domingo, 26 de abril de 2026

Homenaje en las Hurdes a Diego Bardón

José Joaquín Rodríguez Lara


Bardón Salamanca, Diego, así, marcha atrás, se escribe el nombre de un genio en la lápida del cementerio municipal de Fuente del Maestre, en Badajoz. Diego, actor, torero pánico, periodista, organizador de insólitas corridas de toros con cante flamenco, de muestras pictóricas singulares, el apoderado que llevó la publicidad al traje de luces, así como la pintura de Botero a la cartelería taurina, y una persona excepcional, falleció el 11 de diciembre del año 2024, en Zafra. Su familiares más cercanos y sus amigos le han tributado un homenaje, el día 25 de abril, en Casares de las Hurdes. ¿Por qué en las Hurdes? Porque Diego, que se comportó siempre como el ciudadano del mundo que fue, tenía un cariño especial a esta mítica comarca extremeña y a sus gentes. Un amor correspondido por la población hurdana que le trató.

    Durante el homenaje, que ha tenido lugar en la plaza de Casares, en los soportales del ayuntamiento, organizado por el abogado y político Estanislao Martín y por su familia, se han expuesto imágenes, trabajos periodísticos y recuerdos, muchos recuerdos, así como anécdotas que brotaron del corazón y han florecido en los labios de las personas intervinientes. Con emoción palpable. Con las lágrimas barbeando las tablas de la memoria. Mujeres y hombres. Taurinos y alérgicos al arte de Cúchares. Políticos, políticas, periodistas, deportistas, gente del teatro, dieguistas confesos, personas llegadas desde Sevilla, desde Badajoz, desde Cáceres, desde diversas poblaciones hurdanas, desde Fuente del Maestre... Diego continúa vivo entre quienes le conocimos y disfrutamos de su amistad.

    Era un genio. Fue un artista y un deportista excepcional. Destacó por ser una persona muy generosa. Se comportó siempre como un rebelde. Luchó tanto contra los prejuicios como contra los tópicos. Se encerró, exilió e hizo huelgas para defender a Extremadura. Derribó los muros de la mediocridad... Los elogios han ido saliendo del recuerdo como cerezas de una banasta. En racimos. Unos tras otros. Todos ellos han dibujado en el cielo hurdano la silueta inolvidable de Diego Bardón Salamanca.

  Entre tantas palabras dulces, redondas, fragantes, restallantes, entrañables me quedó con una expresión que se repitió una y otra vez el sábado 25 de abril en la plaza de Casares de las Hurdes. Diego ha sido un ser irrepetible...  ¡Irrepetible!

    Y lo hago a sabiendas de que es una palabra pesimista que, seguramente, el mismo Diego rechaza. Porque creer que la genialidad, la generosidad, el arte hecho hidalguía no pueden repetirse es tanto como negarnos a nosotros mismos la posibilidad de volver a disfrutar de Diego. Del nuevo Diego. De un Diego que tal vez esté ya labrando su trayectoria humana y artística contra el viento de los convencionalismos y de la obviedad en cualquier lugar del mundo.

    Todas las anécdotas que se expusieron en Casares de las Hurdes retratan a Diego Bardón con una fidelidad admirable. Pero me quedo con una que no se compartió desde el atril y el micrófono. Antonio Bardón, hermano de Diego, fue invitado por Estanislao Martín, mantenedor del homenaje, a tomar la palabra. Antonio, administrador de la empresa familiar agraria en la que Diego era socio, declinó la invitación que le hacía Tani, alegando que estaba demasiado nervioso. Emocionado, más bien. Delegó el ofrecimiento en su sobrino Paco, que sí intervino. Una vez concluidos los discursos, Antonio contó a quienes estábamos a su lado algo genial.

    Compré un tractor, para la explotación agraria de la familia, y se lo conté a Diego -relató Antonio Bardón a quienes le rodeaban. ¿Sabéis que me respondió él cuando le dije que había destinado dinero de su empresa y de la mía a comprar un tractor? Pues me respondió: "Y de qué color es".

    ¿De qué color es? Ni cuanto nos ha costado, hermano; ni de qué marca es; ni cuántos caballos tiene; ni para qué necesitamos gastar dinero en un tractor nuevo Antonio... "¿De qué color es?"

    ¿Puede haber una expresión más definitoria de cómo era Diego? No la hay. Al menos yo, que me declaro dieguista, no conozco otra mejor. Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace, otro Ignacio Sánchez Mejías, dijo Federico García Lorca en su elegía a la muerte del torero, escritor y mecenas de la generación del 27. Yo no puedo emular al gran Federico, ¡qué más quisiera uno!, pero aseguro y proclamo que Diego Bardón Salamanca me parece irrepetible.


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