba nada más que sabiduría. Renunció a toda muestra de riqueza y vivía en una tinaja. Hasta el tiesto llegó un día Alejandro Magno. El gran rey, conquistador de medio continente asiático, había tenido como preceptor a Aristóteles y admiraba a Diógenes, así que le ofreció darle lo que quisiera. «Apártate, que me tapas el sol», le pidió el sabio. Es una de las anécdotas atribuidas al 'Perro', que así llamaban sus coetáneos al filósofo, pero hay muchas más.

Platón, uno de los 'tres tenores' de la filosofía, definió al hombre como «un animal bípedo e implume». Diógenes, agarró un gallo, lo desplumó vivo y lo soltó en plena lección platónica diciendo: «¡Eh ahí al 'hombre' de Platón!». Ante semejante refutación, Platón corrigió el retrato asegurando que es «un animal bípedo, implume y con las uñas planas». Pero de todos los hechos que se atribuyen a Diógenes, el más famoso es el del candil. El sabio caminaba por Atenas a plena luz del día alumbrándose con una lámpara. ¿Qué haces?, le preguntaron. «Busco un hombre», respondió.

Ya en tiempos de Diógenes debía de ser difícil hallar a un auténtico ser humano, a un hombre que mereciese tal nombre. Seguimos igual. ¿Qué es un ser humano y cuando empieza y deja de serlo? Nos movemos sobre arenas movedizas filosóficas, religiosas, éticas, científicas... Las leyes definen con precisión a las personas jurídicas -empresas y sociedades de todo tipo-, pero no son tan prolijas con las personas físicas. Para la Iglesia, se es persona desde el instante de la concepción. Para la ministra Aído, durante las primeras 13 semanas sólo se es tejido extirpable y, después, ya se verá. La sentencia del Yak-42 ratifica que incluso el mínimo resto de un cadáver es persona y tiene derecho a su identidad.

Si viviese hoy, Diógenes debería hacer horas extras con el candil.