viernes, 29 de agosto de 2025

Muerte de la muerte

José Joaquín Rodríguez Lara


Acaba de fallecer la muerte. Por agotamiento. Parece que estaba harta de matar. Que nunca le compensó tanto esfuerzo. Ni física ni tampoco emocionalmente.
        - Así que ahí os quedáis. Vivitos y coleando.
Ha dicho en su postrero estertor la malencarada, mandando al carajo la guadaña. Su herramienta de trabajo.
     - Lo siento (añadió) por los funerarios, por los sepultureros, por los vendedores de potingues, por los médicos, por los fabricantes de esquelas, por los autores de oraciones fúnebres, por los aprendices de herederos, por los tejedores de coronas, por los fabricantes de llantos inconsolables, por las aspirantes a viuditas de buen ver, por los sastres del luto... Todos ellos van a quedarse en el paro. Sin trabajo. Pero yo dimito. Me voy. Muéranse ustedes por sus propios medios. Si es que saben. Muéranse como puedan si no quieren mantenerse con vida. Pero no cuenten conmigo. Yo ya hice mi trabajo. Llevo una eternidad cumpliendo con mi obligación. ¿Y qué he sacado a cambio? Nada. Ni un pésame. Ni una esquela. Ni un vaya por Dios. Nada. Me muero y tengo que decir que me muero para que la gente se dé cuenta de que estaba viva. Viva y bien viva estaba yo hasta hace un momento. Repartiendo golpes a diestro y siniestro. Sosteniendo el árbol de la vida con los tajos de mi guadaña. Con podas de rejuvenecimiento. Pero se acabó. Hasta aquí hemos llegado. A partir de ahora, quien se quiera morir que no me busque. Ya no acepto encargos. Yo ya he pasado a mejor vida. Me he jubilado.

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