martes, 4 de diciembre de 2012

En la vuelta

A los poetas, Señor,
los parió el cielo.
Pero no a todos.

Luis Álvarez Lencero
nació en el filo de las garlopas
y se encontró carpintero.

¡Qué hombre tan pregonero!
Por no callarse las penas
hizo de tripas cadenas
como si fuese un herrero.

Como buen titiritero
anduvo el mundo,
cavó el surco sin mula y sin horizonte,
le puso enaguas al monte
y, cansado de dar tumbos,
se echó el olvidó a la espalda
una mañana de enero.

Si se fue roto,
nos volvió entero.

A los poetas, Señor,
sí, pero a Lencero...

(De mis poemas sin libreto)


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