jueves, 9 de abril de 2020
domingo, 5 de abril de 2020
El profesor asesino
José Joaquín Rodríguez Lara
"Nunca se ha vivido como se muere ahora" dejó por escrito el poeta Manuel Pacheco (Olivenza, 1920 - Badajoz, 1998). Pacheco fue un importante autor de poemas sociales. Sus versos rezuman dolor humano. Él, tan maltratado por la vida desde muy niño, escribía estrofas atormentadas en una Extremadura, en una España y en un mundo que apenas si lograban sacar la cara del fango para tomar aliento.
Manuel Pacheco se nos fue Guadiana abajo, camino del infinito, convertido ya para siempre en un puñado de ceniza azul. Pero su poesía sigue vigente pues, como estamos viendo, nunca se ha vivido como se muere ahora. Ahora, este domingo 5 de abril del año 20, en el que debemos alegrarnos por la muerte de 674 personas -674 seres humanos- por el mero hecho de que son 135 menos que las víctimas del día anterior.
El maldito coronavirus, el asesino que nació en China, nos está enseñando mucho sobre el amargo sabor de la alegría. A lomos de su caballo desbocado desnuda a los poderosos parapetados detrás de la verborrea; corona de laurel a los profesionales, desde quienes limpian los hospitales a quienes cambian el fusil por la manguera de fumigar; nos enseña a malvivir sin besos, sin abrazos, sin libertad...
Pero, sobre todo, el coronavirus nos está enseñando matemáticas: 130.759 personas infectadas, 58.744 hospitalizadas, 6.861 jugándose la vida en las UCI, 12.418 borradas de la faz de la tierra, 674 de ellas en las últimas 24 horas, para alegría de quienes cuentan cadáveres, y 38.080 supervivientes. Ni siquiera los virus letales son infalibles, pero, eso sí, ya lo dijo Pacheco, "nunca se ha vivido como se muere ahora".
viernes, 3 de abril de 2020
- ¿Qué hice para merecer esta condena, este silencio atroz sin huellas de la voz que anhelo?
jueves, 2 de abril de 2020
El virus que nos gobierna
José Joaquín Rodríguez Lara
Se dice que después de la pandemia, nada sera igual. Salvo el coronavirus que ha venido para quedarse y, seguramente, permanecerá agazapado entre la población esperando su nueva oportunidad.
Me parece innecesario esperar a que termine la pandemia para constatar que este patógeno ha cambiado al mundo. Que lo ha cambiado ya. Nada es igual desde que el coronavirus empezó a matarnos. Han terminado las aglomeraciones, hemos dejado de estrecharnos las manos, salimos a la calle, cuando salimos, con guantes y mascarilla, se apaga el trabajo presencial y se enciende el teletrabajo, se cierran los centros educativos y las calles, las plazas y las carreteras están prácticamente vacías de personas mientras empiezan a ser ocupadas por animales silvestres.
Hasta la detección de los terremotos ha cambiado. Afirman los sismólogos que, con la cuarentena y el correspondiente cese casi total de la actividad productiva, los sismógrafos han empezado a detectar sacudidas de la corteza terrestre que antes pasaban desapercibidas. No hay más terremotos, pero ahora se notan más.
¿Cuantos de estos cambios permanecerán después de que el coronavirus deje de cebarse con la humanidad? Seguramente más de uno; el teletrabajo, las mascarillas, tal vez también la mala imagen de los saludos compulsivos...
Minucias si se comparan con los grandes cambios que se necesitan. Para empezar, a los políticos hay que exigirles responsabilidades penales cuando antepongan sus intereses personales, de partido o ideológicos a la salud de la ciudadanía. Es necesario legislar para que, en el Gobierno, al cubrir puestos de libre designación prime la capacidad sobre el amiguismo y el reparto estratégico de poderes. En algunos países se examina a las personas candidatas.
Pero como en España esto sera muy difícil, por no decir imposible, hay que rediseñar el sistema sanitario, teniendo muy en cuenta el número de hospitales, de camas, de profesionales, de reservas estratégicas de aparatos, fármacos, y consumibles de todo tipo. También es imprescindible organizar el suministro sanitario de tal modo que no se dependa exclusivamente de la producción ajena. No es prudente poner todos los huevos -fármacos, batas, mascarillas...- en la misma cesta china.
Y es muy importante redimensionar las ciudades limitando su crecimiento. Como ha ocurrido siempre, esta pandemia se está cebando con los mayores núcleos de población, allí donde el contacto entre las personas es mayor. Milán, Madrid, Barcelona, Nueva York están siendo los monstruosos escenarios de esta pandemia.
Desde los romanos hasta la Edad Media, en las grandes epidemias históricas, buena parte de la población se refugió en el campo para intentar salvarse. Con ciudades más pequeñas, diseñadas a la medida del ser humano, construidas en horizontal, no en vertical, con menos ascensores, con menos desplazamientos en masa para ir a trabajar, a divertirse, a dormir..., los virus tendrían menos facilidades para propagarse.
Además, está demostrado que la multiplicación ordenada de los núcleos de población facilita el desarrollo económico de los territorios y corrige la despoblación. Es conveniente y necesario poblar la España vaciada y para ello hay que redistribuir las inversiones. Las grandes capitales y sus cinturones industriales deben dejar de ser los agujeros negros del país, vórtices insaciables que devoran a las pequeñas localidades absorbiendo a sus habitantes y, con ellos, sus recursos.
Esta es una carrera de gran fondo para la que se necesitan menos políticos que estadistas, y más expertos en ordenación del territorio, en creación de redes de comunicación, de intercambio, de interrelación, que especialistas en juegos de magia. Mientras sigan gobernándonos políticos corruptos, inútiles y trileros, el coronavirus y cualquier virus al que se le dé la oportunidad de invadir a los seres humanos camparán a sus anchas.
Ahora mismo, en España, tiene más poder el coronavirus que Pedro Sánchez, todavía presidente del Gobierno.
miércoles, 1 de abril de 2020
Himnos contra la peste
José Joaquín Rodríguez Lara
No suelo publicar en mi blog textos que no son míos, pero dada la situación excepcional en la que estamos muriendo, me hago, metafóricamente, coautor de estos dos himnos universales en lengua castellana y los ondeo desde aquí como banderas y espadas contra la peste.
Romance del prisionero
(Anónimo)
Que por mayo era, por mayo,
Cuando hace la calor,
Cuando los trigos encañan
Y están los campos en flor,
Cuando canta la calandria
Y responde el ruiseñor,
Cuando los enamorados
Van a servir al amor;
Sino yo, triste, cuitado,
Que vivo en esta prisión;
Que ni sé cuándo es de día
Ni cuándo las noches son.
Sino por una avecilla
Que me cantaba el albor.
Matómela un ballestero;
Déle Dios mal galardón.
Resistiré
(Dúo Dinámico)
Cuando pierda todas las partidas
Cuando duerma con la soledad
Cuando se me cierren las salidas
Y la noche no me deje en paz
Cuando sienta miedo del silencio
Cuando cueste mantenerme en pie
Cuando se rebelen los recuerdos
Y me pongan contra la pared
Resistiré, erguido frente a todo
Me volveré de hierro para endurecer la piel
Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte
Soy como el junco que se dobla
Pero siempre sigue en pie
Resistiré, para seguir viviendo
Soportaré los golpes y jamás me rendiré
Y aunque los sueños se me rompan en pedazos
Resistiré, resistiré
Cuando el mundo pierda toda magia
Cuando mi enemigo sea yo
Cuando me apuñale la nostalgia
Y no reconozca ni mi voz
Cuando me amenace la locura
Cuando en mi moneda salga cruz
Cuando el diablo pase la factura
O si alguna vez me faltas tú.
Resistiré, erguido frente a todo
Me volveré de hierro para endurecer la piel
Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte
Soy como el junco que se dobla
Pero siempre sigue en pie
Resistiré, para seguir viviendo
Soportaré los golpes y jamás me rendiré
Y aunque los sueños se me rompan en pedazos
Resistiré, resistiré.
viernes, 13 de marzo de 2020
- Hace tiempo que no lloro y me da miedo. Presiento al llanto agazapado tras el aliviadero de las lágrimas, listo para acuchillarme.
miércoles, 4 de marzo de 2020
- El verso es la cáscara de la poesía.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)