viernes, 24 de junio de 2016

- El abrazo es el lazo de las caricias.


lunes, 6 de junio de 2016

Lobos en Hervás



José Joaquín Rodríguez Lara



El lobo está aullando en la puerta de Extremadura. Quiere entrar. Si es que no ha entrado ya en la región y aún no ha dado señales de muerte. En cualquier caso, no tardará en manifestar su presencia.


Esa inevitable realidad es uno de los motivos que han impulsado a celebrar, en Hervás, las 'Primeras jornadas sobre (el) lobo ibérico', organizadas por la Sociedad Extremeña de Zoología, con la colaboración del Ayuntamiento de la localidad y de la Junta de Extremadura.




El lobo no deja indiferente a casi nadie, aunque en estas Jornadas se ha podido ver que a la Junta no le interesa demasiado. En la inauguración de las Jornadas iba a intervenir el director general de Medio Ambiente. Finalmente no asistió, por motivos personales, y ocupó su puesto el jefe de servicio de Conservación de la Naturaleza, que se marchó sin llegar a tomar parte en el turno de preguntas, así que los asistentes a las Jornadas no pudieron conocer directamente la opinión de la Administración regional respecto a la más que probable llegada del gran cánido a la comunidad autónoma extremeña.


Semejante ausencia oficial no impidió que las Jornadas aportasen datos y opiniones muy interesantes. El primero de todos es que el lobo está ya a muy pocos kilómetros de Extremadura, en el límite con la provincia de Ávila. Habría que empezar a prepararle el comité de recepción, pues su regreso a tierras extremeñas será sonado. Ni siquiera será preciso que se le achaquen daños para que el lobo se encarame a los titulares. Y, cuando se le acuse de la muerte de una oveja, de dos cabras o de un ternero, será la noticia del día y de los días que coleen. El presidente de la Junta y la Cofradía del Santo Entierro, Nuestra Señora del Mayor Dolor, el Cristo de las Angustias y la Virgen de los Afligidos, es decir, 'Agricultura', que así se llama coloquialmente a la cartera extremeña de Medio Ambiente y Rural, Políticas Agrarias y Territorio, tendrán que echarse a los medios para explicar la nueva versión del viejo cuento del lobo.


No creo yo que la Junta de Extremadura tenga miedo del lobo. Miedo electoral. Pánico a que, pocos días antes de las elecciones, se le acuse de traer lobos a los campos extremeños, y que por este motivo pasara de refilón, estando pero sin figurar, por las Jornadas del Lobo. Pero sorprende que casi no asomase las orejas por Hervás cuando, pocas horas antes, el presidente Vara había inaugurado en Olivenza el 'Congreso Ibérico de Caza y Conservación', 
y la consejera de la cosa agraria lo había clausurado. Probablemente, la caza todavía dé más votos de los que quita y la inmensa mayoría de los votos que da el lobo parecen tener coleta. Desde la tribuna de oradores se llegó a asegurar que el lobo es ¡el cambio político que necesita España! El símbolo del cambio, como lo es en Portugal desde que la Revolución de los Claveles entró en la Asamblea de la República lusa.


Es posible que la Junta no diera su opinión sobre el lobo, más allá del protocolo inaugural de las Jornadas celebradas en Hervás, debido a que carece de criterio sobre qué debe hacer, como gobierno regional, para gestionar el regreso del león de Europa a los montes extremeños. Si así fuese, la Junta de Extremadura se alinearía con la mayoría de los expertos, pues son pocas las personas y las instituciones que dan una opinión clara y tajante sobre la forma de abordar el asunto. ¿Cómo hay que gestionar la presencia del lobo? Quienes conocen al lobo responden "no sé". Y cuando se les sugieren posibles medidas de gestión, las rechazan. Quienes no conocen al lobo, pero lo temen, creen que es un animal tanto más bonito cuanto más lejos está.


Las voces conservacionistas a ultranza exigen protección total para el lobo. Que se le permita moverse con libertad, alimentarse según su naturaleza y regular su propia población por sí mismo, como la especie hizo siempre desde el principio de los tiempos. Por supuesto, nada de acosarlo ni cazarlo. Para estas personas, el mejor lobo, el más integrado en la naturaleza, el que menos daños causa al ganado y a las personas en general, es el lobo vivo. Se dijo por activa y por pasiva en las Jornadas, incluso aportando estadísticas, que las batidas a los lobos, la matanza indiscriminada de ejemplares, desestructuran las manadas y, al ser privados de los vínculos jerárquicos, los supervivientes se vuelven más peligrosos. La teoría es que una manada fuerte puede cazar y alimentarse de presas como ciervos, gamos y jabalíes. En cambio, una manada débil no tiene suficientes individuos para cazar grandes presas silvestres, si es que puede considerarse silvestres a los venados criados en cercados cinegéticos, y debe alimentarse a base de ovejas, cabras, terneros y otros animales domésticos cuya capacidad de huida ante el peligro es prácticamente nula.


La teoría tiene fundamentos, pero a quienes ven en el lobo un grave peligro no les convence. Para esas personas, el único lobo bueno es el que no está. Porque ha muerto o porque se encuentra lejos de su ganado.



Hay quien defiende la teoría de que la carne de lobo, la carne de tierra de lobos, la que el lobo no se ha comido, tiene más atractivo culinario y puede proporcionarle al ganadero unos euros más. Y no falta quien sostiene que en el campo hay exceso de ganado, que las personas comemos demasiada carne y aboga por dejarle su parte del costillar al lobo, viejo gourmet experto en corderos y cabritillos.

Hay leyes que protegen al lobo, incluso hay leyes europeas que lo amparan, y hay normativas legales que conceden subvenciones a quienes viven o malviven del campo y, por esa razón, tienen más obligación de participar de modo activo en la protección del medio ambiente del que, en algunos lugares, todavía forma parte el lobo. En las Jornadas de Hervás se planteó la necesidad de obligar al sector agrario español, incluida la sucursal extremeña, a cambiar sus prácticas de gestión, privándole de las ayudas oficiales que recibe actualmente si no se implica en el respeto y en la conservación del lobo.




De todo esto y de mucho más se habló en Hervás, en ausencia de la Administración regional extremeña y mientras el lobo, según dicen, ya escarba en la linde.


¡Seguiremos esperando!


sábado, 7 de mayo de 2016

La lluvia desluce cualquier espectáculo, 
salvo el de la primavera.

Nómadas


José Joaquín Rodrígue Lara


Mongoles deshaciendo su casa.

Cuando la hierba escasea, los mongoles de Mogolia cargan la yurta y demás enseres en sus resistentes caballos, carean sus rebaños y viajan decenas y decenas de kilómetros hasta encontrar nuevos pastos para su ganado. Les mueve la búsqueda de comida. Los mongoles son nómadas de toda la vida.


Traslado de una casa en USA.

Si un norteamericano de los Estados Unidos de Norteamérica se queda sin empleo, desenchufa su casa, con las camas hechas y los demás muebles en su sitio, la monta en un camión y viaja durante centenares de kilómetros, con la vivienda a cuestas, cruzando ciudades, condados y estados, hasta llegar a un nuevo empleo que le asegure el sustento. Los norteamericanos son nómadas desde que, buscando comida, invadieron las grandes llanuras indias del Oeste a bordo de sus carromatos.


Huevos cocidos, elemento básico en el equipaje del nómada español.

Mientras un español de España trabaja, en España, se pasa las horas y los días calculando el tiempo que le falta para montarse en el coche -con los huevos duros, la tortilla de papas y las croquetas empaquetadas en la nevera de plástico, azul-, dispuesto a viajar durante el tiempo que sea necesario hasta llegar a la playa, a una casa rural, a la vivienda de los abuelos en el pueblo, al chalé de las afueras o a cualquier otro lugar al que sea necesario llevar comida para subsistir. Los españoles somos nómadas desde que se inventaron las fiambreras y los fines de semana.



miércoles, 4 de mayo de 2016

La trocha de la vergüenza


José Joaquín Rodríguez Lara


Un hombre ha muerto y otro ha resultado herido, debido a la colisión frontal entre un furgón y una furgoneta, en la trocha que separa a Badajoz de Cáceres y a Cáceres de Badajoz. Lo vi in situ y llamé a la radio para contarlo, pero el mundo del periodismo no da muchos más datos. Se conforma con lo que le cuenta el 112, la Administración, el poder, los políticos profesionales de la profesión política.


Al 112 y a la gente del periodismo le parece mucho más importante reflejar qué recoge-cadáveres -guardias civiles, sanitarios, bomberos...- hicieron lo que están obligados a hacer por mandato laboral y, por lo tanto no tendría que ser noticia, y se desplazaron hasta el lugar del accidente. Contar que en el lugar de los hechos se personó la Guardia Civil, desde el sur, en moto, y los sanitarios, desde el norte, en ambulancia, y los bomberos, también desde el norte, en camión, le parece más interesante al 112 y a los periodistas, mucho más aleccionador y seguramente hasta más reconfortante que tratar de explicarle a la ciudadanía usuaria, aunque sólo sea potencial, de esa vía las causas que han dado lugar al siniestro.

 

¡Joder con la tropa!


Saber que los civiles, los sanitarios y los bomberos acuden, a toque de sirena, a un punto de la carretera me indica que se ha debido de producir un accidente en ese lugar, pero no me informa de las precauciones adicionales que debo tomar para no sufrir yo otro siniestro mientras me acerco a ese punto que acaba de evidenciar su peligrosidad.


¿Había algún objeto extraño en la carretera, más allá de que esa carretera en sí misma es un extraño objeto? ¿Llovía, había niebla, estaba helado el asfalto? ¿Cómo se produjo la colisión? ¿Quienes son las víctimas del accidente? Los transeúntes que estuvimos que permanecer parados, una hora o más, mientras retiraron el cuerpo y barrieron la chatarra, las personas que llegaron tarde a sus destinos o que tuvieron que darse la vuelta, abandonando la columna de vehículos detenidos junto a la cuneta, ¿no tenemos derecho a una explicación? ¿Para qué sirven los comunicados oficiales que no dan explicaciones? ¿Para quiénes se publican? ¿Quién los colecciona y al final del ejercicio los presenta como una prueba de su competencia y dedicación profesional?


En las gacetillas periodísticas ni siquiera se menciona que las fuerzas del orden, de la salud y del fuego se enteraron del accidente porque alguien, seguramente un ciudadano sin uniforme, les avisó, desde ese punto exacto de la carretera, nada más producirse la tragedia.


Y, por supuesto, las notas informativas tampoco explican que el choque tuvo lugar en una curva con cambio de rasante, en una carretera que es una vergüenza, además de un peligro para la vida de las personas. En una vía que separa a las dos capitales 
extremeñas de provincia. En una calzada conocida por sus 'curvas de la chatarra', lo que ya indica su peligrosidad. En una senda por la que circulan muchos vehículos portugueses y que atraviesa el valioso enclave medioambiental de la Sierra de San Pedro, criadero de ciervos, de jabalíes y de otros animales, tanto de caza como aún más domésticos, que acceden al asfalto y multiplican el riesgo mortal que conlleva transitar por esa trocha. 


Adentrarse en ese camino ínter provincial, plagado de camiones y de otros vehículos lentos, en el que no hay ni un solo metro de carril para vehículos lentos, conlleva un peligro adicional al mero riesgo de viajar. 


Porque, aunque usted no se lo pueda creer, no hay ni un solo metro de carril lento en 90 kilómetros de asfalto. Ni un metro en una vereda que atraviesa dos pueblos, La Roca de la Sierra y Puebla de Obando, con extensos tramos de limitaciones de velocidad a 80, a 70, a 60, a 50 kilómetros por hora. Con trechos en los que las señales de tráfico -no los semáforos, las simples señales de prohibición- son luminosas e intermitentes, como si en vez de circular por una carretera general se estuviese atravesando un paraje devastado por un terremoto u otra catástrofe.


En esa trocha, la Ex-100, denominación actual de la antigua Nacional 523, en ese sendero retorcido que aleja a Badajoz de Cáceres, incluso hay señales que limitan la velocidad a 30 kilómetros, a 30 kilómetros, por hora. A pesar de lo cual, la gente se sigue matando. En las curvas, en las rectas y a la sombra de las encinas y de los alcornoques. ¿Por correr demasiado? No, por transitar por una calzada obsoleta, indigna de unir a las dos ciudades más importantes de Extremadura. La gente se muere en esa carretera, porque esa carretera está hecha para matar personas. 


Y se matan a una velocidad que en cualquier autovía resultaría muy peligrosa, por ser demasiado baja para una autovía, para una carretera a la que se pueda llamar carretera sin ofender a las carreteras.


Abochorna que para ir de Cáceres a Badajoz haya que circular por un camino de cabras, impropio de ser la vía directa de comunicación entre dos capitales española de provincia. Avergüenza que no exista una autovía que comunique directamente a Badajoz con Cáceres y a Cáceres con Badajoz. Una carretera que haga prácticamente imposible los choques frontales, que suelen ser mortales de necesidad, y que permita adelantar a los camiones y a otros vehículos lentos.


Indigna que se lleve años hablando de la necesidad de comunicar a Cáceres y a Badajoz por una autovía, como ocurre en el 98% de las capitales españolas de provincia, y el proyecto no se ponga en marcha porque, entro otros obstáculos, en Extremadura hay políticos, con nombres y apellidos, y fuerzas políticas, con siglas y parlamentarios, que están en contra de que se construya esa autovía.


Y por esa razón y por otras que sería prolijo enumerar, la Guardia Civil y los sanitarios y los bomberos y demás recoge-cadáveres siguen acudiendo, como es su obligación, a las curvas y a las rectas de la trocha de la vergüenza en la que se mata la gente por un simple cambio de rasante en una curva que no debería existir.


Descanse en paz, pero descanse de una puñetera vez, la Ex-100, esa vereda infame a la que hay gente que aún se obstina en llamar carretera.


- La verdad no es la realidad, 

sino el ángulo desde el que se contempla.


viernes, 29 de abril de 2016

- España es un país que empieza a dar vergüenza ajena.