miércoles, 4 de agosto de 2021

Las ruedas de los hámsteres

José Joaquín Rodríguez Lara


En la televisión española, no sólo en TVE, en todas, predomina la endogamia. Los nombres, los amoríos, las caras... se repiten hasta la saciedad. No es que tu cara me suene, es que me harta verla un día sí y otro también, una temporada tras otra y hasta una eternidad -han vuelto a desenterrar a Chanquete- antes de la siguiente.


Las televisiones no son cadenas, son jaulas. Dentro de cada una hay ruedas y hámsteres haciéndolas girar continuamente. Entrar en televisión -en cualquiera de ellas- es muy difícil, mucho. Hay que tener un nombre o un apellido o un escándalo en la calle; y amistades, amistades poderosas, dentro. Pero si entrar en la televisión es muy dificultoso, salir..., salir es imposible.


Salir de la tele, no salir por la tele. Eso, lo difícil que es salir de la tele una vez que has entrado en su rueda y te has convertido en hámster explica el hecho de que en la televisión se repitan continuamente las mismas caras: ¡no hay otras! Dentro. Las de la calle no interesan.


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