jueves, 30 de octubre de 2014


Un cuadro con historia


José Joaquín Rodríguez Lara


Cervantes ya lo hizo con su novela 'Coloquio de los perros', Stanley Kubrick lo repitió en su película '2001: Una odisea del espacio', Nuria Llop lo utilizó en 'La joya de mi deseo', Juan Mayorga también se sirvió de ella en 'El arte de la entrevista' y Alfonso Zurro acaba de hacer lo mismo en 'Historia de un cuadro'.

Son sólo algunos ejemplos, pero hay muchos más, porque la técnica funciona y le ofrece ventajas al creador. Se trata de utilizar personajes, como los perros Cipión y Berganza, u objetos, como el misterioso monolito hallado en la Luna, en realidad un prisma rectangular de apariencia metálica, la enigmática perla peregrina, una simple cámara de vídeo o una pintura, como pretexto para recorrer y mostrar diferentes vidas, situaciones o etapas de la historia. Alfonso Zurro lo hace con una supuesta tabla de El Greco en 'Historia de un cuadro', obra representada en el 37 Festival de Teatro de Badajoz.

Desde el futuro hacia atrás, José Manuel Seda,
 Manolo Caro y Roberto Quintana. (Fotografía publicada
 por culturavaldepenas.blogspot.com)
El montaje, que acaba de estrenarse -antes de llenar el teatro López de Ayala sólo se había representado dos veces-, realiza un ameno recorrido por la historia, "una indagación a través del tiempo", escribe Zurro en el programa de mano. Y lo hace de un modo original, contando lo ocurrido al revés, desde el final hacia el principio. Se trata de un espectáculo agradable de ver con muchos personajes y sólo tres actores: Roberto Quintana, José Manuel Seda y Manolo Caro. Los tres realizan un buen trabajo, aunque cualquier obra de teatro es un ser vivo que puede evolucionar y hasta mejorar.

Por ejemplo, la estrategia de la representación arqueológica, desde el final hacia el principio, acrecienta el interés del público. Aunque ya se le ha contado lo que pasó, se genera en los espectadores el deseo de saber no lo que pasará, sino las causas que dieron origen a lo ya ocurrido. Cada escena despeja dudas, pero plantea otras. Es un buen sistema.

Inexplicablemente esta buena línea narrativa se quiebra al final en dos escenas. Primero, cuando uno de los personajes va al estudio de El Greco, en Toledo, para cobrar un deuda que antes ya había puesto sobre el escenario; y, segundo, cuando el último poseedor del cuadro le da a la tabla su destino final.

Para el primer caso no hallo justificación, aunque seguramente Alfonso Zurro, autor y director de 'Historia de un cuadro', tendrá razones para hacerlo así. Y para el segundo creo que hay varias soluciones, alguna de las cuales contribuiría, además, a que el público entreviera definitivamente la pintura.

La obra está segmentada en tiras, como las tiras de los cómic, cada una de las cuales cuenta lo ocurrido en una fecha concreta. Cada tira es presentada al público por un actor que, a modo de acotaciones, le explica en qué año y en qué lugar se sitúa lo que verán a continuación. Estos frontis rompen el ritmo del espectáculo y podrían ser sustituidos por textos proyectados contra el fondo del escenario, o aprovechar los cambios de decorado -uno por cada frontispicio- para agilizar la explicación.

Por último, al final, cuando se desvela la identidad de uno de los personajes, quien más y quien menos ya sabe de quién se trata y lo que habría de ser una sorpresa y hasta causar asombro se convierte en la constatación de una obviedad, perdiendo toda la gracia, como un chiste ya sabido. Bastaría con invertir el orden de las explicaciones del personaje en su escena final, que desvelase primero quién es y a continuación contase a qué dedica el tiempo libre, para asegurarse el efecto sorpresa.

Pero la obra entretiene y puede funcionar bien, pues plantea situaciones, tanto reales como ficticias, que, en general, interesan al público.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Mi vecino tiene pies de big foot


José Joaquín Rodríguez Lara


Me sorprendió, lo confieso, y no he podido olvidarlo, a pesar de que ocurrió hace bastante tiempo.

Seguramente por error, el cartero dejó en nuestro buzón una carta que tenía como destinatario a un vecino. Me di cuenta cuando revisaba el correo, mientras esperaba que bajase el ascensor.


Si me hubiese limitado a depositar la carta en el buzón correcto ya habría olvidado lo sucedido y no estaría hablando de ello ahora. Pero, en vez de enmendar con displicencia el error del cartero, me empeñé en practicar la cortesía vecinal y le llevé la carta a mi vecino, personalmente.

La verdad es que me caía de paso, así que llegué hasta la puerta de su vivienda, pulsé el timbre y esperé a que abriera. La hoja de la puerta está lacada en el mismo color y con la misma textura que muchos ataúdes estandares, por lo que, transcurridos unos instantes, bajé la vista y me puse a mirar el felpudo. Tendido a mis pies, ovalado, fabricado con fibras vegetales, con el lomo encrespado como el de un animal a la defensiva, por un momento pensé que no era una naturaleza muerta, sino que estaba vivo y aguardaba a que la próxima presa saliera de su madriguera para saltar sobre ella y devorarla.


Salió al fin. Casi no sentí que se abriese la puerta, pero salió. Sobre el mármol del piso apareció entonces un abanico de uñas largas, afiladas, muy negras, auténticas garras. Di un respingo. Las uñas salían de unos pies enormes, cubiertos con abundantes y largos pelos blancos... Parecían las garras de un gigantesco oso polar; de un plantígrado que acabase de participar en una batalla a muerte, pues sobre los pelos blancos caían grandes e irregulares chorreones rojos. Pensé que eran manchas de sangre y volví a respingar acercándome un poco más al ascensor.


Al separarme de la tapa del ataúd pude descubrir que las zarpas ensangrentadas era unas botas, unas pantuflas de fantasía, regalo del día de reyes. Las bocas de las botas eruptaban las perneras de un pijama a cuadros, igualmente ofrenda navideña, cubierto con un batín -ídem de lienzo- ceñido a la cintura por un cinturón anudado descuidadamente. Dentro de todo ello estaba mi vecino. Envuelto para regalo.


Me miró con extrañeza, le adelanté la carta, se puso las gafas, leyó el nombre y la dirección del destinatario, asintió con la cabeza, se dio media vuelta y desapareció tras la puerta. Creo que me confundió con el cartero.


Me he vuelto a acordar de todo esto mientras contemplaba el espectáculo 'Cenizas o dame una razón para no desintegrarme', representado en el teatro López de Ayala -mucho menos de media entrada- dentro del 37 Festival de Teatro de Badajoz.


Alberto Velasco, a la izquierda, el tenedor gigante y Chevi Muraday.
 (Imagen publicada por costacontemporanea.es)
En 'Cenizas o dame una razón para no desintegrarme' hay texto, pero se trata de un espectáculo de danza. De danza contemporánea, aunque a veces más parece danza primigenia y primordial. No sé como clasificarlo. Es un montaje muy singular. El decorado reproduce una habitación de evocación daliniana, pintada en rojo, decorada con cenefas, con un espejo de tipo cornucopia, de pared, la estampa de una virgen adornada con pequeñas flores, un jarrón de bazar chino, una silla, veintidós espectadores -un profesor, seis alumnos y quince alumnas distribuidos sobre sillas en dos frentes de once localidades cada uno-, varias lámparas eléctricas con apliques que semejan candelabros, libros, tenedores, incluido un tenedor gigante que baja con la tramoya, lluvia de confeti, una cascada de sombras de tenedores y poco más.


Como únicos intérpretes, dos danzantes: Alberto Velasco, en el papel de madre institutriz y terapeuta, y Chevi Muraday, que encarna a un personaje con graves problemas motrices de tipo neurológico. Ambos danzan como las aspas de un molino manchego. Don Quijote les hubiese confundido con gigantes, y tal vez habría acertado, pues acaso lo sean.


Los jóvenes espectadores instalados en el escenario, como público de proximidad, se lo pasaron muy bien, a pesar de qué no pudieron moverse y tampoco sabían para qué se requería su presencia. En realidad no hicieron nada, salvo formar parte pasiva del espectáculo. Otra parte del público que siguió la representación desde las butacas también aplaudió, y un profesor experto en sociología y asiduo seguidor del Festival de Teatro de Badajoz, y del teatro en general, me preguntó por el significado de la obra. "No me he enterado de nada. ¿Qué nos quieren decir?".


Inmediatamente se me vino a la mente la respuesta más lógica y coherente: mi vecino tiene pies de big foot.

Pero no me atreví a responderle. Me di la vuelta y me marché.


martes, 28 de octubre de 2014


El teatro también cura


José Joaquín Rodríguez Lara


Pues parece que al final sí que se casan. Es lo más habitual en estos casos: ambos está locos. Pero no locos de amor, ni locos el uno por el otro. Locos a secas, locos cada uno por su lado, locos de atar.


Y no es que se crean Josefina y Napoleón, no. Están locos, pero no locos de ese modo. Digamos que están majaras, majaretas, chiflados, sin que ninguno de ellos se considere un extraterrestre ni tampoco un terrestre abducido por los alienígenas de Burgos. Están desalados, como perdiz plomeada; se les ve tocados del ala; son inestables, tanto juntos como por separado. Vamos, que son americanos y van más veces a la consulta del psiquiatra que al grifo de la cocacola. Y mire usted que cada psiquiatra es un número: la doctora Bornikoff, el doctor Martone, la madre de Teo... A cada cual más loco.


Pero al final, se casan. Y es una suerte pues, como bien dice el vulgo, para que fracasen tres parejas -Óscar, el novio, es bisexual y binovio; Teo se llama el afortunado-, digo que como bien dice el vulgo, para que fracasen tres parejas, mejor que sólo fracase una.


Andy, el camarero gay, Teo, el homosexual, Pruden, la chica, el doctor Martone y la doctora Bornikoff,
 psiquiatras, y Óscar, el bisexual y binovio. (Imagen publicada por www.bybizkaia.com)

El texto lo firma el norteamericano Christopher Durang. La versión y la dirección del montaje representado en el 37 Festival de Teatro de Badajoz es de Rafael Calatayud. La obra se titula 'Terapías' y con razón, aunque sea un mal chiste, pues los personajes o son psiquiatras o es su colega el camarero o se pasan la vida en un sofá -tapizado en rojo, tamaño familiar, americano, de cuatro plazas para culos muy gordos- perfecto tanto para psicoanalizarse como para otros menesteres de pareja, que en esta comedia loca, aunque no esté Woody Allen, además de psiquiatras hay problemas sexuales por todos lados.


Asistir a la representación de 'Terapias' le viene muy bien al paciente público, que llena el teatro López de Ayala -criaturas abstenerse o informarse antes, aunque vayan acompañadas-, pues se ríe y lava la mente sin necesidad de hablar de su infancia ni de explicar como se lleva con su madre. A todo ello contribuyen con singular acierto Mikel Losada, Dorieta Urretabizkaia, Ane Gabarain, Ana Pimenta, Mikel Laskurain, Kepa Errasti y Asier Oruesagasti. Cómicos y del norte, lógicamente, enrolados en las compañías vascas Vaivén y La Pavana.


lunes, 27 de octubre de 2014

Isabel, la contracrónica


José Joaquín Rodríguez Lara


Una combinación acertada de versos clásicos, tanto místicos como profanos, de música antigua, de magníficas voces y del tópico chismorreo de siempre, ¡qué sería del arte sin el sexo!, hacen de 'Así es, si así fue. España: de los Trastamara a los Austrias', de Juan Asperilla, un espectáculo interesante.


Verónica Forqué, Juan Fernández, José Manuel Seda, Joaquín Notario, en el elenco actoral, y los músicos Marcos León y Rodrigo Muñoz, dan vida a este montaje que, bajo la dirección de Laila Ripoll, ha ocupado la octava jornada del 37 Festival de Teatro de Badajoz. El López de Ayala volvió a llenarse.


Sus intérpretes la definen como una comedia, pero 'Así es, si así fue' no es propiamente una obra de teatro, aunque cuente historias. Tampoco es un musical, a pesar de que el canto y hasta el baile estén incluidos en la representación. A veces parece teatro leído, pero tampoco lo es. En ocasiones recuerda a las actuaciones del grupo humorístico argentino 'Les Luthiers'; incluso puede establecerse un paralelismo de gestos entre Joaquín Notario y Marcos Mundstock. En definitiva, 'Así es, si así fue' es un espectáculo que se alimenta de varios géneros y que funciona aceptablemente bien.


Rodrigo Muñoz, Juan Fernández, Marcos León, al fondo casi completamente tapado, Verónica Forqué,
 Joaquín Notario y José Manuel Seda, en una representación de 'Así es, si así fue'.
 (Imagen publicada por www.lasendaburgos.com)


El dúo musical ejecuta una veintena de instrumentos, antiguos y contemporáneos, casi todos de cuerda y percusión. Hay en su actuación, y en el conjunto de la obra, rasgos del mundo juglaresco y del mester de clerecía, pues hasta se le piden disculpas al público, aunque no un vaso de buen vino, como reclamaba Gonzalo de Berceo. La música subraya los recitados de la actriz y de los tres actores, que van pasando revista a diversas etapas de la historia de España, a los largo de los siglos XV y XVI; un tema, el de la historia de España, que se ha puesto muy de moda entre los espectadores gracias a la magnífica serie de televisión sobre la reina Isabel la Católica. A la reina de Castilla se le dedica buena parte de este espectáculo, que no la retrata con el halo de heroína que se observa en la pequeña pantalla. Y la misma suerte corre su esposo, el rey Fernando de Aragón. En todo caso, 'Así es, si así fue' sería la contracrónica de Isabel y Fernando, la serie. La Real Academia no admite el sustantivo contracrónica, pero creo que el concepto tiene la suficiente entidad para hacerse un hueco en el diccionario.


Verónica Forqué e Isabel la Católica, dos mujeres de su tiempo.
 (Imagen publicada por elcultural.es)

Y lo mismo ocurre con el tratamiento que se le da a otras figuras regias en un espectáculo que ahonda en asuntos, digamos, poco edificantes cuando no directamente escatológicos.


Pero el punto fuerte de 'Así es, si así fue' no es el rigor histórico, como ya sugiere el dubitativo título. Destacan mucho más las extraordinarias voces, de Joaquín Notario, de Juan Fernández, de José Manuel Seda y de Marcos León, que en el reparto figura como músico, pero canta, baila, interpreta y, por supuesto, toca, además de poner sus conocimientos artísticos al servicio del montaje.


Cuando en este país sólo había dos canales de televisión, los españoles veían, una semana sí y otra también, las mejores obras del teatro clásico español. Lope, Calderón, Tirso de Molina y otros autores no tan clásicos pero sí de enorme calidad, como Zorilla, entraban en los hogares patrios por la ventana practicable del televisor, con aquellos 'Estudio 1', de Televisión Española, que tuvieron en el actor y catedrático de Declamación Manuel Dicenta a uno de sus emblemas más señeros. Muchas de aquellas obras, por no decir todas o casi, eran en verso, una forma de expresión difícil de encontrar en los escenarios actuales.


Por eso se agradece escuchar versos declamados sobre las tablas de un teatro; aunque el espectáculo no sea propiamente una obra de teatro con planteamiento, nudo y desenlace, por más que sean versos de atril, leídos por rapsodas, y lleguen al espectador con más brillo en la dicción que emoción en lo dicho.


- A veces, las palabras se desparraman por el suelo

 como cuentas de un collar al que le rompieron el hilo.


viernes, 24 de octubre de 2014

Aplausos para Alicia Hermida en Badajoz


José Joaquín Rodríguez Lara


Mientras los espectadores presentes en el teatro López de Ayala, otra vez lleno, aplaudían con afecto a Alicia Hermida, a sus espaldas, sobre el escenario, Luisa Martín, Elena Rivera y Ramón Esquinas, subrayaban a su vez con aplausos la ovación que el público le dedicaba a la veterana actriz.


Las palmas no se limitaban a reconocer y gratificar el buen trabajo de Alicia Hermida sobre las tablas del López de Ayala, sino que tributaban el reconocimiento a toda una trayectoria, a toda una vida empleada en vivir la vida de otros para alegrarle la vida a los demás.


Al contrario de lo que se suele decir, el público español sí honra a sus artistas veteranos, sí reconoce su entrega, su capacidad, su mérito. Y lo hace sin reparos cuando no se siente utilizado y despreciado por cuestiones impuramente ideológicas.


Alicia Hermida tiene un papel protagonista en 
'El arte de la entrevista', obra del prestigioso Juan Mayorga, representada en la quinta jornada del 37 Festival de Teatro de Badajoz. La función satisfizo al respetable.


De izquierda a derecha, Luisa Martín, Alicia Hermida,
 Ramón Esquinas, Elena Rivera y la cámara de vídeo.
 (Fotografía de MARCOSGPUNTO publicada por
 http://cultura.elpais.com)

'El arte de la entrevista' es una tragedia sin sangre en la que no faltan pinceladas de humor, sarcástico. La obra muestra la anatomía de una familia a la que Mayorga disecciona y casi le hace la autopsia.


Además de los cuatro personajes humanos -la abuela, la hija, la hija/nieta y un masajista de lo psíquico- en la obra hay un quinto pasajero, un alien que invade el chalé de una familia acomodada y se apodera de los misterios que guarda cada uno de sus integrantes. Se trata de una pequeña cámara de vídeo con la que la más joven de la casa pretende hacer la entrevista que le ha encargado su profesor. A lo largo de la representación, la cámara es usada por todos y cada uno de los cuatro personajes de carne para extraerle a los demás sus secretos, esas mentiras y medias verdades que resultan incontrolables cuando abandonan sus rincones de oscuridad y se manifiestan cual fantasmas.


Todos tenemos misterios, intimidades nunca compartidas, fantasmas con los que podemos convivir siempre que no se manifiesten y, sobre todo, que no se manifiesten al ser llamados por los demás. La vida entre fantasmas puede ser llevadera, pero sólo cuando los espíritus permanecen recluidos en la glándula de almacenar espíritus molestos y siempre que estos no se manifiesten por los pasillos o en mitad del jardín.


Y si algo hay que hacer para que permanezcan encerrados es no ponerles delante una cámara. En presencia de una cámara, los fantasmas se desmandan y pueden destrozar la plácida vida de una familia acomodada, con chalé, con jardín, con sus rutinas y su canesú. La vida cómoda, incluso anodina, puede convertirse en un sinvivir si está presente una cámara.


Es algo tan natural que puede ocurrirle a cualquier familia. Por eso, para contarlo desde un escenario, hay que hacerlo con naturalidad, con mucha naturalidad, con una naturalidad muy profesional, como lo han hecho en Badajoz Alicia Hermida, Luisa Martín, Elena Rivera, Ramón Esquinas y, por supuesto, la cámara de vídeo. La veteranía es un grado, pero la profesionalidad da, por lo menos, para tres grados más.


jueves, 23 de octubre de 2014

Teatro de Azoro ofrece en Badajoz un alegato genial


José Joaquín Rodríguez Lara


Maravilloso, tétrico, fascinante, soberbio, increíble, sorprendente, atroz, brillante, preciso, precioso, imprescindible, desgarrador, lúgubre, hiperrealista, sobrecogedor... 


Todos estos elogios, pues elogios  son, y muchos más se merece el espectáculo 'Los más solos', que la compañía salvadoreña Teatro del Azoro ha presentado en el 37 Festival de Teatro de Badajoz. Una obra de arte que agarra al espectador con la historia que cuenta, lo cautiva con la puesta en escena y lo desarma con la interpretación. Sencillamente genial.


Escena del inicio de la obra.
 (Imagen publicada por www.pasionporlacultura.es)

La obra está inspirada en el artículo 'La Caverna de Chorejo', publicado en el periódico digital El Faro, y en un trabajo de investigación realizado durante nueve meses en el ala penitenciaria de un hospital psiquiátrico salvadoreño, según anuncian sus intérpretes. La codirigen sus creadores, Egly Larreynaga y Luis Felpeto, un pacense que salió de Badajoz cuando tenía tres años y ha vuelto a su ciudad natal para hablarle desde las tablas del teatro López de Ayala. La disfrutan quienes tienen el acierto de asistir a su representación.


'Los más solos' cuenta las atrocidades que sufren los presos recluidos en el ala psiquiátrica de una prisión de El Salvador. Y lo hace con tal crudeza que nos retrotrae a la locura de los antiguos manicomios. Salvo que el manicomio doblemente carcelario al que se refiere la obra no es antiguo, sigue abierto y los cuatro internos cuyas desgracias se cuentan desde el escenario, además de tener nombres, apellidos y motes, son de ahora mismo, no de un pasado remoto. El teatro es con frecuencia un trasunto de la vida, pero 'Los más solos' refleja de modo tan descarnado la realidad que, más que un reflejo de la vida, es la vida misma.


Cuatro personajes tiene la obra y cada uno de ellos vive agarrado a su cama, un somier plegable que sirve como camastro, como reja del penal, como portería para jugar al fútbol dándole patadas a una zapatilla, como pareja de baile, como trinchera, como arma, como máquina de tortura y hasta como perro. La interpretación es tan buena que la razón no puede evitar el engaño. Hay tanta precisión y tal calidad en los movimientos, en los ruidos, en los gemidos, en las palabras, monocordes, reiterativas, inconexas como cuentas que se desparramen por el suelo al romperse el hilo del diálogo, que casi nadie cae en la cuenta de que los cuatro personajes varones presos en el pabellón psiquiátrico salvadoreño están interpretados por cuatro mujeres, Paola Miranda, Pamela Palenciano, Alicia Chong y Egly Larreynaga, a las que el público, que permaneció en absoluto silencio durante la representación, premia con una larga ovación por haberle hecho disfrutar de un espectáculo tan bueno y tan interesante como 'Los más solos', que es un alegato sobrecogedor contra la locura atroz de los manicomios para presos con problemas mentales.



A Ildefonso Ferrera Moreno

Amigo mío,
perdido en tu pueblo y mi pueblo,
triste y enamorado,

no sabes bien de qué, ni desde

cuando.
Amigo mío,
amigo primero, quizás único,
sembrador de sueños, jinete
desbocado, que persigues
el triunfo con brazo moreno y mirada
ancha, con sudor y risa
mojada en vino.
Amigo mío,
sé fiel a tu corazón,
a tus sueños de hombre bravo,
y siéntete brotar en cada esquina
de rayo, de olivo o de trigo,
siéntete guerrero y esposo
y ama la tierra,
asédiala,
y que tu pecho no pare hasta la muerte.


(De mi libro 'La tierra al fondo',
publicado en Badajoz por la Institución Cultural Pedro de Valencia, en 1980.)

miércoles, 22 de octubre de 2014

Éxito de Suripanta en el 37 Festival de Teatro de Badajoz


José Joaquín Rodríguez Lara


La compañía extremeña Suripanta triunfa en el 37 Festival de Teatro de Badajoz con la comedia 'El secuestro de la bankera', de Darío Fo en versión de Carla Matteini.


El teatro López de Ayala -752 localidades- se llenó, lo cual es un éxito a tener muy en cuenta, especialmente en una noche de fútbol televisado al más alto nivel. Ganaron el Madrid (0-3) en Liverpool y el Atlético (5-0) en casa. Mientras esos dos partidos ocupaban la actualidad de la noche española, en el López de Ayala el público se lo pasaba muy bien, pues rio y aplaudió durante la representación y, lo más importante, salió del teatro animado y comentando la función que había visto. 'El secuestro de la bankera' es un espectáculo que crea afición, algo siempre muy importante, sobre todo cuando entre los espectadores hay medio centenar de alumnos de instituto.


Marta Calvó, Pedro Rodríguez, Eulalia Donoso y Jesús Martín en una de las escenas finales
 de 'El secuestro de la bankera'. (Imagen publicada por www.regiondigital.com)


Con la dirección de Esteve Ferrer, Suripanta Teatro le da a la representación de 'El secuestro de la bankera' un ritmo frenético sobre el que flota el humor ácido, corrosivo, irreverente, grotesco, popular y barriobajero que impregna la obra del Premio Nobel de Literatura de 1997. Un humor que, a lo largo de la representación, se adentra más de una vez en lo circense y toma prestados modos y maneras de los payasos; tanto del payaso listo, que se pinta la cara de blanco, como la del payaso tonto, que calza zapatones, viste camiseta a rayas y gasta una nariz roja y que, al final, suele ser el más inteligente de los dos. Estos guiños de ingenuidad dirigidos al mundo del clown hacen reír a muchos espectadores sin desvirtuar la enorme crítica social que hay en la obra.


Se trata de un texto escrito durante la época de las vacas gordas de la economía europea, pero parece haber sido destetado en los pezones secos de la crisis. Bastan unos ligeros toques de actualización, que en modo alguno desactivan la carga explosiva del original, todo lo contrario, para que 'El secuestro de la bankera' conecte plenamente con la realidad de nuestros días y, por supuesto, con el público.


A todo ello contribuye el buen trabajo de las actrices Marta Calvó y Eulalia Donoso, así como el buen hacer de los actores Miguel Pérez, Pedro Rodríguez, Simón Ferrero, José Antonio Lucía y Jesús Martín que en todo momento están a la altura del guión y de las expectativas. El espectador disfruta con su trabajo sobre el escenario. 'El secuestro de la bankera' es un espectáculo que merece la pena ver.


martes, 21 de octubre de 2014


Susana San Juan en Badajoz


José Joaquín Rodríguez Lara


No hay término medio: la dificultad o seduce o disuade. Y en ninguno de los dos casos asegura el éxito ni, por supuesto, el fracaso. Al grupo extremeño Atutiplan Teatro parece que le seduce.


Acaba de demostrarlo en el 37 Festival de Teatro de Badajoz con la representación de la obra 'Susana San Juan', una versión libre de la novela de Juan Rulfo 'Pedro Páramo'.


'Susana San Juan', segundo montaje en un festival que había comenzado el día anterior con la representación de 'Solo x esta noche', a cargo de la compañía extremeña Taptc Teatro, tiene su origen en una obra difícil. Difícil de adaptar, aunque sea en una versión libre, que firma el extremeño Fulgen Valares, difícil de comprimir y meter en un escenario y difícil de llevar hasta las butacas.


Juan Rulfo (Acapulco, 1917 - Ciudad de México, 1986) es uno de los novelistas míticos de las letras hispanas. Alcanzó las cimas del prestigio con muy pocas obras entre las que destacan dos títulos: 'El llano en llamas', 1950, y 'Pedro Páramo', 1955. Tras la publicación de 'Pedro Páramo', el autor mexicano dejó de escribir y su silencio no hizo sino acrecentar su fama. En 1983, Rulfo fue galardonado con el 'Premio Príncipe de Asturias'.


Algo tendrán estas dos obras de Rulfo cuando las bendicen tanto la crítica como los lectores y, sobre todo y por encima de cualquier otra circunstancia, cuando las elogian muchos escritores. De ahí proviene la primera dificultad existente en el montaje representado en el teatro López de Ayala de Badajoz: es muy difícil hacer una versión sobre una obra maestra y estar a su altura.


Los cuatro intérpretes principales de
 'Susana San Juan' sobre el escenario.
 (Imagen bajada de la página de Facebook
 Susana San Juan Personaje de Ficción)

Y, si además, la empresa consiste en llevar al teatro una obra narrativa, la dificultad se acrecienta. En los diálogos de 'Susana San Juan' hay párrafos muy largos que ralentizan enormemente el ritmo de la representación. El hecho de que los intérpretes principales encarnen a varios personajes y que lo hagan con el mismo vestuario y como un inciso en la misma escena, tampoco facilita el seguimiento de la trama. Aunque más de una compañía la haya subido a las tablas, la historia de 'Pedro Páramo' se concibió como texto para ser leído, con un ritmo narrativo, y 'Susana San Juan', adaptación, más que versión libre, de la obra de Rulfo, es un texto para ser representado. El teatro no le permite al espectador releer o volver a escuchar una frase literaria, no coloquial, que no se entendió o no se escuchó bien por el motivo que fuere, ni tampoco consultar el exacto significado de una palabra desconocida. La obra de Rulfo le exige al lector un tiempo y un sosiego que el espectador de teatro no tiene.


¿Pero puede un autor de teatro resistirse a la tentación de pasar por el tamiz de la dramaturgia una narración llena de personajes increíbles, de pasiones y desesperanzas y miedos y agobios dignos de cualquier gran obra dramática? Poder, puede, pero es difícil que lo intente.


Tan difícil como conseguir que el público, en general, vibre durante la representación con lo que está viendo. Y no porque las cuatro personas -Miguel Ángel Latorre, Jésica Mosca, María Molina y Rubén Lanchazo- que encarnan a la mayoría de los personajes, en ocasiones sin cambiar ni siquiera la expresión de su cara, lo hagan mal o no se esfuercen lo suficiente. Tampoco porque no estén acompañadas por un amplio reparto, otros once intérpretes que tienen una actuación casi coral. Todos se dejan la piel sobre el escenario, incluido el autor, y ese es su mérito, pero el público, que acaba de ver una tragedia, no parece salir de ella conmovido. Y la historia del teatro nunca se ha cimentado sobre la indiferencia.


domingo, 19 de octubre de 2014

El cascarón es un manjar y también se come


La gastronomía extremeña está delimitada por unas líneas generales claramente distinguibles. La primera de ellas es, sin duda de ningún tipo, la calidad. En Extremadura se producen muy buenas carnes de razas autóctonas, como el cerdo ibérico, el vacuno retinto, la oveja merina, el cabrito de las cabras retintas y veratas, los gallos y pavos de cortijo y las piezas de caza, tanto mayor como menor.


Si no le gusta la carne, tome pescado. Extremadura dejó su firma en la inmensidad de los océanos, tanto en el Atlántico como en el Pacífico, y surcó los mares con arrojo, así que los extremeños no somos de tierra adentro, somos de una tierra que por ahora no tiene mar, que es cosa muy distinta. Además, tenemos más costas lacustres que muchos países costeros y no sólo adobamos manjares con peces de agua dulce, como la tenca, en Cáceres, la boga, en Badajoz, y la trucha, en el Jerte, sino que hacemos de la necesidad virtud y auténticas maravillas con el bacalao, ese pez que se cría a la humilde sombra de las encinas extremeñas -eso de que lo pescan en Terranova es un cuento- y florece coronado, rey de los fogones, en los recetarios monacales y emperador de los sabores en las mesas domésticas. Cada municipio extremeño debería dedicarle una plaza a la abuela, una calle a la madre y una avenida al bacalao. ¡Qué menos!


Extremadura produce unos quesos maravillosos, tanto de oveja como de cabra, y tiene en la torta -la del Casar de Cáceres y la que se elabora en La Serena- al as de oro de los quesos del mundo. Un queso tan singular que hasta hace muy pocos años no se producía industrialmente, pues nadie sabía el porqué de unos cinchos salían quesos y de otros se desprendían untuosas tortas llenas de misterio y de aromas montaraces.


La torta no sólo es un tesoro culinario, sino que perfila otra de las grandes líneas de la gastronomía extremeña: la naturalidad. Si la cocina no es natural tampoco puede ser extremeña, aunque se cocine en Extremadura. Leche de oveja, cuajo vegetal, de cardo, sal, afán, trabajo y experiencia: con estos ingredientes se elabora el as de oro de los quesos, la torta.


La humildad es otra de las características de la gastronomía extremeña. Un saber culinario que trasforma el pan duro en saludables y nutricias migas, el ajo, el aceite, la sal y el vinagre en gazpachos, de poleo, de ajo blanco, de tomate... Y todo ello en una cocina que no desecha nada, porque donde no hay abundancia nada sobra y porque sabe que hasta con unas simples pencas de acelga o unos garrapatos (judías verdes) y un escabeche se puede preparar un plato suculento.


Mucho antes de que se pusieran de moda palabras como integral y reciclaje, los extremeños sabían que del cerdo, del cordero y del pan se aprovecha todo. ¿Hay algo más integral que una tradicional matanza doméstica extremeña? ¿Cabe mayor reciclaje que cocinar el pan duro? Y no queda ahí la cosa; lo mismo puede hacerse con la torta.


Como usted sabrá, la torta extremeña es un queso prácticamente líquido que se come untándolo en el pan. Cuando toda la crema de la torta se ha consumido y se han arrebañado tanto el fondo como las paredes y la tapa de esta joya culinaria, nos encontramos con una vasija de queso, una especie de fiambrera, vacía. ¡Ay!, hay quien la tira, pero también hay quien la cocina y se la come.


Una vez que la cáscara de la torta está completamente vacía y ha sido despojada de cualquier etiqueta o adorno, se limpia cuidadosamente por fuera, llegando incluso a raspar la corteza si fuese necesario, y se reserva.


Torta extremeña rellena de risotto.
(Imagen publicada por notengothermomix.blogspot.com)

Dentro del cascarón de la torta se pueden preparar diferentes platos. Por ejemplo, verduras, arroz, jamón, panceta... Para preparar la verdura se elabora un sofrito con ajo, cebolla, pimientos, zanahoria, un poco de tomate sin pepitas ni jugo y cualquier otra hortaliza que tenga a mano. Una vez pochadas, se sazonan las verduras y se le añade un vasito de caldo de ave para que cuezan un poco en él. También se le puede poner una pizca de pimentón de La Vera.


Mientras se termina el sofrito se elabora una bechamel ligera. Se rellena el casco de la torta con las verduras, se cubre con la bechamel y se mete en el horno precalentado para gratinar. Una vez gratinado se saca del horno y se lleva a la mesa, partiendo la torta en cuñas, como si fuese una tarta. Se come todo, el molde y el relleno.


Con una arroz meloso, o con un risotto, se puede hacer prácticamente lo mismo. Una vez que el arroz esté listo se deposita en el cascarón de la torta. Si el arroz está muy caliente derretirá la crema de torta que haya en el interior de la corteza y si no lo está se pone unos minutos en el horno precalentado. Se sirve en cuñas y también se come todo.


A las verduras, e incluso al arroz, se le puede añadir trocitos de jamón o de panceta y preparar con esta mezcla el relleno. También se puede elaborar el relleno con una buena cantidad de trocitos de jamón, que debe conservar algo de tocino, mezclado con piñones y pasas de uvas o de albaricoques sin pepita ni hueso. En este caso hay que tomar la precaución de que el calor del horno no seque demasiado el jamón.


Y ya, en el colmo de los colmos, puede mezclar las láminas de jamón con cerezas del Jerte deshuesas y maceradas en su aguardiante. Sea valiente y añádale unas virutas de chocolate negro lo más puro posible. Cuidado con el horno.

Las migas del plato



Primero.- La torta original es la del Casar de Cáceres, pero la torta de La Serena también tiene una calidad excelente. En una cata a ciegas hay que ser un experto para distinguirlas.


Segundo.- Una vez que la corteza de la torta está vacía, y ha sido despojada de cualquier adherencia, puede conservarse en el frigorífico algunos días antes de cocinarla.


Tercero.- A la torta le va bien el pan tostado y los vinos blancos, secos y potentes, que no apaguen los sabores del queso, sino que los realcen.


Buen provecho.


José Joaquín Rodríguez Lara

jueves, 16 de octubre de 2014

Huelga de escopetas


José Joaquín Rodríguez Lara


Un deportista hace huelga de hambre en la puerta del ayuntamiento de Badajoz (Unión Europea). Se llama Julián Cruz y es entrenador y director deportivo del club 'Asociación Camino a la Vida' que, antes de recalar en la capital de la provincia, tuvo su sede en Montijo (UE) y en Olivenza (también UE) y ha llegado hasta la Tercera División estatal de fútbol sala.


Julián Cruz le exige al Ayuntamiento pacense que ponga a disposición de su equipo un pabellón en el que pueda entrenar y jugar y, para que le hagan caso, acampa ante la puerta del Consistorio y se niega a comer. Dice el huelguista que los integrantes de su club están federados. Sin embargo, no se pone en huelga de hambre en la puerta de la Federación, que organiza y regula sus competiciones, sino que le exige a la corporación municipal instalaciones deportivas con un pavimento adecuado y sin goteras. Se lo exige al Ayuntamiento, que nada tiene que ver con el fútbol sala, o lo que es lo mismo, se lo reclama a toda la ciudadanía de Badajoz, que tampoco.


Julián Cruz ante el ayuntamiento de Badajoz.
 (Fotografía de J. Oto publicada por elperiodicoextremadura.com)

En apoyo de su reclamación, subraya Julián Cruz que la 'Asociación Camino a la Vida' aparta a los jóvenes de la droga, de la calle y de otros vicios. Argumenta que los jugadores de su equipo están empadronados en Badajoz y proclama que, con estos antecedentes, su club tiene tanto derecho como el que más a entrenar y a jugar en un pabellón municipal adecuado. Y para conseguirlo, además de ponerse en huelga de hambre, hace que la plantilla entrene ante el ayuntamiento.


Hasta aquí, todo normal. Porque tan normal es hacer huelga de hambre ante el ayuntamiento de Badajoz exigiendo un pabellón que no tenga la pista de cemento y sea gratuito, como sentarse en la puerta de la Plaza de Las Ventas del Espíritu Santo (Madrid-Unión Europea) con una pancarta pidiendo una oportunidad en la Feria de San Isidro. Nada hay de extraño en ello.


Lo que me asombra es que los cazadores de Badajoz, y los de otras localidades, no hagan huelga de hambre ante las puertas de sus respectivos ayuntamientos y entrenen en las calles con sus perros y sus escopetas exigiendo poder cazar en terrenos en los que haya caza. Aunque tengan goteras.


Los cazadores también son deportistas o, al menos, así los considera la Administración. Son deportistas, están federados y pagan la licencia de caza, el permiso de armas, el seguro de accidente, las vacunas del perro, la cuota del coto, los cartuchos, el carburante... Que cazar sale por un pico, aunque no se vea un rabo, y Hacienda bien que lo sabe. Y, por si esto fuera poco, todos los deportistas cazadores, además de estar empadronados, en Badajoz o en otros municipios, apartan de la droga a los jóvenes y los sacan de las calles y de otros lugares perniciosos llevándolos al campo.


Pero no, los cazadores no hacen huelga de hambre. Los cazadores tan sólo pagan sin rechistar por los mil y un papeles que se les exigen sin que se les garantice nada. Son tan sufridos los amantes de la caza que aguantan los improperios y la desconsideración, cuando no el desprecio y el insulto, de los no cazadores, limitándose a sacarse del bolsillo y a poner en circulación millones de euros cada temporada. No protestan. Y es una lástima. Sería todo un espectáculo verlos vestidos de camuflaje, con sus armas y sus perros, en la puerta del ayuntamiento pidiendo no un pabellón sin goteras, no un cazadero municipal y gratuito, pero sí que la caza se cuide como lo que es, un patrimonio natural, una fuente de riqueza y, según la Federación de Caza y la administración que la ampara, hasta un deporte.



miércoles, 15 de octubre de 2014

Juguetes de Mas, Mas de juguete


José Joaquín Rodríguez Lara


Sospecho que don Artur Mas, presidente del Gobierno catalán, no quiere la independencia. Si de verdad quisiera una Cataluña independiente no jugaría a la independencia de Cataluña y, por supuesto, tampoco metería en su disparatado y desesperado juego independentista a millones de catalanes.


Estoy convencido de que el señor Mas, don Artur, no desea una Cataluña políticamente independizada, sino que su propósito es conseguir una Cataluña económicamente más independiente. Más dinero, vaya. A don Artur Mas se le acusa injustamente de afanarse en apurar las ubres del Estado cuando su intención es muy distinta. Simplemente aspira a quedarse con la teta de Hacienda y pagarle al Estado por los servicios prestados, convirtiendo a Cataluña en una nación franquiciada. Vivir adosados, pero cada uno sobre sus propias miserias.


Para jugar con tranquilidad la partida de la independencia, el señor Mas adelantó las elecciones y le pidió a los catalanes que le dieran más poder. Los catalanes escucharon su plegaria y le dieron a Oriol Junqueras, líder de Izquierda Republicana de Cataluña, que para poder jugar a la independencia en catalán es lo más de lo más.


Oriol Junqueras y Artur Mas.
 (Imagen publicada por www.ara.cat)

Bajo las exigencias de semejante compañero de juegos, don Artur Mas pergeñó un referéndum ilegal que se le ha desecho entre las manos, así que para calmar el berrinche de su amigo don Oriol Junqueras anuncia ahora un referéndum de juguete, pero advierte que esta nueva consulta de la señorita Pepis -y que la señorita Pepis me dispense- no será la definitiva, pues la definitiva consistirá en unas elecciones también de juguete -de la señorita Pepis, naturalmente- de las que no saldrán un parlamento y un gobierno, sino el Quimicefa, un juego de química con rayos y centellas capaces de reducir a cenizas la Constitución Española.


¿Que eso es imposible? Para quien apuesta todo su capital contra su futuro y contra el de su gente y, además, acepta pulpo como animal de compañía, nada será jamás imposible aunque le demuestren lo contrario. Téngalo en cuenta, don Mariano, que usted es gallego y de pulpos debe saber un rato largo.



He bajado hasta el fondo de mí
a buscarte
en los bolsillos ignorados del alma,
en los pliegues recónditos del recuerdo,
allí donde no me conozco
e ignoro si tengo existencia
de hombre y de retrato.
Me he hundido hasta el fondo,
a buscar una hebra de hilo,
un olor a tierra,
la misteriosa señal de que estás
perenne y rotunda,
siempre al alcance de mi mano,
pero estaba vacío el corazón
y sólo hallé palabras tristes.


(De mi libro 'La tierra al fondo',
publicado en Badajoz por la Institución Cultural Pedro de Valencia, en 1980.)

lunes, 13 de octubre de 2014


Galletas de morcilla


Este es un plato muy fácil de cocinar debido a que todos sus ingredientes se compran ya preparados. Además, requiere muy poca elaboración. Y, por si fuera poco lo anteriormente dicho, encima es apetitoso y puede utilizarse como entrante e incluso como tapa.

Para preparar las galletas de morcilla se necesita morcilla, queso de cabra y rebanadas finas de pan tostado. La morcilla puede ser de arroz o de cebolla, pero debe ser gruesa. En función de que se pretenda preparar unas tapas o un entrante se necesitará más o menos cantidad de cada ingrediente.

Pan tostado industrial.
 (Imagen publicada por es.dreamstime.com)
El pan puede tostarse en casa o comprarse ya tostado. En este caso es preferible elegir el que se presenta cortado en círculos. Se distribuyen las rebanadas de pan tostado sobre una bandeja u otra superficie plana.

Rodajas de morcilla de arroz.
 (Foto publicada por cocinayrecetas.hola.com)
La morcilla se corta en rodajas de, aproximadamente, un centímetro de grosor. Al embutido se le quita la piel y se coloca una rodaja de morcilla sobre cada rebanada de pan.

Queso de cabra en rulo.
(Imagen publicada por
 food-and-cook.blogs.elle.es)

El queso debe ser de pasta blanda y elaborado en formato cilíndrico. El rulo de queso debe tener un diámetro inferior al del pan y al de la morcilla. Se cortan rodajas de queso y se deposita una sobre cada rodaja de morcilla colocada encima de las rebanadas de pan.


A continuación se cortan más rodajas de morcilla y se coloca una sobre cada rodaja de queso, apretando un poco para que las cuatro piezas de la galleta se unan levemente.


El siguiente paso es colocar las galletas sobre una bandeja de horno, cubrirlas con una hoja de papel de aluminio o especial para hornear y colocar la bandeja en el horno, que debe estar precalentado a 180º.

La bandeja debe recibir el calor tanto por abajo como por arriba, pero no debe situarse muy cerca del fuego. La cocción de las galletas durará entre tres y cinco minutos, en función de la temperatura a la que estén tanto la morcilla como el queso.

Pasado este tiempo, se sacan las galletas, se colocan sobre una fuente y... a disfrutar.


Las migas del plato


Primero.- Aunque puedan parecerlo, las galletas de morcilla no son galletas oreo, así que no intente abrirlas para lamer el queso y, por lo que más quiera, no las meta en un tazón con leche.


Segundo.- Si no le gusta el queso de cabra o no lo tiene a mano, puede sustituirlo por queso de oveja o incluso de vaca, pero procure que sean quesos de pasta blanda, cremosos y naturales. No queso fundido. La torta extremeña, de oveja, tanto si es del Casar de Cáceres como si es de La Serena (Badajoz) es un manjar por sí misma y no necesita emparedarse entre rodajas de morcilla, pero si a usted le gusta...


Tercero.- Una vez que las galletas estén fuera del horno, puede depositar sobre la última rodaja de morcilla una cucharadita, de las de moca, de mermelada de fresa, de tomate, de naranja amarga, de melocotón, de frambuesa, etcétera. El colorido de la mermelada le dará más vistosidad al plato y el contraste de sabores alegrará el paladar.


Cuarto.- Si en vez de hornear las galletas decide freírlas, como fruta de sartén, debe hacerlo en aceite muy caliente. En este caso el pan tostado no se fríe y las galletas fritas se colocan sobre las rebanadas una vez retiradas de la sartén. Y a continuación, si lo desea, se le pone la mermelada.


Quinto.- No es buena idea cocinar las galletas en el microondas, pues se cuecen al vapor, pero usted verá.


Buen provecho.


José Joaquín Rodríguez Lara


jueves, 9 de octubre de 2014

- Preguntar si algo debe ser como es no es preguntar,

 es responder.


FRASES HECHAS.-


Lo que se dice: 


Me reservo posibles acciones legales.


Lo que significa:

 

Nada. Pedir el amparo de los tribunales, en tiempo y forma, es un derecho que tiene cada ciudadano sin necesidad de hacer reserva del mismo. La justicia española es lenta, pero no es una pescadería en la que resulte obligatorio sacar número ni pedir cita para que te atiendan: "¿Qué le pongo señora justiciable? Mire usted que sentencia, mire: fresquísima, recién firmada."


miércoles, 8 de octubre de 2014

El cajón de los malabaristas del trinque


José Joaquín Rodríguez Lara


Como reflejo en mi libro 'La burra con GPS y otros avíos de comer', mi abuela María era una artista. No sólo cantaba romances, sino que hasta hacía calceta, con cuatro agujas. Sin embargo, no tenía calcetín. Se ve que no lo necesitaba. A mi abuela María no le sobraban las perras; ni chicas, ni gordas, ni perras rubias, ni de diez reales... Vivía con lo justo, de susto en susto. Si mi abuela hubiese tenido uno de aquellos duros amadeos, de plata, seguramente lo hubiese escondido en el fondo de un calcetín, pero quia... Le bastaba con la faldriquera del mandil para guardar las cuatro perrinas. ¿Quién iba a tener un duro amadeo..? A mediados del siglo pasado, un duro amadeo era un tesoro. Y un duro de Franco, un puchero lleno. De garbanzos.

Mi abuela María estaba convencida de que los locutores del Telediario vivían dentro del televisor, como los pollos que se criaban en un cajón de tabaco para que no se los llevase el milano, así que, muy seria y hasta preocupada, me preguntaba cada día si ya le había echado de comer a aquellos hombres. Por aquel entonces, los locutores del Telediario eran todos hombres de pelo en pecho. Había muchos: uno por cada bloque informativo.

El millonario José Ángel Fernández Villa, que fue un
 destacado sindicalista, líder minero y
 parlamentario del PSOE, con el expresidente
 José Luis Rodríguez Zapatero,
 en Rodiezmo (León), donde cada año
 se ponía las pilas el socialismo español.
(Fotografía publicada por elmundo.es)

Lo que no había era dinero. Al menos en casa de mi abuela María y de mi abuelo José. Nada nuevo. Lo mismo, más o menos, ocurre actualmente en la casa de otras personas mayores, como Jordi Pujol, padrastro de la patria catalana, como José Ángel Fernández Villa, que hasta hace muy poco era un destacado líder minero asturiano y ahora es padrastro de la gente honrada que confía en los sindicalistas de UGT y en los dirigentes del PSOE, como José Luis Bárcenas, padrastro, hijastro y hermanastro, según se tercie, de los militantes del PP, como los 86 consejeros y ejecutivos, 86, de Caja Madrid/Bankia que costearon sus caprichos con tarjetas invisibles para Hacienda, comportándose como verdaderos chorizastros con usted, conmigo y con todos los demás españoles.


Ni Pujol ni Fernández Villa ni Bárcenas ni los Blesa (916 euros en helados), Rato (3.547 euros en bebidas alcohólicas, en un día) y demás malabaristas del trinque (representantes del PP-PSOE-IU-CCOO-UGT-la patronal...) necesitan calcetín para mantener a buen recaudo los caudales que con tanto esmero apañan. Les basta con carros y carretas para sacar el dinero de España, incluso con la simple capa de invisibilidad de una tarjeta opaca al fisco, para vivir con mucho, con muchísimo desahogo.

No es que Rato bebiese mucho, seguramente es que bebía muy bien, pero con los helados de Blesa, es que nos hierve la sangre.

Como la Justicia termine metiendo a alguno de ellos en el cajón de los pollos no se preocupará de echarles de comer ni mi abuela María, que E.P.D., Mariló.


martes, 7 de octubre de 2014

- Encontrarse "estable dentro de la gravedad"

 no puede ser mejor que la muerte,

 que es el estado más estable y más grave

 que puede alcanzar la vida.


- Quienes critican a los demás por opinar sobre cualquier cosa, 

además de negarles un derecho constitucional,

 alardean de que ellos sí saben de todo

 y los otros, de nada.


jueves, 2 de octubre de 2014

Vara, el notario y la madre


José Joaquín Rodríguez lara


Guillermo Fernández Vara, candidato del Partido Socialista Obrero Español a la Presidencia del Gobierno de Extremadura, ha decidido registrar ante notario un conjunto de 50 medidas que aplicará si es investido presidente de los extremeños.


Está en su derecho de hacerlo así, aunque me resulta muy chocante que lo haga.

 

Previa solicitud de sus servicios, los notarios pueden levantar acta y dar fe de cualquier cosa que vean, oigan o se les cuente, como es el caso de Vara. Pero las declaraciones unilaterales de intenciones son sólo eso, meras intenciones, y obligan al declarante lo mismo o incluso menos que los buenos propósitos con los que algunas personas acostumbran a iniciar el año: después de Reyes me pongo a dieta y dejo de fumar y también aprendo inglés para siempre. Declarar ante notario que se va a hacer lo que se cree que se debe hacer tiene tanta carga de obligatoriedad como hacerle promesas a la virgen siendo ateo.


Y no es que me parezca malo, es que me resulta increíble.


Lo que hace Fernández Vara es firmar un contrato, pero no 'con' sino 'ante' la ciudadanía, 'ante' el electorado y más específicamente 'ante' sus votantes, comprometiéndose públicamente y por escrito a tomar 50 medidas concretas en tiempo y forma. Esa declaración 'ante' notario la suscribe él, no la ciudadanía ni el electorado ni los votantes del PSOE. El notario dará fe de que Fernández Vara le asegura que va a tomar 50 medidas, pero ni vigilará que las tome ni saldrá en defensa de la población si no las toma.


Guillermo Fernández Vara, expresidente de la Junta
 de Extremadura. (Fotografía difundida por www.psoecaceres.com)

Al final, ese compromiso en la notaría tendrá menos repercusión social y menos poder coercitivo que el clásico programa electoral impreso en papel cuché que a Guillermo Fernández Vara ya no parece resultarle suficiente. El año 2007 Vara se presentó a las elecciones con un programa en el que prometía crear 60.000 empleos. Cuatro años después, en el 2011, no sólo no había creado esos 60.000 empleos, sino que durante su mandato habían desaparecido otros 48.000. En una legislatura volaron 108.000 empleos y, como el gato escaldado del agua fría huye, el electorado le dio la victoria en las urnas a José Antonio Monago y Guillermo Fernández Vara se aprendió el camino de la notaría.


Pero, aunque no pase por el notario, un programa electoral también es un contrato ante la ciudadanía, también es un compromiso ético con el votante y una declaración pública de intenciones, a pesar de que muy pocas veces se hacen completamente realidad. Al contrario de lo que ocurre con los folletos de publicidad, los tribunales de Justicia no consideran que el incumplimiento del programa electoral sea un fraude y no lo admiten como prueba determinante en una reclamación del electorado. Hay jurisprudencia: véase el caso del cantautor catalán Lluis Llach contra Felipe González -la OTAN, de entrada no- por el referéndun del tratado del Atlántico Norte.


Tengo a Guillermo Fernández Vara por una persona cabal y no creo que, por sistema y maliciosamente, haga programas electorales para incumplirlos, pero que registre en una notaría sus intenciones me hacen sospechar que yo creo mucho más en su honradez de lo que cree él mismo.

 

No me fío, no puedo fiarme de quien necesita recurrir al notario para obligarse a cumplir sus compromisos.


Unas elecciones no es la compraventa de una casa ni el alquiler de un cortijo, aunque a veces pueda parecerlo. En el registro notarial de esas operaciones siempre hay tres partes: la que vende, la que compra y la que da fe de los términos del acuerdo. En esos casos, el contrato tiene firmeza y obligatoriedad. En cambio, una declaración unilateral de intenciones obliga lo que el declarante quiera que le obligue y, desde luego, no más que una promesa electoral o un programa de gobierno.


El registro ante notario denota que Fernández Vara no se fía de sí mismo o no se fía de sus compañeros de partido o son ellos quienes desconfían de él. O, también que, registrando ante notario esas 50 medidas, pretende salvaguardarlas de las concesiones que conllevarán posibles pactos postelectorales de gobierno. Vana pretensión, pues la historia demuestra que, en cualquier partido político, si para llegar al poder hay que vender a la madre, se la vende, aunque esté registrada ante notario. Y si no, al tiempo.


miércoles, 1 de octubre de 2014


Canción de otoño


Un pequeño racimo
de uvas salvajes
es tu nombre para mí.
Es lo que me evoca,
cuando lo tengo en las manos
y me lo llevo a la boca
para morder cada grano,
para sorber cada gota
hasta embriagarme de ti
letra a letra, nota a nota.



(De mis poemas sin libreto)